Petróleo: la tensión en Ormuz dispara el crudo, pero no pasa de 75
¿Se puede desatar una guerra en el estrecho de Ormuz y que el petróleo suba menos que Nvidia en un mal día? Esa es la pregunta que sobrevuela el mercado. El crudo coqueteó con los 75 dólares tras las amenazas a Irán y el riesgo de bloqueo en Ormuz, pero la resistencia se mantuvo firme. La paradoja irrita a más de un inversor: con Irán ardiendo y el 20% del tráfico mundial de crudo en juego, el barril apenas reaccionó. ¿Qué está pasando?
El factor Trump: precio bajo control
Hay quien sostiene que el precio del petróleo no escapa al control político. La administración estadounidense, con su capacidad de influir sobre la OPEP+ y de liberar reservas estratégicas, habría fijado un techo no escrito. El argumento cobra fuerza al observar que, pese a la escalada retórica contra Irán, el crudo no perforó la zona de 75-76 dólares. Algunos analistas recuerdan que el umbral de rentabilidad del shale oil estadounidense ronda los 60 dólares; hundir el precio por debajo de ese nivel no interesa a nadie en Washington, pero dispararlo tampoco, sobre todo en año electoral.
La guerra es geopolítica, no petrolera (por ahora)
Otra corriente apunta a que el objetivo del conflicto no es el precio del crudo, sino el control de las rutas energéticas y la presión sobre China. Irán ambiciona el poder nuclear y la OTAN necesita asegurar Ormuz ante un eventual escenario de guerra global. En esta lectura, la subida del petróleo es un efecto colateral, no la meta. China, que depende del Golfo Pérsico para mover sus fábricas, sería la verdadera perjudicada si el suministro se corta. Pero la capacidad ociosa de producción está en mínimos históricos, y sustituir el crudo del Golfo en semanas es un espejismo: los yacimientos no son grifos.
La sombra de la manipulación
El escepticismo impregna el análisis. No es casual que mientras el petróleo sube, los bonos no se muevan y el bitcoin siga su propio camino. Algunos ven la mano de los grandes operadores sincronizando la narrativa: se monta la parafernalia de Irán para justificar la subida, y cuando llegue el acuerdo —que siempre llega— el crudo se desinfla. La analogía con la plata es recurrente: semanas antes, el metal precioso subió sin razón aparente, hubo escasez artificial y luego el precio se derrumbó. ¿Es el petróleo el siguiente?
El corto plazo: ningún consenso
Las apuestas se disparan. Unos ven el barril camino de los 200 dólares si Ormuz se cierra de verdad; otros, que no pasará de 50 cuando se abra. La realidad es que el mercado está fracturado entre los que creen que la tensión es real y los que piensan que es teatro. Mientras tanto, el precio sigue anclado en una banda que ni las guerras logran romper. Quizá sea eso, precisamente, lo que debería preocuparnos.