Oliver Laxe: el cineasta progre que divide (y aburre) a la audiencia
Oliver Laxe, director gallego de 42 años, ha cosechado premios internacionales, pero su figura levanta ampollas. Su agradecimiento público a Yolanda Díaz por visitarle en los Óscar (viaje pagado por todos los españoles) y su declaración de que el Corán "le sana" han sido la gota que colma el vaso para muchos. ¿Estamos ante un genio del cine de autor o ante un producto del ecosistema cultural subvencionado? Los análisis que circulan apuntan a lo segundo sin ambages.
Las pruebas del progresismo
La evidencia es abrumadora. Además del episodio Díaz, Laxe ha manifestado su fascinación por el Corán en plena promoción de su última película, 'Sirat', que ganó el premio del Jurado en Cannes 2025. Su filmografía, producida en parte por Pedro Almodóvar, es calificada por algunos críticos como "el manual de instrucciones del cine de festival para occidentales culpables". Desde 'Todos vosotros sois capitanes' (2010), un documental sobre niños marroquíes tildado de paternalista, hasta 'Mimosas' (2016), acusada de misticismo vacío, pasando por 'O que arde' (2019), que aborda incendios forestales en Galicia con una clara lectura ecologista.
'Sirat': ¿obra maestra o truco de guión?
La película que ha puesto a Laxe en el escaparate es 'Sirat', que narra la búsqueda de una hija desaparecida en raves ilegales del desierto marroquí, llevando el padre a su hijo pequeño. La premisa ha sido alabada por su originalidad, pero también ferozmente criticada por su falta de lógica interna y una ejecución que algunos tachan de "cutre y forzada". Las secuencias cumbre están mal resueltas, y el mensaje, si lo hay, queda diluido en una estética de la mugre que busca epatar más que contar una historia coherente.
Un director para la polémica
Sea cual sea su ideología, Laxe no deja indiferente. Para sus detractores, representa todo lo que está mal en el cine español subvencionado: discurso pret-a-porter, dependencia de ayudas públicas y una estética que confunde profundidad con aburrimiento. Para sus defensores, es un cineasta con mirada propia que sabe captar la espiritualidad y las contradicciones del mundo moderno. Mientras tanto, el público sigue preguntándose si merece la pena dedicarle dos horas de su vida.
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