El posado de Olona reabre la pelea por el cuerpo de las políticas
Macarena Olona sabía exactamente qué iba a pasar. O no; da igual, porque el resultado ha sido el mismo: la imagen de la abogada del Estado en un entorno natural, con una camiseta mojada pegada al cuerpo, ha desatado una cadena de comentarios donde el análisis político brilla por su ausencia.
La foto, publicada en sus redes sociales, se ha encontrado con dos frentes. El primero la despacha con un diagnóstico clínico a distancia: narcisismo en su variante exhibicionista, enredo con la edad, juicio estético puro. El segundo, no más delicado, la interpela como madre: “¿quién cuida del hijo pequeño mientras ella se dedica a esto?” Entre medias, chanzas que van de la burla al deseo explícito.
Llama la atención el punto ciego compartido. Nadie discute qué hace una abogada del Estado publicando una foto así; todos discuten el cuerpo que aparece en ella. Es el mismo reflejo que convierte a una mujer con oposición ganada —el dato que sí está sobre la mesa— en un cuerpo antes que en un expediente.
El episodio no es un caso aislado. La política que se atreve a enseñar algo de piel se ve sometida a un escrutinio que sus colegas masculinos jamás sufren. Las comparaciones con otras figuras públicas femeninas caen solas, y ninguna sale bien parada.
Si la intención era hacer ruido, lo ha conseguido. Si la intención era otra, también. Porque en este ecosistema digital, una foto vale más que mil programas electorales, pero su precio lo paga siempre la misma: la imagen de una mujer pública reducida a sus atributos. La previsión más razonable es que esto no vaya a parar: el siguiente posado, lo quiera ella o no, volverá a convertirse en un titular que no habla de política.