Pedro Baños, en el punto de mira de su propia audiencia
El coronel retirado Pedro Baños, uno de los analistas geopolíticos más visibles de la televisión española, se ha convertido en el centro de una campaña de desprestigio que no procede del poder, sino de su propia audiencia. La acusación es contundente: sería un “disidencia controlada”, alguien que suelta algunas verdades para blindar otras mentiras. El detonante ha sido su cobertura de la guerra de Irán. Según los críticos, llegó a vaticinar que el conflicto duraría dos meses y que la flota estadounidense sería arrasada. No ocurrió. Y, para añadir leña, el analista habría mantenido a los mismos “expertos” en el programa sin rectificar ni disculparse. La deriva, dicen, lleva al menos un año y medio, incluso antes de su jubilación.
Las dos lecturas del fenómeno
Una corriente sostiene que Baños está comprado, o al menos condicionado por algo más que su pensión y sus libros. Otra, más benévola, lo ve como un analista que perdió el norte – llevando a colaboradores que defienden teorías periféricas como las orcas – pero sin intención deliberada de engañar. En medio, el sarcasmo: quienes recuerdan que su aparición junto a Iker Jiménez durante una “operación” ya levantó sospechas de manipulación. La ironía del caso es que el grueso de sus ingresos no depende de los medios, sino de los lectores de sus libros y de una jubilación militar. Eso hace menos plausible el soborno, pero no menos inquietante el cambio de rumbo. La audiencia, escéptica por naturaleza, busca una explicación racional al hecho de que alguien con todo el futuro resuelto decida jugársela con pronósticos fallidos y compañías cuestionables. Los más conspiranoicos, como siempre, van más lejos y especulan con que el precio de hablar claro será un “accidente”. El humor negro, cuando se cuela en estas conversaciones, dice más del clima que cualquier argumento. De momento, Pedro Baños sigue al pie del cañón, y la única certeza es que su parroquia ya no le cree a pies juntillas. Nadie ha explicado, por el momento, cómo se reconstruye una credibilidad hecha pedazos.