El oro rebota a 1.287 mientras el hilo se pelea por bitcoin
El hilo abre con la ronda de sitio. Media página de «pillo sitio», «reservo sitio», «pillo cacho». Uno de los primeros mensajes avisa de que este es el hilo «que verá el Fin de Comex». El buen rollo aguanta tres o cuatro días, con un debate largo sobre Suiza, sobre dónde guardar el metal y sobre cómo esconderlo. Luego entra el bitcoin y revienta.
Qué se ha sabido
El 3 de julio abre en Singapur el SGPMX, el primer mercado mundial de cambios de oro y plata físicos, con certificación de lingotes a cargo de Certis CISCO. El 8 de julio, el futuro de oro de octubre entra en backwardation, y varios foreros subrayan que los contratos anteriores lo fueron haciendo cada vez más cerca de su vencimiento: primero a 30 días de la entrega, luego a 42, luego a 55, ahora a 61.
Alemania coloca
3.981 millones de euros a seis meses con interés negativo, un -0,0035%. Detroit se declara en bancarrota. El oro del inventario de JPMorgan cae un
66% en un día. Las refinerías suizas arrastran dos meses de lista de espera. El préstamo de oro toca máximos desde 2009. Y el precio pega un estirón hasta
1.287 dólares, un 3,22% en la sesión.
Bernanke comparece y suelta la frase del tramo:
«Nadie entiende el precio del oro, y yo tampoco pretendo entenderlo». Varios foreros se la adjudican al miedo. Una entrevista que circula asegura que en la Reserva Federal solo hay telarañas y que Alemania no verá su oro ni en pintura; nadie la confirma. Un artículo de CNNMoney recoge que el metal sube un 5,8% en seis días y que hay quien lo lee como el comienzo de un suelo. Y una entrada nueva de Jim Rogers rebaja el optimismo: habla de un fondo complicado y de que después vendrá otra gran onda alcista.
Dónde está la bronca
La bronca no es sobre el oro. Es sobre bitcoin. Un grupo sostiene que la criptomoneda y los metales van en el mismo barco y que el metalero que no se cubra con un poco de bitcoin se equivoca. Otro responde que meter bitcoin en una cartera de oro y plata solo añade riesgo. De ahí saltan a la criptografía: SHA-2, RSA, ordenadores cuánticos, si la NSA puede romperlo o no. Unos dicen que la ventaja es siempre del que cifra; otros, que ya hay algoritmos que se comen claves. La pelea se cierra con listas de ignorados y avisos del moderador.
En paralelo, otra: el precio del físico. Un sector defiende que eBay es mejor referencia que el COMEX porque acaba en entrega del producto. Otro contesta con los precios de los profesionales del físico, las tiendas de Bruselas o Róterdam. Y unos terceros recuerdan que en esas tiendas el stock a precio COMEX da apenas para unas onzas al día.
Suiza es el tercer frente. Unos la ven como la última caja fuerte, la que ha resistido dos guerras mundiales. Otros replican que ya no es la que era, que se pueden bloquear cuentas y que hasta el oro de las bóvedas se alquila. Un forero lo resume: en una bóveda de custodia los títulos de propiedad se alquilan aunque el oro no se mueva de la cámara.
Por debajo, el miedo real: dónde esconder el metal, cómo sacarlo del país, si Hacienda rastreará las compras. Uno dice que lo tiene tan escondido que teme no encontrarlo él mismo. Otro avisa de que los escáneres de la terminal nueva de Barcelona sí pitan con una onza encima.
Qué cambia respecto a antes
Cambia el tono. El hilo arranca con buen rollo y a los tres días hay dos bandos mirándose mal. Aparece por primera vez la backwardation como algo que ya está pasando, no como amenaza. Y entra un mercado exclusivo de físico, el de Singapur, que varios leen como el principio del fin del COMEX como referencia.
El oro, mientras, sube. Unos ven el suelo hecho. Otros avisan de que esto es un fondo complicado que puede tardar días, meses o un año. Uno apunta que una lateralidad de veinte años es una empanada mental, porque en veinte años pasan demasiadas cosas.
La apuesta de agosto
Uno se guarda la compra de julio y lanza la suya:
«agosto, par y negro». Otro dice que estamos muy cerca del suelo y que no cree que baje a 1.000 o 900, y que ojalá lo hiciera. Un tercero sostiene que el oro puede volver a 35 dólares la onza, el precio de intervención del Tesoro, sin que pase nada. La respuesta: a ese precio nadie podría comprar, porque quien lo pone no dispondría del metal.
No todo es el precio
Entre pelea y pelea, alguien cuelga un reportaje de televisión sobre el oro en España:
500 toneladas de chatarra vendidas en compro-oro,
30 toneladas compradas al año, una refinería suiza que recibe
700 kilos de oro español al mes. Varios foreros discuten las cifras y el enfoque. Y la pregunta de fondo vuelve sola: si se vende tanto y se compra tan poco, ¿de qué burbuja se habla?