Bitcoin contra oro: una década discutiendo qué es dinero
Para cuando el metal llevaba siglos funcionando como reserva de valor, el token apenas tenía cinco años. ¿Se puede guardar el ahorro en algo que uno mismo no entiende? El detonante del debate fue una quiebra: en febrero de 2014, la plataforma de intercambio de bitcoins Mt. Gox se declaró en quiebra con una deuda de
18,6 millones y un presunto robo equivalente al
6% de los bitcoins en circulación. Quien compró a 80 dólares y vendió cerca de 350 se rió; quien tenía fondos dentro, bastante menos.
No entiendo el bitcoin: los tres motivos de la desconfianza
El punto de partida es sencillo y cualquiera puede reconocerlo. Tres razones para no tocar el bitcoin: no se entiende, no hay garantía de que siga existiendo dentro de una década sin poder falsificarse, y no hace falta añadir otra forma de dinero real al sistema. La réplica llega con el protocolo: es
un simple apunte contable infalsificable, y el 99% de la gente usa los servicios monetarios sin conocer la emisión de moneda ni la expansión crediticia.
Hay una comparación recurrente para zanjar el argumento. Nadie sabe cómo funciona el
protocolo TCP/IP y aun así se vive dentro de WhatsApp, Gmail o cualquier web. El bitcoin sería lo mismo: una tecnología que madura. A quien pregunta por qué apostar por bits sin valor tangible se le responde con la misma vara de medir: tampoco se sabe describir la mecánica subatómica del
oro, solo que es escaso y que mucha gente lo quiere.
El valor intrínseco: el hueso que nadie suelta
Aquí se parte el debate en dos. La postura de los defensores del oro sostiene que el oro tiene valor intrínseco y que las
3.524 criptomonedas son todas fiat, dependientes de internet y, por tanto, a merced de quien controle la red. El contraataque recurre a la historia monetaria: conchas marinas, semillas de cacao, sal o ámbar también se emplearon como dinero y no han conservado aquel valor, sustituidas por formas con cualidades más convenientes.
La defensa técnica del bitcoin se apoya en cuatro rasgos concretos: descentralización, política monetaria preestablecida, imposibilidad de imprimir unidades y censura esquiva. Su emisión está limitada a
21 millones de unidades, un techo que ninguna moneda fiat puede igualar. Y frente al "valor intrínseco", la pulla clásica: la principal aplicación del oro que le da valor es su uso monetario, no su utilidad industrial.
La quiebra de Mt. Gox y el riesgo que no está en el protocolo
El batacazo de 2014 dejó una lección incómoda para ambos bandos. La plataforma quebró con una deuda de
18,6 millones tras un presunto robo equivalente al 6% del total de bitcoins. La lectura correcta no es que el protocolo falle, sino que
Mt. Gox no es Bitcoin, igual que una caja fuerte reventada no invalida el oro que guarda.
La comparación con la banca tradicional también se introduce con retranca: con el dinero en un banco se pagan impuestos, pero existe un fondo de garantía de depósitos; con el saldo atrapado en una plataforma extranjera, si esta quiebra, el usuario se aguanta. Esa distinción entre
apunte bancario y
apunte en un exchange es la que más discusiones ha generado.
¿Se puede prohibir el bitcoin? El muro chino y los satélites
El argumento de que un gobierno puede cortar la red se estrella contra un dato elemental: una transacción bitcoin media ocupa una cantidad
irrisoria de información, del orden de unos 200 bytes, imposible de bloquear porque cabría incluso en la onda larga de radio, tecnología de hace un siglo. El bitcoin funciona tras el gran cortafuegos chino, lo que demuestra que aguanta restricciones severas.
Queda el problema de recibir la información sin depender de un tercero, que exige descargar la cadena de bloques. La respuesta técnica son los
satélites de Blockstream, que por un precio bajo permiten operar sin depender de ninguna red de comunicaciones terrestre.
El dólar digital y la sombra de la regulación
La amenaza que más se repite es política: el anuncio de una billetera digital en dólares. La contrarréplica es que esa billetera ya existe y se llama cuenta bancaria: controlada por el gobierno, confiscable, censurable y con emisión infinita. Frente a ella, un monedero bitcoin sería inconfiscable, incensurable y con emisión finita y conocida.
Un forero cita un cálculo de JP Morgan: el bitcoin podría triplicar su valor y desafiar al oro. La respuesta escéptica llega por otro lado: sobre los impulsores del bitcoin, un forero recuerda que los Winklevoss son parte interesada y que lo que digan vale poco. Y vuelve el argumento de fondo, que no es de nadie en concreto: si la gente ignora un refugio milenario como el oro, peor entiende todavía un token de bits.
La tesis que gana fuerza: no son enemigos
Poco a poco se impone una lectura menos tribal. El bitcoin facilita que la gente use el oro como moneda, algo hoy prohibido por ley en la práctica. No hay nada que impida tener los dos. Tanto se equivoca quien reniega del token por tradición como quien se ríe del lingote por modernidad. El riesgo real sigue siendo no tener ninguno de los dos.
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En 2013 se vendió a 350. Un forero pronosticaba entonces que, cuando se calmara, subiría hacia los 900. El oro sigue en la caja fuerte, sin necesidad de descargar actualizaciones ni confiar en el vecino.