S-500 Prometheus: el sistema que promete cazar F-16 y satélites
El S-500 Prometheus, designado 55R6M Triumfator-M, es la última generación del sistema de misiles de
defensa tierra-aire desarrollado por la compañía rusa Almaz-Antey. Según las fuentes que maneja el fabricante, se trata de una versión avanzada del S-400 con componentes dedicados a interceptar misiles balísticos a una altitud de hasta 200 km, y con capacidad declarada para destruir satélites de órbita baja en la termosfera. El primer desarrollo arrancó en 2009, el primer prototipo se completó en 2012 y en 2011 Almaz-Antey ya anunciaba que el primer sistema de producción estaría listo en 2014. No lo estuvo.
Qué promete el S-500 y qué se sabe de sus números
Los datos que circulan atribuyen al sistema un alcance de hasta
600 km contra objetivos aéreos y la capacidad de atacar simultáneamente hasta
10 objetivos. Los interceptores operarían por encima de los
185 km de altitud, con un tiempo de respuesta de
tres a cuatro segundos, frente a los nueve o diez segundos que se atribuyen al S-400. También se le supone un radar de mayor alcance que el de su predecesor.
La unidad de lanzamiento, el 77P6 autopropulsado Transporter Erector Launcher, parece basada en el 9A82MK propuesto para el misil S-300VMK 9M82M. En el vídeo que el Ministerio de Defensa ruso publicó el 20 de julio de 2021, el vehículo aparece con dos tubos de lanzamiento montados en la parte trasera del chasis; en posición de disparo, dos gatos hidráulicos se bajan al suelo a cada lado y los contenedores se colocan en vertical.
Un calendario que lleva una década incumpliéndose
La cronología oficial es un ejercicio de paciencia. En diciembre de 2015 se publicó que las Fuerzas Armadas rusas podrían recibir los primeros prototipos de preproducción en 2016. El ministro de Defensa Alexei Krivoruchko anunció el 28 de diciembre de 2019 que las pruebas preliminares empezarían en 2020. El 25 de abril de 2022, la agencia TASS informaba de que Almaz-Antey había lanzado la producción por lotes. Y en paralelo, una fuente citada por un medio ruso situaba la primera unidad plenamente operativa en 2022 y las entregas masivas en 2024.
Hay quien sostiene que el retraso es consustancial al proyecto: cada nueva generación de defensa aérea rusa se ha vendido primero como revolución y luego como evolución. En contra pesa el argumento de que el S-400 sí entró en servicio y se exportó, aunque su rendimiento real en combate sea objeto de disputa.
¿Puede el S-500 derribar un caza como el F-16?
Depende de a quién se pregunte, y esa es exactamente la grieta del asunto. El sistema está diseñado, según las descripciones disponibles, para objetivos aerodinámicos convencionales —aviones, helicópteros, misiles de crucero— y para objetivos balísticos, no solo en el tramo descendente de su trayectoria sino en todas las fases. Un militar citado en la discusión lo resume así: «Las velocidades allí ya son cósmicas, varios kilómetros por segundo».
El problema es que el F-16 no es un misil balístico intercontinental ni un satélite. Es un caza de cuarta generación, con una sección radar frontal reducida pero no invisible, y el S-500 no es el sistema pensado para ese trabajo a corta distancia. Para el combate aéreo táctico están el Tor, el Buk, el S-300, el S-350 y el propio S-400. La confusión entre capas del paraguas antiaéreo es, probablemente, el malentendido más repetido de toda la discusión.
El problema de credibilidad: Oryx, el Armata y el Luna-25
El escepticismo no viene solo de la ficha técnica. Las listas de equipamiento destruido documentadas con foto y geolocalización —el recuento de Oryx es la referencia más citada— han erosionado la reputación de todo lo que sale del complejo militar-industrial ruso. La respuesta habitual es que esas listas están sesgadas y no recogen las pérdidas del otro lado. Puede ser cierto en parte y no cambia el fondo: cuando el segundo ejército del mundo lleva más de un año sin doblegar a un vecino, la carga de la prueba se invierte.
El S-500 comparte cartel con otros dos proyectos estrella que llevan años en el escaparate: el carro Armata, cuya producción en masa se sitúa ahora hacia 2025 con una previsión de 2.300 unidades y una fecha inicial que era 2020, y el Su-57. A ellos se sumó el fracaso del Luna-25, el intento lunar ruso que acabó estrellándose. La asociación es inevitable: cada nuevo sistema se presenta como el arma definitiva y cada arma definitiva acaba compartiendo destino con las anteriores.
Lo que se juega Ucrania con los F-16
El titular que promete cazar cazas tiene una lectura práctica: si el S-500 fuera capaz de negar el espacio aéreo a los F-16 que Occidente ha prometido a Ucrania, el equilibrio aéreo no cambiaría. Si no lo es, esos aviones —cuya llegada se ha venido anunciando como inminente— tendrían un margen que hoy no existe. La discusión sobre el sistema ruso es, en realidad, una discusión sobre cuánto puede aguantar la defensa antiaérea rusa frente a una fuerza aérea moderna operando desde fuera del alcance de sus capas tácticas.
Ahí es donde el análisis se atasca. No hay datos de combate verificables del S-500, no hay confirmación independiente de sus cifras y no hay forma de saber si los retrasos son de maduración tecnológica o de capacidad industrial. Lo único verificable es la cronología: quince años de anuncios, tres fechas de entrada en servicio y una producción por lotes confirmada por agencia estatal en abril de 2022.