Ceuta: la crisis fronteriza que unos llaman jugada maestra y otros rendición
Las playas de Ceuta, a primera hora, parecían un campo de batalla sin tiros: cientos de personas caminando sin rumbo, comercios con las persianas echadas y una ciudad que dejó de funcionar mientras el resto de España seguía el caos por televisión. A fecha de esta discusión, el episodio sigue abierto y las cifras oficiales no terminan de cuadrar. Pero lo que ya está en disputa es el relato: hay quien ve una estrategia deliberada de Moncloa y quien solo ve un colapso con ínfulas.
Las tácticas fabianas de Moncloa
Una corriente argumenta que Sánchez ha aplicado la estrategia de Fabio Máximo: no dar batalla frontal, dejar que el adversario se extienda hasta quedarse sin fuelle y esperar a que el cansancio haga el trabajo. En ese esquema, la salida de parte de los migrantes sería la confirmación de que la paciencia paga, como cuando los romanos desgastaron a Aníbal en la campiña itálica. La comparación es ingeniosa, aunque otra parte del análisis la despacha como una coartada para la inacción: no mover ficha no es lo mismo que mover bien las fichas.
Cifras en disputa: 57 muertos y 200 por minuto
Los números que circulan son contradictorios. Se habla de 57 fallecidos en la operación, de 200 cruces por minuto en el momento de máxima presión y de unos 7.000 menores extranjeros no acompañados que habrían salido hacia comunidades gobernadas por el PP. Pero la verificación es un campo minado: varios vídeos que supuestamente mostraban a la gente abandonando la ciudad denuncian que están invertidos, lo que convertiría la “salida” en una “entrada” y tiraría por tierra el relato del éxito. Con ese nivel de ruido, cualquier conclusión es provisional.
El coste local de la jugada
Mientras los estrategas discuten quién ganó, Ceuta cuenta sus pérdidas: supermercados asaltados, panaderías cerradas y una economía local paralizada. Hay quien menciona la táctica de la tierra quemada, y no precisamente como elogio. El precedente de Perejil, que en 2002 tardó seis días en resolverse, se cita como recordatorio de que estos episodios pueden alargarse más de lo que conviene a nadie.
El dato que descoloca al cierre: nadie sabe cuántas personas han quedado dentro. La “jugada maestra” tiene un coste tangible que no aparece en los eslóganes.