El puente (1977): la España paco entre la nostalgia y el panfleto
Una paradoja recorre la recepción de El puente (1977), la película de Juan Antonio Bardem protagonizada por Alfredo Landa: sus primeros once minutos son considerados por muchos el mejor documento visual de la España de los setenta, pero el resto del metraje se hunde, según sus críticos, en un discurso político que lastra el conjunto. Rodada presumiblemente en el verano de 1976, cuando aún gobernaba Carlos Arias Navarro (sustituido en julio por Adolfo Suárez), la cinta muestra a un mecánico, don Antonio, que intenta cogerse un puente festivo y se topa con la rigidez laboral y social de la época. El taller, lleno de utilitarios como el Cooper Authi, y las carreteras secundarias que recorre son un museo vivo del "paquismo".
Verismo documental frente a carga ideológica
Los defensores del filme destacan su capacidad para retratar las condiciones de trabajo: nueve empleados y un autónomo, sin horas extra declaradas, y un jefe que se resigna a perder a un operario. Quienes lo critican, en cambio, ven en la dirección de Bardem –militante del PCE durante años– un intento de convertir una historia costumbrista en alegato contra el franquismo tardío. La anécdota del operador de cámara, que tuvo problemas con el foco durante el rodaje, añade un toque humano a una producción que, pese a sus limitaciones, sigue siendo un testimonio único.
El Madrid que ya no existe: localizaciones y memoria
El puente que da título a la película ha sido identificado por aficionados a las localizaciones como el viaducto de la avenida Daroca sobre la calle Marqués de Corbera, en La Elipa. Un barrio que entonces era un arrabal y que fue parcialmente arrasado para construir la M-30. Quienes vivieron allí reconocen en el celuloide una geografía desaparecida: las torres de San Blas, el taller del mecánico, los paisajes de la Meseta. La comparación con Il Sorpasso (1962) de Dino Risi es inevitable, aunque la versión española carece de la ligereza italiana y apuesta por un tono más amargo.
El cine que ya no se atreve a hacer crítica social
La discusión sobre El puente deriva hacia el presente: ¿qué película podría retratar hoy la España real sin caer en los excesos del panfleto o la corrección política? Algunos sostienen que el humor sería la única vía viable, pero que ni siquiera eso garantizaría el rodaje. Mientras, el legado de Alfredo Landa –actor que supo encarnar al "boomer" medio, entre la brusquedad y el cariño popular– sigue creciendo.
Con estos mimbres, El puente se mantiene como un objeto incómodo: ni obra maestra ni basura, sino documento de un país que intentaba encontrar su camino entre el aperturismo y la herencia autoritaria. ¿Podría hacerse hoy una película similar sin que la acusaran de lo mismo?