Países jovenlandeses que ya superan a España en creación de riqueza y talento

Países jovenlandeses que ya superan a España en creación de riqueza y talento
RESUMEN

Varias economías africanas, partiendo de menos recursos, demuestran una mayor agilidad para captar inversión y fomentar el crecimiento empresarial que España, a pesar de las ventajas comparativas de esta última.

La paradoja del crecimiento: África corre, España anda

Que algunos países africanos estén hoy creando más riqueza y talento que España es una afirmación que, de entrada, puede sonar a ciencia ficción, o peor, a cuñadismo de barra de bar. Pero si dejamos de lado las cifras macroeconómicas generales, esas que comparan el PIB per cápita o el desarrollo general, y nos fijamos en la chispa, en la capacidad de innovar y en la velocidad para captar capital, la realidad es más incómoda de lo que parece. España, con todas las cartas a favor –miembro de la UE, acceso a un mercado enorme, infraestructuras de primer nivel, universidades públicas, capital europeo, seguridad jurídica y décadas de riqueza acumulada–, sigue teniendo un problema de fondo: somos extraordinariamente buenos creando pequeñas empresas, pero terriblemente ineficientes a la hora de hacerlas crecer hasta convertirlas en gigantes. La OCDE lo ha señalado sin rodeos: las empresas españolas nacen y mueren a ritmos similares a otros países europeos, pero su crecimiento una vez creadas es significativamente menor. Obstáculos como la burocracia, las dificultades de financiación, la escasa adopción tecnológica y una cultura que tiende a evitar el riesgo, dibujan el panorama. En resumen, nos cuesta transformar el potencial en escala.

El motor africano: inversión y ambición

Mientras tanto, en África, la situación es radicalmente distinta. Tomemos Sudáfrica. A pesar de sus gigantescos problemas de desempleo, desigualdad, criminalidad e infraestructuras deterioradas, ha logrado construir un ecosistema privado envidiable. En 2025, se convirtió en el primer mercado africano en inversión de venture capital por equity, captando unos 643 millones de dólares a través de 85 rondas de financiación. Esto no es fruto de una operación puntual, sino de un flujo constante que demuestra una profundidad empresarial capaz de identificar y financiar proyectos prometedores. Es, francamente, ridículo que en España sigamos debatiendo si montar una empresa debería ser visto como una actividad sospechosa, cuando países mucho más pobres están demostrando una agresividad empresarial que deberíamos envidiar.

Y qué decir de Kenia. Con una renta por habitante muy inferior a la española, en 2025 atrajo 1.040 millones de dólares en financiación tecnológica, la cifra más alta de África sumando equity y deuda. Además, protagonizó cuatro de las nueve operaciones tecnológicas africanas que superaron los 100 millones de dólares. Nairobi se ha consolidado como un gran centro tecnológico, especialmente en fintech, pagos, energía y servicios digitales. Que un país mucho más pobre haya entendido que para salir de la pobreza necesita capital, empresas que escalen y gente obsesionada con construir, mientras en España seguimos discutiendo si el autónomo puede desgravarse el café, es, cuando menos, vergonzoso.

El talento que se abre camino contra viento y marea

Nigeria, a pesar de ser uno de los países peor organizados del planeta en términos de infraestructura, inseguridad, inflación o electricidad, es un hervidero de talento empresarial. En 2025, cerró 83 rondas de equity tecnológico por unos 412 millones de dólares, y si sumamos la financiación por deuda, el volumen tecnológico total rondó los 572 millones. Sigue siendo uno de los cuatro grandes ecosistemas startup africanos. El secreto parece estar en la necesidad: donde la seguridad a menudo brilla por su ausencia, la ambición se canaliza hacia la acción, la venta, la creación de algo. No es un modelo deseable en sí mismo, la precariedad no es política de innovación, pero esa energía empresarial, si se combinara con las instituciones españolas, podría ser demoledora.

Egipto es otro ejemplo. A pesar de sus problemas económicos y políticos, su ecosistema tecnológico está ganando una profundidad que no podemos ignorar. En 2025, las startups egipcias consiguieron unos 604 millones de dólares entre equity y deuda, con 358 millones solo en equity repartidos en 80 operaciones. Entre 2021 y 2025, Nigeria y Egipto concentraron alrededor del 45% de todas las operaciones africanas de Seed+ y del capital invertido en esa fase. Esto indica que se está formando una cantera empresarial seria, capaz de generar esos miles de intentos, cientos de fracasos y unas pocas empresas que se conviertan en gigantes. España, en cambio, parece querer los monstruos empresariales sin tolerar el ecosistema caótico que los produce; queremos el unicornio, pero nos incomoda el empresario.

El vecino incómodo y la mentalidad de la atracción

Y luego está Marruecos, nuestro vecino, que debería incomodarnos especialmente. Si bien en el Global Innovation Index 2025, España se situaba en el puesto 29 y Marruecos en el 57, la trayectoria es reveladora. Marruecos ha protagonizado una de las mayores subidas de su región, destacando en productividad laboral, diseños industriales, activos intangibles y manufactura tecnológica. España, mientras tanto, lleva años estancada en torno al puesto 30. Aquí es donde la situación se vuelve grotesca: España tiene infinitamente más ventajas de partida y Marruecos una necesidad mucho mayor de transformar su economía. Uno puede permitirse la complacencia, el otro no. Marruecos sabe que ser una economía barata no le llevará lejos, por eso apuesta por la automoción, la aeronáutica, la electrónica y la industria avanzada. España, por su parte, parece haberse convencido de que el turismo récord, la vivienda cara y los fondos europeos son suficientes para tirar indefinidamente. Una estrategia que puede funcionar a corto plazo, pero no es brillante.

Finalmente, Mauricio rompe el esquema mental del español medio. Este diminuto país, sin capacidad de competir en escala, lleva décadas haciendo algo muy sencillo: resultar atractivo para empresas, capital y profesionales. En 2025, fue el país mejor clasificado del África subsahariana en el Global Innovation Index, en el puesto 53 mundial. La clave está en la mentalidad: un país pequeño que entiende que necesita atraer capital extranjero y facilitar la actividad económica, porque no puede permitirse tratar al que genera riqueza como un potencial delincuente. España, por contra, parece poder permitírselo, o al menos, eso creemos.

La broma española: recursos y hambre

Lo verdaderamente humillante no es que haya países africanos con startups. Lo humillante es la disparidad de recursos iniciales. España tiene la UE, el euro, infraestructuras de primer nivel, capital humano, universidades, autopistas, AVE, aeropuertos, fibra óptica, un sistema financiero robusto, fondos comunitarios y acceso libre a uno de los mayores mercados del planeta. Ventajas que ni Kenia, Nigeria, Marruecos, Egipto o Sudáfrica poseen. Y aun así, algunos de ellos están construyendo ecosistemas privados con una agresividad que aquí resulta casi obscena. En 2025, las startups tecnológicas africanas consiguieron 4.100 millones de dólares de financiación, un 25% más que el año anterior, con Kenia, Sudáfrica, Egipto y Nigeria concentrando el 72% del capital.

África parte de una base mucho más baja, es obvio. Pero precisamente por eso, hay que mirar las tendencias sin la suficiencia habitual del europeo que cree que su ventaja actual es una ley de la naturaleza. No lo es. La riqueza acumulada se gasta, las ventajas industriales se pierden, el talento se marcha y las empresas dejan de nacer. Los países que hoy parecen demasiado pobres para competir pueden dedicar veinte o treinta años a hacer exactamente lo que tú has dejado de hacer. Ese es el punto que España debería asimilar. Nuestro problema no es que Kenia sea hoy más rica que nosotros; es que un keniano ambicioso puede mirar hacia arriba y pensar qué construir para que su país cambie, mientras demasiados españoles miran hacia abajo y solo piensan en cómo evitar perder lo que ya tienen. España ha construido una economía donde la estabilidad tiene un premio enorme y la ambición económica soporta demasiado castigo. Si eres muy bueno, estudias, te formas, y al final, la manera más rentable de aprovechar todo aquello puede ser coger un avión. Después nos preguntamos por qué faltan empresas gigantes. No faltan cerebros, falta un sistema que permita a esos cerebros ser obscenamente productivos sin tener que atravesar un campo de minas. Y por eso estos países africanos son interesantes: no porque hayan superado a España como economías, sino porque demuestran un hambre por captar capital, crear empresas, industrializarse y convertir talento en crecimiento. Ellos tienen que correr porque siguen siendo pobres; nosotros todavía podemos permitirnos andar. El problema llegará el día en que descubramos que llevamos veinte años andando mientras otros corrían.

Datos clave
  • 2025: Año en que Sudáfrica fue el primer mercado africano en inversión de venture capital por equity.
  • 643 millones de dólares: Capital levantado por startups sudafricanas en 2025.
  • 1.040 millones de dólares: Financiación tecnológica atraída por Kenia en 2025.
  • 4.100 millones de dólares: Financiación total de startups tecnológicas africanas en 2025.
  • Puesto 29: Posición de España en el Global Innovation Index 2025.
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