El 'peak oil' y el petróleo abiótico: el debate que no cesa
¿Y si el petróleo no fuera un recurso fósil en vías de extinción? La afirmación, defendida con vehemencia en un foro de economía, sostiene que el crudo se genera de forma continua en el manto terrestre y que las reservas no se agotan, sino que migran. La discusión, que acumula
140 respuestas en
870 días, enfrenta a quienes ven en esta tesis una verdad silenciada con quienes la consideran una peligrosa simplificación. El detonante fue un vídeo que calificaba de «desinformaos» a los defensores del
peak oil y atribuía su origen a procesos minerales, no a la descomposición de materia orgánica.
El origen abiótico del petróleo: ¿mito o realidad?
La teoría del petróleo abiótico no es nueva. El químico ruso
Dimitri Mendeléyev, creador de la tabla periódica, ya la defendió en el siglo XIX, como recuerda un participante. Según esta hipótesis, los hidrocarburos se forman a partir de reacciones químicas en las profundidades de la Tierra, sin necesidad de restos fósiles. Los defensores de esta idea argumentan que es más lógica que la teoría orgánica, y citan como prueba la existencia de hidrocarburos en otros planetas, como Titán. Sin embargo, los críticos señalan que una cosa es que existan hidrocarburos simples, como el metano, y otra muy distinta que eso sea petróleo. «El petróleo es un hidrocarburo, pero no todos los hidrocarburos son petróleo», resume un interviniente.
La discusión deriva a menudo hacia el terreno de la conspiración. Se acusa a las petroleras de financiar el relato del agotamiento para mantener precios altos, y se ridiculiza la idea de que el crudo sea «jugo de dinosaurio fermentado». Frente a esto, otros responden con escepticismo: «¿Y de qué nos sirve si se regenera mucho más lento de lo que lo gastamos?». La cuestión de la escala temporal es, quizá, el punto más sólido de la crítica.
El coste real del petróleo: ¿gratis o ridículo?
Uno de los ejes del debate es el precio. Un participante sostiene que el petróleo es «casi gratis» y que su coste de extracción es «ridículo» en comparación con el valor de producción. Para apoyarlo, menciona que en ciertos países el litro cuesta menos de
10 céntimos y que no se regala «porque cantaría ya demasiado la estafa». La respuesta no se hace esperar: extraer crudo requiere inyectar gas o agua a presión, y cuanto más profundo es el pozo, mayor es el consumo energético. «Comprimir líquidos o gases consume energía, ya sé que los tontines creéis que no, pero en serio que consumen», ironiza otro.
El desglose de costes se extiende a los carburantes. Un cálculo detallado compara el gasto anual de un coche:
1.500 euros de media entre seguro, impuestos, mantenimiento y neumáticos, a los que se suman los repostajes. Con la gasolina a
1,41 euros el litro, los impuestos representan aproximadamente la mitad del precio final. El autor del cálculo concluye que, sin impuestos, el litro saldría a poco más de
70 céntimos, y que esos impuestos financian carreteras y la DGT. La conclusión implícita es que el problema no es el coste de extracción, sino la carga fiscal.
La geopolítica del crudo: Antártida, Ártico y declive del Mar del Norte
La conversación también aborda la distribución global de las reservas. Se menciona el interés de Rusia por el petróleo de la Antártida, descrito como «la mayor acumulación de crudo del mundo», y la preocupación de Reino Unido por un posible plan para explotarlo. El Ártico, se dice, alberga las mayores reservas mundiales de petróleo y gas. Frente a esto, otro participante recuerda que el Mar del Norte está en «declive terminal» y que su crudo ya no es el «petróleo guay» de los años 80, sino más pesado.
La calidad del crudo es otro factor. Se afirma que el más puro es el de Arabia Saudí y Noruega, mientras que otros son de menor calidad. Esta variedad complica cualquier generalización sobre costes y disponibilidad. La discusión deriva hacia el papel de los
lobbies</I> anglosajones, que, según algunos, se reúnen a puerta cerrada con los gobiernos y condicionan las políticas energéticas. La desconfianza hacia el poder establecido es transversal en todo el intercambio.El agotamiento de las reservas: predicciones fallidas y escepticismo
Las predicciones catastrofistas sobre el fin del petróleo son objeto de burla. Se recuerdan los anuncios de que las reservas se agotarían en 2020 o 2050, y se comparan con otras profecías incumplidas, como las ciudades en la Luna para el año 2000 o en Marte para 2020. «Los periolistos mercenarios», se dice, han anunciado el fin del crudo en múltiples ocasiones sin que ocurriera. Este escepticismo hacia los medios y los expertos oficiales es uno de los puntos de consenso más amplios.
Sin embargo, la crítica más repetida no es que el petróleo se vaya a acabar, sino que su extracción se volverá cada vez más cara. «Otra cosa es cuánto va a costar extraerlo, como tantos otros minerales, para quemarlo al ritmo que lo quemamos», señala un interviniente. La transición energética, los coches eléctricos y las políticas climáticas aparecen como telón de fondo, pero sin un análisis sistemático. La discusión se mantiene en el terreno de los principios: ¿es el petróleo un recurso finito o infinito? ¿Está la ciencia comprada por las petroleras?El papel de la ciencia y los expertos: ¿comprados o independientes?
La desconfianza hacia la ciencia oficial recorre todo el debate. Se habla de «ciencia rockefelleriana» para referirse a la teoría orgánica del petróleo, y se sugiere que los científicos con título que la defienden están «mermaos» o siguen el juego a las petroleras. Frente a esto, otros defienden el método científico y señalan que la teoría abiótica carece de pruebas concluyentes. La discusión se encona cuando se acusa a los interlocutores de estar «a sueldo de los Rockefeller» o de ser «tontos útiles».
La polarización es máxima. Un participante sentencia que «la plandemia demostró de manera definitiva y fulminante que el 90% de los seres humanos no tienen autonomía, no piensan, no tienen capacidad de raciocinio». La cita, una de las más valoradas, refleja el clima de desconfianza radical hacia la autoridad. En el otro extremo, se pide moderación: «Si lo miras desde fuera, no deja de ser curioso. Hace veinte años, se suponía que Internet nos volvería a todos más informados. Y la realidad es que hoy hay más gente que nunca convencida de que la Tierra es plana».
Al final, la pregunta inicial sigue sin respuesta. ¿Se agota el petróleo o se regenera? ¿Está la ciencia vendida al mejor postor? Lo único claro es que, después de 140 mensajes, nadie ha cambiado de opinión. Y que el próximo yacimiento de periódico mierder, como alguien lo llamó, tardará poco en aparecer.