Público o privado para parir: la comodidad no salva vidas
¿Público o privado para un embarazo y un parto? La pregunta surge en cuanto alguien tiene seguro médico y compara dos cosas que no compiten en la misma liga: el descanso y la capacidad de resolver un susto. El criterio que se repite, incluso entre profesionales que trabajan en ambos sistemas, es incómodo para las clínicas: para el seguimiento puede valer la privada, pero a la hora de dar a luz manda la pública.
Casi nadie discute las ventajas del folleto privado.
Habitación individual, una cama para que el padre pase la noche, ecografías en color y más consultas durante los nueve meses. Frente a eso, el recuerdo de la pública suele ser de esperas eternas, visitas contadas y una habitación compartida en la que, con las visitas y el bebé propios, aguantar además a los del vecino se hace cuesta arriba. La comodidad tiene su aquel. El problema llega cuando el plan se rompe.
El parto: tener el quirófano en la habitación de al lado
Aquí el argumento deja de ser estético. En la privada, si algo se tuerce, lo habitual es que acaben derivando a la pública: te cogen, te montan en una ambulancia y cruzan media ciudad hacia el hospital de referencia. En la pública, el
quirófano con anestesista, cirujano y pediatra está en la puerta de al lado. El dilema se resume en una pregunta: ¿prefieres esperar ese traslado o tenerlo ya montado?
Los testimonios van en la misma dirección. Un embarazo que iba perfecto hasta que un dolor pequeño resultó ser un desprendimiento placentario con mucha pérdida de sangre. El final: cirujano pediátrico disponible 24 horas, cesárea de urgencia y el bebé extraído en
menos de 15 minutos, más transfusión para la madre. En la privada, reconocen, no hay medios para eso y habrían tenido que trasladarlos.
La privada no siempre falla: el parto de los 20 minutos
El relato no es unívoco. Hay quien llega chorreando sangre por un desprendimiento de placenta a una clínica privada, entra directo a quirófano y sale con el bebé —prematuro— en unos
20 minutos: dos ginecólogas, matrona, anestesista y enfermera. Nació sin apenas secuelas. La clave, sostienen, no es el cartel de la puerta sino el
concreto equipo que te toca ese día.
Pero ese caso convive con el de la clínica privada donde, a mitad de noche, no había ni un solo médico, ni pediátrico ni de guardia, y lo tuvieron que llamar a su casa por teléfono. O con el de la embarazada que hace más de tres décadas se puso de parto un festivo y pasó horas sin que llegara nadie a monitorizarla. Elegir clínica por el folleto es jugársela a una carta que no controlas.
La cesárea: ¿necesidad clínica o cuenta de resultados?
El porcentaje de cesáreas es mayor en la privada y no siempre por motivos clínicos. Hay quien apunta al incentivo económico: la clínica cobra bastante más a la aseguradora por un parto con cesárea que por uno normal, de modo que a la paciente convertida en clienta le pueden vender como solución lo que le perjudica. La sospecha circula sin prueba firme, pero el patrón se repite en demasiados relatos.
La fórmula que recomiendan los que trabajan en los dos lados
Un criterio que repiten ginecólogos con pie en ambos mundos: si el embarazo pinta bien, privada; si trae la más mínima complicación, pública. Y un detalle práctico que casi nadie aplica: hacerse el seguimiento
también en la pública, para que el hospital tenga el historial completo si al final acabas allí. Lo de menos es si el centro es público o privado; lo que importa es que esté preparado.
La anécdota lo deja claro. Hace cuatro décadas, en la maternidad de un gran hospital público, un padre primerizo esperaba en una sala con
doscientos como él. Tiempo después, en otra maternidad pública, una noche tranquila se saldó con tres partos atendidos por tres ginecólogas, dos matronas y tres enfermeras. Personal de sobra para tres mujeres. Eso, y no la habitación individual, es lo que se echa en falta cuando llega el apuro.
Al final, la pregunta con la que abríamos —pública o privada— tiene una respuesta que a nadie le gusta reconocer: depende de cuánto valores dormir sola frente a cuánto valores que haya un cirujano a un pasillo de distancia. Lo llamativo es que casi todos los que han pasado por ambas lo tienen ya decidido, y no precisamente por el color de la ecografía.