Pedro Sánchez, ¿traidor? La economía del relato que pide su detención
¿Por qué no detienen a Pedro Sánchez? La pregunta, formulada con variantes, se ha instalado en un sector del debate político español. Un vídeo en el que, se asegura, se escucha a «invasores» gritar «¡Viva Pedro Sánchez!» mientras el pueblo le llama «traidor» funciona como prueba de cargo para una corriente de opinión que mezcla frentes abiertos: la inmigración, el independentismo y el control de las empresas públicas. Detrás del grito hay, sin embargo, una economía de la sospecha que conviene examinar.
Indra y Correos, el botín del relato
Quienes piden su detención no lo ven tan muerto. A quienes sostienen que «ya es un cadáver político y un apestado internacional», el argumentario replica con un dato patrimonial: Sánchez controlaría Indra y Correos. En esta lectura, dominar la empresa tecnológica estratégica y el operador postal no es un detalle: es la llave del «pucherazo». El voto por correo, la infraestructura de datos y los encargos públicos se convierten en el andamio de una presunta manipulación electoral. La acusación de fraude, lanzada sin pruebas, ya tiene su infraestructura teórica.
Dos millones de votos en la diana
El relato añade un componente demográfico: el Gobierno se apoyaría en «millones de votantes de origen migrante y nietos de la guerra». Más de dos millones de votos que, en esta visión, no serían legítimos. La cifra, repetida sin desglose, sustenta la idea de una mayoría parlamentaria artificial. La cuestión económica aquí se cruza con la identidad: el coste de mantener una coalición se paga con la devaluación del adversario electoral. No hace falta que el dato sea cierto; basta con que la sospecha sea rentable.
De la agonía a 2027
La contradicción interna no frena el coro. Si Sánchez está «quemado» y es una «sardina apestosa» para los inversores internacionales, ¿por qué sería necesaria su detención? Porque, como recuerda otra corriente, «solo tiene que llamar a Puigdemont» para seguir gobernando. La investidura de 2023, con el PP como fuerza más votada y el PSOE salvado por los votos de Junts, sigue escociendo. Ahí está el horizonte: 2027. «Paciencia hasta 2027», dicen unos; «ojalá así sea», responden otros. Mientras tanto, el verdadero drama económico español no es la traición, sino que el debate público se empobrezca hasta el punto de discutir si dos millones de electores pesan menos que un minuto de vídeo.