Inmigración, vivienda y empleo: la paradoja de que «falte gente» en España
En pleno debate sobre la crisis de vivienda y la precariedad laboral, el presidente Pedro Sánchez afirmó que en España «no sobra nadie, al contrario, nos falta gente». La declaración, lejos de ser un brindis al sol, encierra una de las contradicciones más profundas de la economía española: mientras el paro registrado marca mínimos históricos, los salarios reales siguen estancados desde la pandemia, la productividad no despega y el acceso a la vivienda se ha convertido en una quimera para millones de familias. ¿Cómo es posible que falten trabajadores cuando hay medio millón de personas en cursos de formación del SEPE y cientos de miles de fijos discontinuos contabilizados como ocupados?
El espejismo del empleo
España presume de haber alcanzado el nivel de paro más bajo de su serie histórica, pero la calidad del empleo genera serias dudas. Los datos del INE indican que cerca de medio millón de personas están engrosando las estadísticas de ocupados a través de cursos de formación subvencionados, mientras los contratos fijos discontinuos se han disparado. Además, el salario real no ha crecido desde 2020, lo que contradice la teoría de una escasez de mano de obra que elevaría los sueldos. La tasa de pobreza absoluta y relativa sigue siendo la más alta de la OCDE, y la brecha con otros países europeos en productividad se mantiene.
Vivienda: la variable que desmiente la bonanza
La paradoja se agudiza al observar el mercado de la vivienda. Con una población que ya supera los 49,1 millones de habitantes (de los cuales casi el 20% son nacidos en el extranjero), la demanda de pisos se ha disparado. Sin embargo, la oferta no crece al mismo ritmo: faltan alrededor de un millón de viviendas para cubrir las necesidades actuales. Los alquileres se han incrementado de forma desorbitada, y en ciudades como Madrid o Barcelona es imposible encontrar una vivienda digna con un salario medio. La presión migratoria, lejos de aliviar la situación, la agrava al incrementar la demanda sobre un parque inmobiliario insuficiente.
Inmigración: ¿solución demográfica o problema estructural?
El debate de fondo es si España necesita más inmigrantes para sostener el sistema de pensiones y cubrir puestos de trabajo no deseados por los nativos, o si, por el contrario, la inmigración masiva está deprimiendo los salarios y colapsando los servicios públicos. Quienes defienden la postura oficial señalan que la tasa de natalidad española está en mínimos y que sin aportes externos la pirámide poblacional se hundirá. Por otro lado, los críticos recuerdan que Suiza, un país con problemas demográficos similares, se prepara para un referéndum que limite su población a 10 millones de habitantes, ante los efectos negativos de la inmigración descontrolada sobre la vivienda, los salarios y la cohesión social. En España, la CEOE ha respaldado abiertamente la necesidad de más trabajadores extranjeros, lo que ha despertado suspicacias sobre un plan para abaratar la mano de obra.
La afirmación de Sánchez abre más preguntas que respuestas. ¿Es posible compatibilizar la llegada de millones de personas con la construcción de viviendas, la mejora de los servicios públicos y el aumento de la productividad? Mientras Suiza debate un límite demográfico, España parece haber apostado por el crecimiento sin límites. El tiempo dirá si la apuesta sale bien o si, como advierten los más escépticos, estamos asistiendo al mayor experimento social de nuestra historia reciente.
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