Sánchez dice que Ábalos era «un gran desconocido» para él
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asegurado que José Luis Ábalos, quien fuera su secretario de Organización en el PSOE y ministro de Transportes, era «desde el punto de vista personal un gran desconocido» para él. La declaración, recogida en una entrevista, ha caído como una bomba en el ecosistema digital, donde la hemeroteca y los memes han tardado menos de un minuto en recordar que ambos compartieron despacho, escaño y kilómetros de campaña electoral. La frase, pronunciada con la solemnidad de quien lee un comunicado, ha activado todas las alarmas de la credibilidad política.
La hemeroteca desmiente al presidente
La reacción no se ha hecho esperar. En cuestión de horas, las redes sociales se han llenado de fotografías y vídeos que muestran a Sánchez y Ábalos en actos de partido, abrazos protocolarios y viajes en coche oficial. El más recurrente: el famoso Peugeot en el que ambos, junto a otros cargos, recorrieron miles de kilómetros durante la campaña de 2019. «Si estuvo durmiendo en su casa y es un desconocido», ironiza un comentario, «la cara de hormigón armado». La hemeroteca es tozuda y el relato oficial, frágil.
La defensa del presidente se apoya en una distinción semántica: una cosa es la relación institucional y otra la personal. Pero el argumento se deshilacha cuando, según un comentario que circula en el hilo, el propio hijo de Ábalos ha declarado públicamente que Sánchez dormía en su casa «montañas de veces». La contradicción es de tal calibre que ni los más fieles han salido a defenderla con entusiasmo. El silencio de Ferraz es, en sí mismo, un titular.
El Peugeot, los viajes y la memoria selectiva
La imagen del Peugeot se ha convertido en el símbolo involuntario de esta legislatura. En él viajaban Ábalos, Koldo y otros colaboradores en trayectos que, según los más suspicaces, incluían paradas en locales de alterne. «Imaginemos las conversaciones», escribe un analista. «Raro sería que no parasen en algún local de lucecitas». La ironía no oculta una pregunta incómoda: ¿cómo se gestionan los viajes oficiales y quién paga la factura? El escándalo de las mascarillas y las comisiones ilegales planea sobre cada kilómetro de ese coche.
La oposición ha encontrado en esta frase un filón. «De los creadores de ‘esa persona de la que usted me habla’ llega ‘esa persona que es desconocida para mí’», resume un comentario que se ha viralizado. La comparación con Mariano Rajoy y su famoso «Ese señor del que usted habla» es inevitable, aunque el original tenía más arte y menos desesperación. La diferencia es que Rajoy no había sido secretario general del partido de Ábalos.
La estrategia del desconocimiento selectivo
El caso Ábalos no es un episodio aislado. Se enmarca en una estrategia más amplia de distanciamiento que el presidente ha aplicado a otros colaboradores: su hermano, su esposa, sus ministros. «Nadie conoce realmente a su esposa, ni a su hermano, ni a su fiscal, ni a sus secretarios generales», ironiza un comentario. La pregunta que flota es si esta táctica de negación sistemática es sostenible a largo plazo o si, por el contrario, erosiona la confianza en la palabra del presidente.
Los defensores de Sánchez argumentan que la responsabilidad penal es individual y que no se puede culpar al líder por los actos de sus subordinados. «Si Felipe VI no sabía que su padre era un comisionista, ¿por qué iba a saber Sánchez que Ábalos cobraba mordidas?», plantea un usuario. Es el argumento de la ignorancia plausible, que funciona en los tribunales pero no en la política. La ciudadanía no juzga con el Código Penal en la mano, sino con el sentido común.
El coste político de la negación
Más allá del ruido mediático, la declaración tiene consecuencias tangibles. Cada vez que el presidente niega conocer a alguien que fue clave en su partido, envía un mensaje de debilidad a sus propios cuadros: si a Ábalos se le puede borrar del relato, ¿quién será el siguiente? La disciplina interna se resquebraja cuando la lealtad solo fluye en una dirección. Los barones territoriales toman nota.
En el plano económico, el caso Ábalos ha salpicado la gestión de fondos públicos, contratos de emergencia y ayudas durante la pandemia. La sombra de la corrupción en la contratación pública no es un tema menor para un país que recibe fondos europeos condicionados al Estado de derecho. Bruselas observa. Los inversores, también.
El cierre de esta historia no está escrito. Ábalos mantiene su escaño en el Grupo Mixto y su defensa se centra en desmentir las acusaciones. La investigación judicial sigue su curso. Lo único claro es que la frase «un gran desconocido» pasará a los anales de la comunicación política como ejemplo de cómo no gestionar una crisis. La memoria, a diferencia de los peajes del Peugeot, no se puede borrar con un simple cambio de ruta.