“Gobernar con o sin el Parlamento”: la frase que desnuda la fragilidad del sistema
¿Puede un presidente gobernar sin el Parlamento en España? La Constitución responde que no. Pero Pedro Sánchez acaba de sugerir lo contrario. En una intervención que ha pasado casi desapercibida, el presidente declaró que el poder legislativo debe ser “más constructivo y menos restrictivo” y que el Gobierno seguirá adelante “con o sin apoyo del poder legislativo”. Una frase que, en un sistema parlamentario, equivale a agitar un trapo rojo delante del hemiciclo.
La frase que abre la puerta a gobernar sin el Parlamento
La advertencia no cae en el vacío. Sánchez preside un Ejecutivo con una mayoría parlamentaria muy frágil, dependiente de una amalgama de partidos con intereses divergentes. Cualquier deserción puede dejarle en minoría y exponerle a una moción de censura o a una cuestión de confianza. La interpretación más extendida es que intenta blindarse ante ese escenario, preparando el terreno para gobernar por decreto o ignorar ciertas votaciones si sus socios le fallan.
¿Existe realmente separación de poderes en España?
Pero el problema de fondo va más allá del tacticismo parlamentario. El diseño institucional español ya concede un peso descomunal al Ejecutivo. El presidente es investido por las Cortes, sí, pero una vez investido dispone de la capacidad de disolución de las cámaras, un arma poderosa. Y los diputados, elegidos en listas cerradas, votan con disciplina férrea. “Los diputados socialistas son totalmente leales al Gobierno, haga lo que haga”, resume un análisis. La supuesta separación de poderes, en la práctica, queda reducida a un formalismo.
No es la primera vez que se alerta de esta deriva. El economista y político Ramón Tamames, en su moción de censura, denunció que España se había convertido en una “autocracia absorbente”. La comparación con Venezuela, traída una y otra vez a la mesa, ha dejado de sonar exagerada para muchos. La diferencia, apuntan algunos, es que aquí el control del poder judicial se ejerce mediante la renovación de órganos como el CGPJ y el Tribunal Constitucional, con resultados más sutiles pero igualmente efectivos.
El riesgo económico de la deriva autoritaria
El impacto económico no se ha hecho esperar. La incertidumbre institucional es un factor de riesgo que los mercados descuentan, y la prima de riesgo ya se ha movido en momentos de crisis similar. Un Gobierno que gobierna al margen de las Cortes envía una señal preocupante a los inversores: las reglas del juego pueden cambiar en cualquier momento. La inversión extranjera, tan ligada a la estabilidad, no suele premiar los experimentos autoritarios.
Mientras tanto, el hemiciclo asiste al pulso con una mezcla de indignación y pasmo. La historia, que siempre llega con anécdotas, recuerda que Largo Caballero ya dijo en febrero de 1936 que “la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas”. Sánchez, con su frase, parece caminar en la misma dirección. Esperemos que la historia no se repita con las mismas consecuencias.