Pedro Varela, en el cartel de Núcleo Nacional: 10€ de donativo
¿Qué hace Pedro Varela en el cartel de Núcleo Nacional? El grupo ha anunciado una conferencia en Valencia para el 26 de septiembre a las 18:00 con cuatro ponentes: Varela, Iván Rico, Enrique Lemus e Isabel Peralta. No es un acto de puertas abiertas: se pide un donativo de 10€ que se abona escribiendo al correo indicado en el cartel. A partir del anuncio, la controversia ha sido doble: qué significa que un veterano librero con condena por difundir odio comparta mesa con este grupo y si su presencia responde a una operación de las cloacas o a una militancia de toda la vida.
Quién es Pedro Varela y qué condena arrastra
Varela no es un recién llegado. Exlíder de CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa) y responsable durante años de la Librería Europa, arrastra una condena a un año y medio de prisión por difundir odio desde ese establecimiento, según las informaciones periodísticas recogidas. Su nombre se asocia a décadas de activismo en la extrema derecha española, y ahora aparece junto a Núcleo Nacional, un grupo que ha desembarcado en Cataluña con actos como el presentado bajo el lema «Recuperemos Barcelona».
La tesis de las cloacas: una sospecha sin pruebas
Una parte del público afín a estos grupos sostiene que la reactivación de Varela y el impulso de Núcleo Nacional coinciden en el tiempo de forma llamativa, y desliza que el veterano podría funcionar como reclamo controlado, incluso como señuelo de una operación de servicios. Es una hipótesis que circula sin aportar prueba alguna: nadie ha demostrado esa condición de infiltrado. Enfrente, otra corriente defiende que Varela es un personaje auténtico, incómodo para el poder y fiel a sus principios, y recuerda que dar una charla no equivale a militar en una organización.
Las grietas que el propio anuncio destapa
El acto ha servido para exponer fracturas internas. Hay quien considera que la estética callejera de Núcleo Nacional —parafernalia, músculo y saludos— genera rechazo en el votante medio y convierte al grupo en una disidencia controlada que, en la práctica, beneficia al sistema. Otros recuerdan que la propia dirigencia acumula condenas: Isabel Peralta fue condenada a un año de prisión por delito de odio, según las informaciones publicadas. Algún comentario apunta a una hipotética conexión con intereses extranjeros, en la misma línea de conjetura sin sustento.
Décadas de militancia, una condena por difundir odio, un cartel de 10€ y un público que desconfía de parte de sus propios ponentes. Si esto es un producto de las cloacas, alguien tendría que avisar a los fabricantes: hace tiempo que dejaron de saber a quién sirven.