Pepe Carroll, el artista que la vida pasó por encima
En el imaginario español, Pepe Carroll ocupa el hueco que deja la fama cuando se apaga: ninguno. Murió hace más de veinte años y la mayoría se enteró con décadas de retraso. Del corazón, dicen. Delgado como una vela, lo que hace el cuadro más extraño.
No era un simple cómico. Era mago, y de los buenos. El propio Tamariz se encargó de explicarlo con detalle: Carroll tenía una planta escénica que pocos igualaron. Lo que la audiencia recordaba como chiste suelto era técnica de prestidigitador.
Su mayor aportación se llama Chiquito de la Calzada. Fue en «Saque Bola», donde Carroll lo descubrió y lo lanzó. Quedan frases que aún sobrevuelan las sobremesas: «Sigue, Arturo, que estás triunfando», «bonita corbata, ¿tuviste que comprar 10 porque no tenían cambio de 1000?» y «buena memoria, Arturo, buena memoria».
La vida tampoco fue generosa. Perdió a su madre y a su pareja, dos golpes que algunos usan para explicar eso de que «la vida le pasó por encima». Otros, más escépticos, se preguntan si la desgracia se mide en tragedias acumuladas.
Y el dato que descoloca: el descubridor de Chiquito, el mago que Tamariz respetaba, murió joven, delgado y en gran medida olvidado. La fama en televisión es un contrato temporal que nadie renueva. A él le tocó verlo desde el otro lado.