El número de serie del misil de Kramatorsk: ni prueba ni mentira
Un campo, los restos de la etapa impulsora de un misil Tochka-U y una placa con el número de serie
Ш91579 perfectamente legible. Ni una abolladura, ni una rajita, ni pintura descascarillada. Sobre esa placa metálica se montó una de las versiones más difundidas: el misil que mató a civiles en la estación de tren de Kramatorsk era ucraniano. Sobre la misma placa, y con las mismas fotos, se montó después la contraria: que ese número no demuestra nada.
El ataque del día 8 contra la estación de Kramatorsk, en plena evacuación de civiles, mató a
59 personas, entre ellas varios niños. Seis meses después, una investigación con geolocalizaciones e imágenes de satélite concluyó que el misil salió de territorio ocupado por Rusia. Entre una cosa y la otra, la discusión pública se enredó en una matrícula de metal, una hoja de cálculo y la trayectoria parabólica de un cohete soviético.
¿Qué demuestra el número de serie Ш91579?
Menos de lo que se le pidió. La tesis que se difundió fue que, dado que Ucrania había empleado antes misiles con la numeración
Ш91565, el Ш91579 tenía que ser suyo por simple proximidad. La reconstrucción no aguanta el peso. En las propias imágenes que acompañaban esa versión se ven varios formatos de numeración distintos, y en los Tochka-U rusos ocurre lo mismo: series completamente diferentes entre sí, con formato idéntico al de las ucranianas, porque
todos salieron de la misma fábrica en la época soviética.
A eso se añade el problema material de la prueba. Las fotos son
pixeladas, el zoom que muestra el número no se puede relacionar con seguridad con el misil de las primeras imágenes, y el documento que supuestamente acredita la propiedad de la serie es una captura de una hoja de cálculo. El
listón, en este punto, estaba bajo.
Dónde cae la etapa que impulsa al Tochka-U
Al suelo, y en un punto que permite tirar de cuerda hacia atrás para reconstruir el lanzamiento. Los restos que se fotografían son la parte encargada de la propulsión: la cabeza explosiva se separa de ella antes del impacto. Un Tochka-U se dispara desde una distancia típica de
50 kilómetros, sigue una trayectoria parabólica y alcanza su altura máxima a unos
25 kilómetros del objetivo. Con esas cifras, caer prácticamente en vertical sobre la estación exige una explicación que nadie ha dado.
El error circular probable del sistema, inferior a
70 metros, y las aletas de titanio que frenan la etapa al separarse permiten otro ejercicio. Si la etapa impulsora cayó al suroeste de la ciudad y la cabeza impactó en la estación, una recta entre ambos puntos apunta hacia el territorio que controlaba Kiev. En contra queda un dato incómodo para esa misma hipótesis: Shakhtyorsk, el punto desde el que otra versión situaba el lanzamiento, está a
112 kilómetros al sureste de Kramatorsk, no al suroeste.
El relato que cambió de versión en unas horas
Primero se celebró. Medios afines al Kremlin presentaron el impacto como la destrucción de un tren cargado de armamento ucraniano. Cuando aparecieron los civiles muertos, los mensajes se borraron y la autoría pasó a atribuirse a Ucrania. El paralelismo con el derribo del vuelo de Malaysia Airlines en 2014 se ha señalado repetidamente.
Otra línea de defensa duró aún menos: que Rusia no tenía desplegados esos misiles. Cientos de vídeos del uso de Tochka-U por el ejército ruso en Ucrania la desmintieron, y a ello se sumó el registro de
30 sistemas Tochka-U saliendo del aeródromo militar de Machulishchy. Que Kiev llevara siete años usándolos en el Donbás no convierte la pieza en exclusiva de nadie.
Seis meses después, un informe OSINT apuntó a Moscú
El giro llegó con el trabajo de geolocalización y análisis de imágenes de satélite difundido seis meses después de la matanza, que reconstruyó la trayectoria del proyectil y situó su origen en territorio ocupado por Rusia. La investigación, presentada como un informe abierto y verificable, devolvió la carga sobre las fuerzas rusas.
Quedan cabos sueltos que nadie ha atado. Se preguntó, por ejemplo, qué distintivo llevaban los militares que atendieron a las víctimas en los primeros minutos, o por qué la carcasa apareció sin daños visibles en el vientre. Preguntas sin respuesta no son respuestas. Tampoco son inocencia.
El mismo número de serie que se fotografió entonces sigue sirviendo para sostener las dos versiones: los mismos restos, la misma placa legible, la misma foto de un campo con un cohete partido en dos.