Perro lobo checoslovaco: salta la valla y apenas ladra
El perro lobo checoslovaco es una mala elección como perro guardián. No lo sostiene un vendedor de alarmas, sino quienes han convivido años con uno: es un animal escapista, que apenas ladra y que se pasa el día buscando la forma de salir del recinto. Para vigilar una casa hay razas mucho más aburridas, mucho menos fotogénicas y bastante más eficaces.
La discusión sobre qué perro conviene para cuidar un chalet, un cortijo o una nave lleva años enquistada entre aficionados al adiestramiento. Y el consenso, si se le puede llamar así, es incómodo: el perro lobo checoslovaco, tan popular por su estampa de lobo, aparece casi siempre en la lista de los que no conviene. Su fama de animal salvaje no se traduce en una función de guarda mejor, sino en un problema logístico que empieza por la valla del jardín.
Por qué un perro lobo checoslovaco no sirve para guardar
Los dos defectos que más se repiten son la escapada y el silencio. Un perro lobo checoslovaco salta, trepa y cava. En un chalet con parcela, la valla es un obstáculo decorativo. El caso que más circula es el de unos vecinos que colocaron a un pastor checoslovaco a vigilar una casa en obra:
noches en vela aullando y un animal que se escapó en torno a doscientas veces, saltando vallas, cavando por debajo y rompiendo correas y cierres de jaula. Acabó trasladado a una finca más grande, en zona sin vecinos.
El segundo defecto es más sutil y, para la guarda, más grave. No ladra. O ladra poco. La función disuasoria de cualquier perro de vigilancia empieza por el aviso sonoro: si el animal no avisa, la mitad del trabajo ya está perdida antes de que el intruso ponga un pie en el jardín.
¿Se puede adiestrar un perro lobo checoslovaco?
Aquí chocan dos relatos. Uno sostiene que no se adiestran, porque llevan medio lobo dentro y
no les gustan las chorradas caninas. Otro defiende que son perros corrientes con un intelecto superior y que se educan como cualquier otro. La convivencia larga apunta al matiz: el problema no es que sean tontos, es que son complicados. Hay quien los describe directamente como un perro del montón, tipo pastor alemán, cuyo único lobo es el aspecto.
La experiencia acumulada insiste en una fase crítica: la adolescencia, en torno al año y pico, cuando el animal llega a plantar cara a su dueño. Quien lo supera habla de un perro magnífico para la montaña, para correr suelto y cansarse. Quien no, habla de un animal que convierte cada noche en una incógnita.
Qué razas sí funcionan como perro guardián
La lista que se repite es corta y poco exótica. El mastín español, el pastor alemán y el pastor belga son las apuestas seguras. Hay quien sostiene que un
mastín leonés de noventa kilos tendría una mordida capaz de partir un fémur humano y no necesitaría un adiestramiento sofisticado: guardaría por instinto y por tamaño. Para quien quiere un perro grande y territorial sin dramas, los molosos y los pastores de trabajo cubren el puesto con menos ruido.
Sobre el rottweiler se cuela un matiz interesante: suele tener fama de duro pero predecible, y no aparece entre los que más ataques de origen patológico protagonizan. Ese dudoso honor, según sostiene un forero, se atribuye al cocker spaniel. Un perro grande con mordida poderosa es más letal si falla la cabeza, sí, pero también defiende a su familia sin dudarlo y convive con gatos y otros animales sin incidentes.
El malinois y los perros que no valen para un piso
El pastor belga malinois aparece como la opción más adiestrable de todas, base de buena parte de los perros policía y de detección de drogas y explosivos. Y a la vez, como el peor candidato para una vivienda normal. Necesita mucha, muchísima tralla de ejercicio, y dejarlo en un piso o sin estímulo es una receta de problemas. Lo mismo vale para el border collie.
El patrón se repite: perros magníficos en manos expertas, desastres en manos de quien los compra por la estampa. La propia rutina del perro de trabajo lo ilustra: según un participante, hay animales que pasan
veintiuna o veintidós horas al día encerrados en una perrera de lunes a viernes y aun así rinden y no se vuelven asociales. La diferencia no está en la raza, está en la cabeza de quien maneja la correa.
El burro, el guardián que casi nadie considera
Fuera del mundo canino hay una alternativa que suena a broma y no lo es. Quienes han tratado con burros sostienen que es territorial y agresivo, que ataca a los lobos y que, en igualdad de condiciones, un perro no tiene nada que hacer contra él. La escena clásica es la del burro amarrado junto a un peral: se hacía sangre en el cuello por atacar a cualquiera que se acercara a la fruta. Hay quien sostiene que, si más gente lo supiera, cambiaría el perro por un burro sin pensarlo dos veces.
Con este material, lo previsible es que el perro lobo checoslovaco siga vendiéndose por su cara de lobo y siga decepcionando como guardián. Si la moda no cambia, dentro de unos años las perreras seguirán recogiendo ejemplares escapados de jardines que nunca debieron ser suyos.