El acuerdo nuclear de Irán que dejaría a Rusia sin baza del gas
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán,
Hossein Amir Abdollahian, anunció que Teherán presentaría su conclusión sobre las conversaciones de Viena a la Unión Europea a medianoche del lunes. Según se sostiene en el hilo, el canje que se negocia tiene dos mitades: Irán congelaría su programa nuclear y, a cambio, colocaría su petróleo y su gas en el mercado europeo y estadounidense. «No estamos lejos de un acuerdo», dijo a Al Jazeera
Mohammad Marandi, portavoz de facto del equipo negociador nuclear iraní, que dio por resueltas las cuestiones pendientes para regresar al
JCPOA. La consecuencia que subrayan varios participantes es una: si el gas iraní entra en Europa, la única palanca seria que le queda a Moscú en el continente —cerrar el grifo en invierno— se queda sin filo.
¿Bajará el precio de la luz con el petróleo iraní?
No hay cifra. Y eso, en un asunto así, es la noticia. La pregunta recorre el asunto entero —qué pasa con el gas, con la gasolina, con la factura— y la respuesta honesta es que el efecto depende de la logística, no del anuncio. Hay quien lo resume en una imagen doméstica: volver a llenar cubitos de hielo. La expectativa de precios más bajos se apoya en una lógica razonable, más oferta y menos dependencia, pero nadie firma un pronóstico sin ver el primer barco cargado.
Y el primer barco es justo el problema.Por qué el gas no se transporta como el petróleo
El gas natural es abundante y barato en origen. El cuello de botella está en moverlo. Sin gasoducto, cada molécula depende de licuarse en GNL, embarcarse y regasificarse, y eso exige metaneros y plantas regasificadoras que no se improvisan. Según un cálculo que circula en el hilo, harían falta
unos dos años para levantar esa cadena, y no en un solo país: todos los compradores tendrían que diversificar su matriz energética a la vez. Como resume un participante, la ventaja histórica de Rusia nunca fue tener gas, sino tener el tubo. Cambiar de proveedor sin cambiar de tubería es la parte que los titulares se saltan.
Nabucco: el gasoducto que cambia de manos
Por ahí entra el nombre que ordena el mapa. El Nabucco conecta Bakú con Constantinopla y se proyecta hasta Viena; según otro comentario, el gas persa pasaría por Anatolia y dejaría una comisión en manos turcas. Para una parte del análisis, esto cierra una jugada de ocho décadas: Europa quitándole a Rusia el petróleo del Cáucaso,
80 años después de Stalingrado. Un participante sostiene que un corredor por Irak y Siria hasta el Mediterráneo sería más corto, pero lo ve bloqueado por esos conflictos. El tubo que se usa es
el que existe.
Lo que Irán cobraría por su gas
Un participante señala que un acuerdo así implicaría levantar las sanciones a Irán, aflojar la presión sobre Gaza y recomponer el pulso con Afganistán, extremos que no aparecen en los comunicados. Según otro comentario, en el fondo late una pugna interna del mundo islámico: Irán busca cerrarle la boca al wahabismo saudí y erigirse en referencia, y a Israel le conviene que persas y saudíes se disputen la hegemonía en lugar de disputársela a él. En los procesos comerciales, resume la vieja máxima, no hay amigos. Solo proveedores.
El escepticismo: dudas sobre el acuerdo
No todo el mundo se lo cree. Para un participante, el relato omite que tales acuerdos implicarían levantar las sanciones a Irán. Hay un segundo motivo para desconfiar, menos diplomático: llevan años diciendo que el acuerdo está a punto. Los más prudentes, directamente,
compran leña. Otro comentario recuerda que Irán negocia lo que haga falta, incluso con Israel de manera secreta según esa versión, y considera que un Estado que cambia de aliado según el interés no es socio estable. Poca fe en las palabras. Mucha en los barcos.
Qué le pasa a Rusia si pierde el mercado europeo
El escenario más duro sostiene que perder el mercado europeo convertiría a Rusia en un país económicamente inviable y aceleraría su colapso; el más matizado admite que sería un golpe durísimo para su capacidad de sostener la guerra a largo plazo. No es un desenlace escrito: es una posibilidad, y basta con que sea dañina. Enfrente queda la advertencia contraria, la de quien cree que Teherán se equivoca: cuando la guerra acabe, las sanciones volverán, más fuertes, y Moscú no olvida a quien le dio la espalda. La duda razonable es cuánto pesa una amenaza futura frente a una factura presente.
El dato que descoloca
Y luego está el detalle que desarma cualquier relato de ruptura total. Según un comentario del hilo,
Rusia vende el 40% del uranio enriquecido. Por eso, añade, las sanciones tienen excepciones, y por eso señala otro material incómodo: la esponja de titanio, indispensable para los aviones de Boeing y Airbus, también sale de allí. Europa puede dejar de comprar gas a un Estado que no le gusta y presumir de ello. Lo que no puede, de momento, es dejar de comprarle lo que no tiene sustituto. Ese es el agujero por el que se escapa toda la épica.