El crudo se hunde un 25% y Arabia Saudí abre los grifos
La noche en que el
petróleo se despeñó, alguien escribió: «vayan entrando en sus bunkers». No era una exageración de barra de bar. El Brent arrancó con caídas del entorno del 15% —hasta 38 dólares— y el West Texas Intermediate (WTI) se dejó más de un 24%, un 25% por debajo del cierre anterior. El movimiento empezó en el WTI a las 22:00, el Brent abrió a las 23:00 y el oro echó a andar a las 22:43. Todo en cuestión de minutos y en plena expansión del coronavirus, el cisne negro que muchos llevaban meses esperando sin creérselo del todo.
Porque el detonante no es solo sanitario. Hay una guerra de precios en toda regla.
Por qué Arabia Saudí ha decidido inundar el mercado
El objetivo señalado no es Moscú, sino el fracking estadounidense. Arabia Saudí se había quejado ese fin de semana de que Rusia se negaba a recortar producción; la respuesta no fue negociar, fue abrir los grifos. Aplica un descuento de siete dólares sobre el precio de referencia y promete inundar el mundo de crudo justo cuando la demanda se desmorona por el virus. El crudo de esquisto, con costes de extracción mucho más altos, queda con el agua al cuello. Ya pasó en la anterior caída: varias compañías norteamericanas de fracking quebraron.
Hay quien sostiene, mirando la macro desde fuera, que un barril barato con una actividad industrial en caída es mejor escenario que una caída de actividad sin abaratamiento de la energía, sobre todo en una economía exportadora.
¿Por qué el petróleo barato no llega a la gasolinera?
Aquí el relato y el surtidor se separan. Con el crudo en el suelo, la lógica dice que el diésel y la gasolina deberían desplomarse. Nadie apuesta a que ocurra tan rápido. Se argumenta que las estaciones de servicio tardarán en repercutir la bajada, o directamente no lo harán, y sobrevuela la sospecha de que el Estado aproveche la coyuntura para engordar la fiscalidad de los carburantes. La comparación que circula es incómoda: cuando el barril cotizaba por debajo de los 50 dólares, el gasóleo costaba unas 80 pesetas. Hoy supera las 200.
El desplome que arrastra a petroleras y banca europea
La apertura bursátil dibujó un rojo difícil de ver en mucho tiempo. BP se dejó un 18,68%; Royal Dutch Shell B, un 16,13%; TechnipFMC, un 17,85%; Total, un 11,68%. ArcelorMittal cayó un 13,48%, Renault un 11,69% y Société Générale un 11,62%. Deutsche Bank se dejó un 10,80%, Daimler un 9,25%, Volkswagen un 7,76% y Bayer un 7,60%. En Lisboa, Galp se hundió un 13,89% y Mota Engil un 8,49%. Los futuros estadounidenses apuntaban a una apertura con pérdidas del 4%, y en medio del terremoto se apuntaba a una caída del 30% en el bono a diez años de EEUU.
Nadie recordaba una apertura con semejantes porcentajes. Para encontrar algo comparable hay que irse a 1929, y ni eso está claro.
¿Cuánto puede aguantar Arabia Saudí con el barril a 30 dólares?
Los números para el reino no son cómodos. Antes de esta caída, los ingresos del gobierno rondaban los 900.000 SAR bn (unos 240.000 bn de dólares), y el petróleo y actividades similares suponían en torno al 70% de las exportaciones. Si el precio se queda a la mitad, la recaudación podría caer hacia los 500.000-550.000 SAR bn, una cifra parecida a la de 2016. A favor juega una deuda pública baja y una cartera de activos repartida por los mercados financieros. Y un margen fiscal enorme: los impuestos son prácticamente inexistentes, así que hay recorrido para subirlos de forma temporal sin que el país se descomponga.
Aun así, la duda sigue sin cerrarse: ¿aguanta el reino o se tambalea? Se recuerda que un tercio de la población residente carece de nacionalidad, lo que en teoría daría margen para recortar gasto. Y se señala que Arabia no tiene un fondo de reserva como el noruego, que también pierde dinero con las bolsas en rojo.
Rusia, el Nord Stream 2 y el reflote que llegó después
Sobre Rusia circula un dato repetido en cada crisis: que gana dinero con el barril por encima de los 20 dólares. Su problema no es el precio, sino las sanciones y quedarse sin compradores, como Irán. El gasoducto Nord Stream 2 quedó paralizado y su futuro depende de las elecciones alemanas y de la presión de Washington. El interés alemán por el proyecto decrece si las empresas que lo financian quedan bajo la lupa.
Años después, el asunto volvería al primer plano con la guerra de Ucrania, que ya se estaba gestando cuando estas líneas se escribían. La coartada perfecta para quien sostiene que nada de esto fue casualidad.
Con el barril muy por encima de aquellos mínimos y los cerebros de vuelta a la casilla de salida, la pregunta que quedó sin contestar en aquella madrugada sigue igual de abierta: si el petróleo barato era la oportunidad de oro para Europa, por qué el precio que pagaba el ciudadano en el surtidor apenas se movió.