Brent a 101 dólares y subiendo: el fin del petróleo barato
¿Por qué un barril a 101 dólares debería preocuparnos ahora más que las otras veces que cruzó esa cifra? Es la pregunta que sobrevuela cada vez que el Brent rompe la barrera de los tres dígitos. Y la respuesta que circula estos días no es tranquilizadora: la subida, sostienen los análisis más agresivos, ya no es un diente de sierra. Es una escalera.
El Brent ya superó los 100 dólares otras veces: qué cambia ahora
El argumento de los escépticos es de sentido común: el crudo ha cotizado por encima de 100 dólares en múltiples ciclos y siempre volvió a bajar. Contra eso se alza una tesis incómoda —cada rebote es más corto y cada techo más alto, precisamente porque el recurso escasea—. Donde sí hay consenso es en el surtidor. La gasolina sube cuando el Brent sube y, curiosamente, también sube cuando baja, con el argumento de que el crudo comprado a precio alto tarda meses en llegar a la estación de servicio.
El cuello de botella no es el crudo, es la refinería
Aquí el foco se desplaza del pozo a la fábrica. El crudo puede ser abundante; lo que escasea es la capacidad de refino. España cuenta con ocho refinerías, la red más importante de Europa, lo que no garantiza nada si la infraestructura global se ha deteriorado. El escenario que se dibuja apunta a cuatro o cinco años de ajuste, con un posible trasvase del turismo hacia la industria y un mapa económico que se reordena: nodos como Puertollano ganarían peso mientras los grandes cargaderos costeros lo pierden.
La conclusión, por ahora, la de siempre: el barril sube, el surtidor sube y los expertos suben. Algo acabará bajando. Con toda probabilidad, el poder adquisitivo del que echa gasolina.