Putin anuncia el Hazel y se vienen cositas
El anuncio lo hizo el propio Vladímir Putin: el ejército ruso está seleccionando objetivos en Ucrania para el misil Hazel, con una lista que incluye centros de toma de decisiones, centros de producción industrial e instalaciones militares. El proyectil impacta a
3 kilómetros por segundo y genera una temperatura de
4.000 grados Celsius. La declaración, difundida por canales de seguimiento del conflicto, llega con el arma ya empleada sobre el terreno, no como una promesa de laboratorio.
Qué es el Hazel y por qué se llama así
El nombre no es casual.
Hazel es la traducción al inglés de
oreshnik, que en ruso significa avellano. El sistema se presentó como un vector hipersónico con capacidad de fragmentarse en submuniciones: cada ojiva porta seis penetradores, y un lanzamiento con seis ojivas despliega
36 barras sólidas de tungsteno. No hay carga explosiva química: toda la letalidad es cinética.
La física del asunto tiene su gracia. Una barra de 80 kilogramos a Mach 10 libera una energía equivalente a
124 kilogramos de TNT, según un cálculo que circula entre los seguidores del conflicto. Multiplicada por 36, la cifra asciende a 18.000 millones de julios, aproximadamente un tercio de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. Ese cálculo es el que sostiene la afirmación de que el arma puede alcanzar objetivos reforzados y bajo tierra sin necesidad de una ojiva nuclear.
Qué dice Putin y qué se puede verificar
Según la declaración difundida, las submuniciones del Hazel pueden terminar con cualquier tipo de objetivo por reforzado que esté, incluso bajo tierra. Putin añadió que el misil es capaz de dar tan duro como un pepinaco nuclear. La afirmación no está respaldada por ninguna verificación independiente en el material disponible, y la propia naturaleza del anuncio —hecho a toro pasado, con el arma ya usada— invita a leerlo más como mensaje político que como ficha técnica.
En el vídeo del lanzamiento se observa la caída de cinco ojivas, es decir,
30 penetradores, sobre la misma área. Una sexta cae más lejos, sin que se sepa si por error de guiado o porque el objetivo era distinto. La precisión, en cualquier caso, es el argumento central de quienes defienden la eficacia del sistema.
El escepticismo sobre el anuncio
No todos compran el relato. Una corriente de análisis sostiene que este tipo de declaraciones son poco serias y que banalizan las amenazas, convirtiendo la guerra en un espectáculo de postureo. El argumento de fondo es que anunciar públicamente qué se va a atacar y con qué arma no es estrategia militar, es marketing. Y que si el arma fuera tan decisiva, no haría falta contarlo.
La otra objeción es más terrenal: Rusia lleva tres años de guerra sin doblegar a Ucrania, con un trozo de su propio territorio invadido por fuerzas ucranianas. Cada línea roja anunciada y luego no ejecutada desgasta el prestigio militar. El Hazel, en esta lectura, sería un intento de recuperar la iniciativa narrativa más que una ventaja operativa real.
El contexto de los ataques con HIMARS
El anuncio del Hazel coincide con la difusión de imágenes de la destrucción de sistemas HIMARS en la región de Sumy. Según las informaciones publicadas, cuatro misiles Iskander-M alcanzaron cinco lanzadores HIMARS equipados con ATACMS en el plazo de una semana, causando al menos
30 bajas entre personal de la OTAN. El Ministerio de Defensa ruso publicó un vídeo del ataque, en el que según su versión solo quedó un cráter.
La coincidencia temporal no es accidental. La destrucción de lanzadores HIMARS y de personal asociado a la OTAN se presenta como respuesta a los ataques con ATACMS contra territorio ruso, y el anuncio del Hazel como advertencia de que la siguiente fase será peor. Es la lógica de la escalada por anuncio: cada golpe se comunica antes de que ocurra el siguiente.
Qué se puede esperar
El material no permite cerrar la historia. El Hazel ya se ha usado, pero su impacto real sobre el desarrollo de la guerra no está cuantificado. La afirmación de que deja obsoleta a la tecnología militar estadounidense y europea es una hipótesis, no un hecho verificado. Y la promesa de que diciembre traerá otra perspectiva si se cumple la mitad de lo anunciado es exactamente eso: una promesa.
Lo único verificable es el patrón: anuncio, lanzamiento, anuncio del siguiente. La guerra se ha convertido en un concurso de demostraciones técnicas donde cada bando necesita que el otro crea que va ganando. ¿Alguien recuerda un conflicto en el que los bandos anunciaran sus armas antes de usarlas?