Putin presume del misil nuclear Burevestnik, pero los expertos dudan de su utilidad
El presidente ruso Vladimir Putin anunció la exitosa prueba del misil de crucero intercontinental 9M730 Burevestnik, un arma con propulsión nuclear que, según el Kremlin, puede volar durante 15 horas y recorrer 14.000 kilómetros. Putin aseguró que no tiene equivalente en el mundo. Sin embargo, el anuncio ha reabierto un debate que mezcla escepticismo técnico, preocupación por la seguridad y dudas sobre su efectividad real.
¿Cómo funciona el Burevestnik?
El Burevestnik es un misil de crucero propulsado por un reactor nuclear en miniatura. Según las descripciones técnicas que circulan, necesita combustible químico para despegar, y una vez en vuelo, el calor del reactor acciona un motor jet. Vuela a baja altitud (entre 25 y 100 metros) para evadir radares, a unos 900 km/h. Su autonomía teórica es casi ilimitada, aunque en la práctica las pruebas apenas han durado 15 horas. El sistema de propulsión ha sido cuestionado por ingenieros: la fisión nuclear expulsa partículas a velocidades menores que la combustión química, lo que hace dudoso que pueda mantener el empuje necesario.
Riesgos y accidentes
El desarrollo del Burevestnik no ha estado exento de incidentes. En 2019, cinco personas murieron en una explosión durante una prueba en el mar Blanco, con un escape radiactivo que elevó los niveles de contaminación en la zona. El accidente recordó a los críticos que un misil nuclear volando a baja cota sobre territorio propio o ajeno puede convertirse en un “rociador de veneno” si se estrella o es derribado. La pregunta sobre qué ocurre cuando el reactor falla o es alcanzado sigue sin respuesta oficial.
¿Realmente es un arma decisiva?
El misil vuela lento en comparación con los ICBM balísticos, y sistemas antimisiles como THAAD o AEGIS (estadounidenses) son capaces de interceptarlo. Su principal ventaja sería sobrevivir a un pulso electromagnético tras un ataque nuclear, permitiendo un contraataque de “venganza”. Pero si solo puede ser derribado por cazas o misiles tierra-aire, su eficacia es cuestionable. Algunos analistas lo ven más como un “minibombardero no tripulado” que podría patrullar durante meses, pero con limitada capacidad de carga.
El dato que descoloca: Rusia lleva años desarrollando esta tecnología, pero aún no ha demostrado que pueda mantenerse en vuelo más de 15 horas ni que su reactor sea fiable. Mientras tanto, el Burevestnik se ha ganado apodos como “Chernóbil volador” y bromas sobre su etiqueta ecológica. La propaganda rusa lo vende como imbatible; la realidad técnica, por ahora, se queda a medio gas.