Putin amenaza con cortar el gas a Europa: ¿oportunismo o estrategia?
La guerra en Irán ha reabierto el debate energético en Europa con una nueva amenaza de Vladímir Putin: cortar por completo los envíos de gas ruso al continente. La advertencia, lanzada a finales de marzo de 2025, llega cuando la UE aún no ha logrado desengancharse del gas ruso, a pesar de sus promesas. Según datos del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford (OIES), las importaciones europeas de gas ruso cayeron de 142 bcm en 2021 a 31 bcm en 2024, con una proyección de apenas 16-18 bcm para 2025. Sin embargo, España ha duplicado sus compras a Rusia en el último año, según fuentes del sector. La disyuntiva es cruda: o se acelera la transición energética o se negocia con el Kremlin bajo presión.
Las cifras de la dependencia energética
El descenso de las importaciones es innegable, pero no total. La UE se ha fijado 2027 como fecha límite para eliminar el gas ruso, pero el conflicto iraní ha provocado un aumento de los precios del gas y ha dado a Putin una nueva baza geopolítica. Los datos de OIES muestran que la reducción ha sido del 78% respecto a 2021, pero los 31 bcm de 2024 todavía representan una parte significativa del suministro. En España, el mix eléctrico depende en un 15-25% de ciclos combinados de gas, y el cierre de centrales nucleares agravaría la situación. Mientras, el hidrógeno verde y las baterías se presentan como alternativas, pero a costes aún elevados.
El juego de ajedrez de Putin
La amenaza no es nueva, pero el contexto sí. Con Irán en guerra y los ataques a petroleros en el estrecho de Ormuz, el mercado energético mundial está tenso. Putin sabe que Europa no puede permitirse otro shock de suministro. Algunos analistas apuntan a que el corte total sería contraproducente para Rusia, que necesita ingresos; otros ven una maniobra para forzar a la UE a negociar un nuevo acuerdo en Términos favorables. La postura mayoritaria entre los analistas es que Europa debe acelerar las renovables y el almacenamiento, pero una corriente pragmática señala que, a corto plazo, es imposible prescindir del gas ruso sin riesgos de recesión.
La disyuntiva final
¿Cederá Europa y retrasará el apagón del gas ruso más allá de 2027? La pregunta queda abierta. Lo cierto es que la dependencia energética sigue siendo el talón de Aquiles de la UE, y cada crisis geopolítica lo recuerda. Mientras, los inversores en renovables miran con recelo, y el gas sigue fluyendo, aunque menos.
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