Placita o paguita: por qué opositar se ha convertido en la única salida para muchos profesionales
La Inteligencia Artificial está devorando puestos de trabajo en el sector privado, y los salarios de perfiles tecnológicos caen ante una oferta laboral que se ha multiplicado. Frente a este panorama, un número creciente de trabajadores mira hacia las oposiciones como refugio, provocando un atasco histórico en las convocatorias. Pero, ¿es realmente la plaza pública un puerto seguro o se avecina una tormenta fiscal que lo cambie todo?
Según los datos que circulan en los foros de economía, el mercado laboral español en 2026 presenta una paradoja: mientras la tecnología avanza, las oportunidades para profesionales cualificados se reducen en el ámbito privado. El número de ofertas para perfiles técnicos ha caído drásticamente –de 4-5 contactos mensuales a apenas 2-3 en seis meses–, y la competencia se ha disparado con la llegada de trabajadores del exterior. Frente a esto, las oposiciones de la Administración General del Estado, desde técnicos hasta cuerpos superiores, aparecen como la única salida con condiciones estables.
La burbuja de las oposiciones
El fenómeno no es nuevo, pero se ha acelerado. “Hasta hace unos años quedaban plazas libres y no se presentaba mucha gente”, se recoge en el análisis. Ahora, la masificación es tal que incluso oposiciones para puestos que antes se cubrían con facilidad registran una ratio de candidatos exorbitante. La IA es señalada como el principal catalizador: trabajos que antes parecían seguros –programación, administración, análisis de datos– ahora se ven amenazados por automatización y deslocalización.
Un dato revelador: las ofertas de empleo para desarrolladores han caído un 60% respecto a hace dos años, y los salarios han descendido en términos reales. En contraste, las plazas de funcionario, aunque peor pagadas que un buen puesto privado, ofrecen estabilidad y, sobre todo, inmunidad frente a la IA. “En cualquier ayuntamiento, diputación o CCAA hay placitas irreemplazables por ninguna IA”, sostienen los defensores del modelo público, porque buena parte del trabajo administrativo no es fácilmente automatizable (o no interesa hacerlo).
Los que apuestan por la 'paguita'
Sin embargo, no todo el mundo compra el relato de la plaza perpetua. Una corriente minoritaria pero creciente señala que depender del Estado puede ser un espejismo. “Ser funci es sufrir unas oposiciones para tener que dejar la plaza un lustro más tarde cuando el Estado entre en barrena bancarrotil”, argumentan. Y es que, si la economía española sigue una senda de déficit crónico, los recortes en el sector público –como ya ocurrió en 2010– podrían llegar. A eso se suma que las pensiones futuras de los funcionarios dependen de un sistema que muchos ven insostenible.
Otros prefieren la 'paguita' entendida no como trabajo, sino como renta: vivir de inversiones, criptomonedas, o negocios que no dependan de un salario. “Ser paguitero no requiere opos ni ir a trabajar”, ironizan. Pero esa vía no está al alcance de todos, y requiere un capital previo que la mayoría no tiene.
El factor demográfico y el futuro incierto
Un elemento subyacente es la presión migratoria. La llegada de millones de personas en los últimos años –según las cifras que se manejan– ha incrementado la competencia en el mercado laboral privado, pero también en las oposiciones, donde muchos temen que se establezcan cupos preferentes. “Dentro de unos años habrá un cupo reservado para ellos”, se advierte desde el análisis.
La cuestión de fondo es si el modelo de empleo público podrá absorber a todos los que buscan refugio. Con una plantilla funcionarial ya tensionada y unas cuentas públicas que no dan más de sí, la sostenibilidad del sistema está en entredicho. Y mientras tanto, el sector privado se vuelve cada vez más selectivo y peor remunerado para los perfiles medios.
¿Y si el rejonazo llega?
Hay quien vaticina un ajuste brusco: cuando el Estado no pueda sostener el gasto, los funcionarios –“funcivagos” en la jerga crítica– serán los primeros en sufrir. “El día que llegue el rejonazo, va a ser una escabechina. Vais a saltar de la sartén a las brasas”. La historia reciente de España, con recortes de 2010, demuestra que el empleo público no es inmune a las crisis.
Otros, en cambio, recuerdan que durante la posguerra los funcionarios fueron de los pocos que cobraban en efectivo, mientras el resto se las apañaba. La plaza pública, pese a todo, ha demostrado ser resiliente en las peores crisis. ¿Hasta cuándo?