Plan para hacerme rico como escritor

Le estáis dando más de lo que le corresponde.

A ver si va a resultar que los grandes escritores no empezaron a escribir hasta los 60 años después de haber vivido una vida de una intensidad y riqueza como las de sus novelas.

Pues no. El chaval escribe bien y se le nota verde, pero es mejorable. La mayoría de escritores de best-sellers ya ni escriben ellos, eso son business donde todos los elementos los compran, los empaqueta alguien y los firman, como la tesis del Sánchez. No es una excepción, es la norma hoy en día.

A mí me parece penoso ese tema y todo ese rollo de badulaques con nombres nórdicos inventados que suenan a niños, como Sortak, pero igual le gusta a otros frikis como él. Aquí sois todos frikis.
 
envidia dice... podriamos tenerte envidia si escribieras bien y fueras famoso.... es otro rasgo mas de tu narcisismo , la paranoia de que te envidian...

ya quisieramos nosotros que en burbuja saliera un Cela para disfrutar leyendolo...
 
Leche, que panzada a reir me acabo de pegar. Estaba leyendo ahí el primer mensaje en este hilo de nuesto Graham Greene particular y me encuentro esto:
Planes futuros: Con una buena traducción hecha y una portada impactante, enviar mis libros a productoras de cine y televisión extranjeras, para ver si hay suerte y me pagan tanta pasta como a J. K. Rowling por Harry Potter.
Di que sí: si soñar es gratis. De publicar un libro en Amazon y directamente a pensar en en venderle los derechos de la obra a productoras de cine. No se puede decir que el hombre no sea ambicioso roto2. No tiene ni fruta idea de lo que está hablando, pero es pura ambición.

Esto tiene que ser un troleo; no hay otra explicación.

Y a todos esos que habéis comentado que la muestra de la excelsa novela es mediocre, pero tiene posibilidades o que si cuida un poco su estilo mejoraría bastante ¿qué es lo que leeis habitualmente? Porque yo he leído eso y no hay por donde cogerlo; ni en cuanto a estilo, técnica, ideas... hasta los nombres dan vergüenza ajena.
 
Hola creador del hilo, me habías pedido que volviera a copiar el fragmento que subí durante los días de oscuridad en el foro Burbuja Pitch Black, del jueves 7 fatídico en que todos fuimos forasteros. En su lugar voy a copiar otro, de distinto estilo y contenido, tened en cuenta que no es un relato completo ni tiene esa intención, es solo un "trozo", despellejarme, por favor.

El bullicio inundaba toda la sala. Rob, Dav y Mar entraron en tromba por la puerta. Sentados alrededor de numerosas mesas, trabajadores de los edificios cercanos despachaban con avidez la comida que los camareros acercaban en bandejas metálicas. El movimiento de personas era constante.
La recepcionista acercó la pistola a sus muñecas y validó su acceso.
-¡Allí, cerca de la ventana!. - anunció Mar con un pequeño grito.
Un anodino hilo musical envolvía las conversaciones con sus repetitivos sonidos.
Se sentaron e inmediatamente llegó su comida. No había ni menú, ni carta, ni opciones. Todos los días cambiaba, todos los días era una y solo una para todos. Hoy: gorrino y ternera. Todo crudo, medio triturado y mezclado, aún sanguinolento. Antes de servirse un cocinero esparcía sobre la comida un pole obtenido de una mezcla deshidratada de verduras y frutas, lo que proporcionaba a la comida los nutrientes necesarios para cumplir los roles ciudadanos. Una dieta equilibrada y nada apetecible que cumplía los requisitos del Ministerio de Alimentación, que con su lema: “Salud, Fuerza. Vida”, inundaba periódicamente con carteles las paredes desabrigadas de los restaurantes.
Un chico vestido con un delantal zain apareció con una jarra gigantesca y llenó con un líquido pastoso verde sus vasos de cristal. Tenía el semblante serio y los ojos vacíos.
Comenzaron a comer como salvajes, con las manos, masticando sin piedad la carne, hundiendo sus caras en los platos.
Llovía con fuerza en la calle, las gotas ensuciaban los enormes cristales del comedor deformando la imagen exterior. Alguien abrió la puerta del local e intentó acceder. “Error en la validación”, acceso prohibido. Su cara se torció, quiso amagar una explicación pero entendió que no iba a servir de nada. Se dió la vuelta y se alejó calle arriba cubriéndose la cabeza con un cartón.
Retorciendo huesos y tendones, salpicando jugos y sangre en platos, escupiendo piel y cartílagos, pronto acabaron con todo lo que había en los platos.
Rob observó como una pequeña cuqui roja zigzagueaba entre las patas de la mesa. Levantó el pie esperando a que pasara justo por debajo. Gloria por aplastamiento pronosticó.
-¿Puedes traernos el postre?- Le lanzó a una camarera que regresaba a la cocina con platos y bandejas vacías.
-Sí, por favor, yo quiero Trotina, una dosis- añadió Dav.
-Lo mismo-, dijeron Rob y Mar.
A su lado una pareja apuró sus dosis y se levantó rápidamente.
El mismo camarero que les trajo la comida, apareció con una bandeja con tres frascos diminutos y la misma mirada alucinada.. R, D y M los cogieron, abrieron una tapita e inhalaron con fuerza el contenido.
-Vengaaaaaa- soltaron las servilletas manchadas de sangre y restos de comida y salieron del local.

El cielo seguía plomizo, sin nubes aparentes; una bóveda grisácea, monótona y monstruosa hecha de pinceladas invisibles flotaba sobre sus cabezas. La calle brillaba pero ni rastro de la tormenta. Todos los días caía agua con fuerza durante unos minutos y paraba de repente. Las nubes se disolvían casi al instante, como un terrón de azúcar en un vaso de agua hirviendo. Así ocurría desde que recordaban; parecía que la lluvia siguiera una programación exacta. Llovía profusamente todas las noches entre las dos y las cuatro de la madrugada, y durante el día a lo sumo tres o cuatro minutos de aguaceros intermitentes.. Era un patrón extrañamente regular para un fenómeno atmosférico al que se le presuponía cierta impredecibilidad, pero por insólito que pudiera parecer, nadie se preguntaba este tipo de cosas.

Comenzaron a andar. La gente se movía de manera uniforme y lenta, como una masa compacta de gusanos. Un murmullo continuo de voces apagadas, un siseo ininteligible discurría calle arriba y abajo hasta apagarse entre hileras de edificios idénticos. La acera disponía de carriles en ambos sentidos.Cada varios centenares de metros había arcos de seguridad que comprobaban automáticamente la identidad de los viandantes. Si la persona no tenía autorización en ese tramo, una discreto laser le marcaba en la frente y la policía le separaba e interrogaba. En la práctica totalidad de los casos se trataba de pequeños despistes en el rumbo o de fallos de identificación que se resolvían en apenas unos segundos; tan solo dos veces pudieron presenciar una de esas escenas que su memoria se empeñaba en rescatar del olvido, compuesta básicamente de gritos, frases inconexas, agentes de seguridad persiguiendo al infractor, un disparo paralizante y nula información después de que le metieran a la fuerza en un furgón gris. Nunca se conocía la historia completa y menos el desenlace, ni siquiera a través de tímidos rumores. Todos los que entraban en el vehículo no volvían a aparecer. Nadie se cuestionaría el destino de estas personas, nadie las echaría de menos. En esas ocasiones, la gente reaccionaba con indiferencia, bien continuaban andando o esperaban con la mirada bovina a que el infractor fuera sometido y encerrado. Una vez la imagen desaparecía de su vista así lo hacía de su interés. Proseguían su camino de manera hipnótica. Nunca había sucedido nada.

La gente apenas entablaba relaciones personales y de hacerlo eran superficiales y prudentes, no se preguntaba demasiado ni se expresaban opiniones y pensamientos a la ligera. La gente era correcta, generalmente educada, pero no podías esperar llegar a conocer a la otra persona, o tener conversaciones de tú a tú, charlas íntimas que dejaran traslucir un mínimo de humanidad, de espontaneidad. Todo aparentemente dirigido por un guión mental establecido. Ningún diálogo quería esquivar los lugares comunes y las charlas de ascensor. La autocensura era automática, en ningún caso forzada por el miedo a las consecuencias. El pensamiento crítico, el desafío a la autoridad y a las verdades oficiales no tenían cabida en las mentes de los ciudadanos del Sistema Habían hecho falta varias generaciones aplicando adoctrinamiento diurno y nocturno (a través de la hipnosis durante el sueño) para suprimir estos impulsos de manera tranquila y silenciosa.

ROB27 y DAV27 entraron en un edificio gris oscuro. En un letrero gigantesco en la reaccionarioda se podía leer: Ministerio de Alimentación y Vivienda. Después del rutinario y exhaustivo control a la entrada accedieron a uno de los numerosos ascensores y subieron lentamente hasta la planta vigésimo séptima. Una variación del hilo musical del restaurante se escurría en sus oídos. El edificio contaba con cerca de cien plantas, al menos en ese primer tramo de ascensores. Su perfil destacaba en el horizonte de la ciudad de manera espectral, tan solo superado por el Ministerio de Guerra, que con su forma de X gigante y su tonalidad zain pizarra dominaba el paisaje urbano como dos espadas clavadas en la tierra por antiguos gigantes. Este tenía forma de U mayúscula invertida, aunque algunos decían que se trataba más de un “n” minúscula ya que de una de las dos “patas” crecía una torre, al modo de una chimenea apagada, que se elevaba diez plantas más.

Alrededor de veinte cabezas fueron desalojando pogre y ocupando sus mesas de trabajo ordenada y mansamente. Al llegar a la planta vigésimo séptima tan solo quedaban Rob, Dav y una chica a la que no conocían. Se miraron extrañados y avanzaron hacia sus puestos.La chica salió la última y comenzó a andar detrás de ellos.Tendría alrededor de 35 años, aunque su aspecto era casi juvenil. Llevaba el pelo rubio recogido y oculto bajo un gorrito de lana zain. A pesar de no parecer familiarizada con el lugar donde estaba, caminaba con decisión. En su mano izquierda portaba una cartera gruesa de piel. Giró a la derecha y continuó por un pasillo interminable mientras ellos se sentaban en sus mesas.

Rob27 inició sesión acercando los ojos a un visor y una pantalla apareció frente a él. Revisó su bandeja de entrada: varias decenas de solicitudes seguían pendientes de gestión. Comenzó a teclear de manera rutinaria. A su lado DAV27 repasaba los informes del día anterior.

La apariencia era uno de los pilares del sistema. Bañaba todos los aspectos de la sociedad, todos los ámbitos. ¿Existía variedad? No, pero si apariencia de variedad. Siempre dentro de un orden, era eficaz para mantener una estructura con rasgos caóticos que diera una sensación de pluralidad, diversidad y libertad pero que conservara internamente un orden preciso y necesario para el control de la población; el antiquísimo aforismo Ord ab chao, seguía vigente aunque invisible pues el verdadero conocimiento, considerado peligroso, fue definitivamente escondido a los ojos de la gente al firmarse la paz tras la 2º Guerra Global. En la mayoría de las sociedades anteriores primaba la libertad individual de elección. Pero nos engañemos, todo individuo era libre y condicionado, y por tanto afectado por comprensibles sugestiones externas producidas por factores sociales y publicitarios pero finalmente se apostaba por legitimar un elección desde el interior de cada individuo. Debido a los continuos fracasos en equilibrar los millones de libertades individuales en perpetuo juego y competición esta opción había sido desechada, Mientras que en épocas pretéritas los ciudadanos cobraban un salario y disponían de él para tomar las elecciones vitales que les definían, eso ya no existía. No había salarios, no había dinero y nada se podía comprar o vender. De hecho estas palabras hacía tiempo que ya no aparecían en el diccionario oficial, ni siquiera como un atavismo.

Rob y Dav eran doblemente vecinos, en el trabajo y al volver a sus casas. Nacidos en el mismo lote, y esto quiere decir, misma fecha, mismo recipiente y mismos condicionantes genéticos, compartían desde hacía unos meses lugar de trabajo, transporte y vivienda. Algo temporal e inusual. Generalmente había un rotación periódica de vivienda y trabajo para garantizar el mantra sistémico: Igualdad, Sacrificio, Entrega.
..............
 
Hola creador del hilo, me habías pedido que volviera a copiar el fragmento que subí durante los días de oscuridad en el foro Burbuja Pitch Black, del jueves 7 fatídico en que todos fuimos forasteros. En su lugar voy a copiar otro, de distinto estilo y contenido, tened en cuenta que no es un relato completo ni tiene esa intención, es solo un "trozo", despellejarme, por favor.

El bullicio inundaba toda la sala. Rob, Dav y Mar entraron en tromba por la puerta. Sentados alrededor de numerosas mesas, trabajadores de los edificios cercanos despachaban con avidez la comida que los camareros acercaban en bandejas metálicas. El movimiento de personas era constante.
La recepcionista acercó la pistola a sus muñecas y validó su acceso.
-¡Allí, cerca de la ventana!. - anunció Mar con un pequeño grito.
Un anodino hilo musical envolvía las conversaciones con sus repetitivos sonidos.
Se sentaron e inmediatamente llegó su comida. No había ni menú, ni carta, ni opciones. Todos los días cambiaba, todos los días era una y solo una para todos. Hoy: gorrino y ternera. Todo crudo, medio triturado y mezclado, aún sanguinolento. Antes de servirse un cocinero esparcía sobre la comida un pole obtenido de una mezcla deshidratada de verduras y frutas, lo que proporcionaba a la comida los nutrientes necesarios para cumplir los roles ciudadanos. Una dieta equilibrada y nada apetecible que cumplía los requisitos del Ministerio de Alimentación, que con su lema: “Salud, Fuerza. Vida”, inundaba periódicamente con carteles las paredes desabrigadas de los restaurantes.
Un chico vestido con un delantal zain apareció con una jarra gigantesca y llenó con un líquido pastoso verde sus vasos de cristal. Tenía el semblante serio y los ojos vacíos.
Comenzaron a comer como salvajes, con las manos, masticando sin piedad la carne, hundiendo sus caras en los platos.
Llovía con fuerza en la calle, las gotas ensuciaban los enormes cristales del comedor deformando la imagen exterior. Alguien abrió la puerta del local e intentó acceder. “Error en la validación”, acceso prohibido. Su cara se torció, quiso amagar una explicación pero entendió que no iba a servir de nada. Se dió la vuelta y se alejó calle arriba cubriéndose la cabeza con un cartón.
Retorciendo huesos y tendones, salpicando jugos y sangre en platos, escupiendo piel y cartílagos, pronto acabaron con todo lo que había en los platos.
Rob observó como una pequeña cuqui roja zigzagueaba entre las patas de la mesa. Levantó el pie esperando a que pasara justo por debajo. Gloria por aplastamiento pronosticó.
-¿Puedes traernos el postre?- Le lanzó a una camarera que regresaba a la cocina con platos y bandejas vacías.
-Sí, por favor, yo quiero Trotina, una dosis- añadió Dav.
-Lo mismo-, dijeron Rob y Mar.
A su lado una pareja apuró sus dosis y se levantó rápidamente.
El mismo camarero que les trajo la comida, apareció con una bandeja con tres frascos diminutos y la misma mirada alucinada.. R, D y M los cogieron, abrieron una tapita e inhalaron con fuerza el contenido.
-Vengaaaaaa- soltaron las servilletas manchadas de sangre y restos de comida y salieron del local.

El cielo seguía plomizo, sin nubes aparentes; una bóveda grisácea, monótona y monstruosa hecha de pinceladas invisibles flotaba sobre sus cabezas. La calle brillaba pero ni rastro de la tormenta. Todos los días caía agua con fuerza durante unos minutos y paraba de repente. Las nubes se disolvían casi al instante, como un terrón de azúcar en un vaso de agua hirviendo. Así ocurría desde que recordaban; parecía que la lluvia siguiera una programación exacta. Llovía profusamente todas las noches entre las dos y las cuatro de la madrugada, y durante el día a lo sumo tres o cuatro minutos de aguaceros intermitentes.. Era un patrón extrañamente regular para un fenómeno atmosférico al que se le presuponía cierta impredecibilidad, pero por insólito que pudiera parecer, nadie se preguntaba este tipo de cosas.

Comenzaron a andar. La gente se movía de manera uniforme y lenta, como una masa compacta de gusanos. Un murmullo continuo de voces apagadas, un siseo ininteligible discurría calle arriba y abajo hasta apagarse entre hileras de edificios idénticos. La acera disponía de carriles en ambos sentidos.Cada varios centenares de metros había arcos de seguridad que comprobaban automáticamente la identidad de los viandantes. Si la persona no tenía autorización en ese tramo, una discreto laser le marcaba en la frente y la policía le separaba e interrogaba. En la práctica totalidad de los casos se trataba de pequeños despistes en el rumbo o de fallos de identificación que se resolvían en apenas unos segundos; tan solo dos veces pudieron presenciar una de esas escenas que su memoria se empeñaba en rescatar del olvido, compuesta básicamente de gritos, frases inconexas, agentes de seguridad persiguiendo al infractor, un disparo paralizante y nula información después de que le metieran a la fuerza en un furgón gris. Nunca se conocía la historia completa y menos el desenlace, ni siquiera a través de tímidos rumores. Todos los que entraban en el vehículo no volvían a aparecer. Nadie se cuestionaría el destino de estas personas, nadie las echaría de menos. En esas ocasiones, la gente reaccionaba con indiferencia, bien continuaban andando o esperaban con la mirada bovina a que el infractor fuera sometido y encerrado. Una vez la imagen desaparecía de su vista así lo hacía de su interés. Proseguían su camino de manera hipnótica. Nunca había sucedido nada.

La gente apenas entablaba relaciones personales y de hacerlo eran superficiales y prudentes, no se preguntaba demasiado ni se expresaban opiniones y pensamientos a la ligera. La gente era correcta, generalmente educada, pero no podías esperar llegar a conocer a la otra persona, o tener conversaciones de tú a tú, charlas íntimas que dejaran traslucir un mínimo de humanidad, de espontaneidad. Todo aparentemente dirigido por un guión mental establecido. Ningún diálogo quería esquivar los lugares comunes y las charlas de ascensor. La autocensura era automática, en ningún caso forzada por el miedo a las consecuencias. El pensamiento crítico, el desafío a la autoridad y a las verdades oficiales no tenían cabida en las mentes de los ciudadanos del Sistema Habían hecho falta varias generaciones aplicando adoctrinamiento diurno y nocturno (a través de la hipnosis durante el sueño) para suprimir estos impulsos de manera tranquila y silenciosa.

ROB27 y DAV27 entraron en un edificio gris oscuro. En un letrero gigantesco en la reaccionarioda se podía leer: Ministerio de Alimentación y Vivienda. Después del rutinario y exhaustivo control a la entrada accedieron a uno de los numerosos ascensores y subieron lentamente hasta la planta vigésimo séptima. Una variación del hilo musical del restaurante se escurría en sus oídos. El edificio contaba con cerca de cien plantas, al menos en ese primer tramo de ascensores. Su perfil destacaba en el horizonte de la ciudad de manera espectral, tan solo superado por el Ministerio de Guerra, que con su forma de X gigante y su tonalidad zain pizarra dominaba el paisaje urbano como dos espadas clavadas en la tierra por antiguos gigantes. Este tenía forma de U mayúscula invertida, aunque algunos decían que se trataba más de un “n” minúscula ya que de una de las dos “patas” crecía una torre, al modo de una chimenea apagada, que se elevaba diez plantas más.

Alrededor de veinte cabezas fueron desalojando pogre y ocupando sus mesas de trabajo ordenada y mansamente. Al llegar a la planta vigésimo séptima tan solo quedaban Rob, Dav y una chica a la que no conocían. Se miraron extrañados y avanzaron hacia sus puestos.La chica salió la última y comenzó a andar detrás de ellos.Tendría alrededor de 35 años, aunque su aspecto era casi juvenil. Llevaba el pelo rubio recogido y oculto bajo un gorrito de lana zain. A pesar de no parecer familiarizada con el lugar donde estaba, caminaba con decisión. En su mano izquierda portaba una cartera gruesa de piel. Giró a la derecha y continuó por un pasillo interminable mientras ellos se sentaban en sus mesas.

Rob27 inició sesión acercando los ojos a un visor y una pantalla apareció frente a él. Revisó su bandeja de entrada: varias decenas de solicitudes seguían pendientes de gestión. Comenzó a teclear de manera rutinaria. A su lado DAV27 repasaba los informes del día anterior.

La apariencia era uno de los pilares del sistema. Bañaba todos los aspectos de la sociedad, todos los ámbitos. ¿Existía variedad? No, pero si apariencia de variedad. Siempre dentro de un orden, era eficaz para mantener una estructura con rasgos caóticos que diera una sensación de pluralidad, diversidad y libertad pero que conservara internamente un orden preciso y necesario para el control de la población; el antiquísimo aforismo Ord ab chao, seguía vigente aunque invisible pues el verdadero conocimiento, considerado peligroso, fue definitivamente escondido a los ojos de la gente al firmarse la paz tras la 2º Guerra Global. En la mayoría de las sociedades anteriores primaba la libertad individual de elección. Pero nos engañemos, todo individuo era libre y condicionado, y por tanto afectado por comprensibles sugestiones externas producidas por factores sociales y publicitarios pero finalmente se apostaba por legitimar un elección desde el interior de cada individuo. Debido a los continuos fracasos en equilibrar los millones de libertades individuales en perpetuo juego y competición esta opción había sido desechada, Mientras que en épocas pretéritas los ciudadanos cobraban un salario y disponían de él para tomar las elecciones vitales que les definían, eso ya no existía. No había salarios, no había dinero y nada se podía comprar o vender. De hecho estas palabras hacía tiempo que ya no aparecían en el diccionario oficial, ni siquiera como un atavismo.

Rob y Dav eran doblemente vecinos, en el trabajo y al volver a sus casas. Nacidos en el mismo lote, y esto quiere decir, misma fecha, mismo recipiente y mismos condicionantes genéticos, compartían desde hacía unos meses lugar de trabajo, transporte y vivienda. Algo temporal e inusual. Generalmente había un rotación periódica de vivienda y trabajo para garantizar el mantra sistémico: Igualdad, Sacrificio, Entrega.
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Bastante explotador. En algunos sitios me resulta un poco denso por la cantidad de adjetivos, pero es una característica estilística bastante común en la ciencia ficción.

Además tiene una cosa particularmente buena y es que no cae en la sobreexplicación de las cosas. No hace falta explicar qué malos es la Trotina, sólo saber que existe para darte la sensación adecuada de world building.
 
el estilo esta lleno de Una manola irrelevante...

.La chica salió la última y comenzó a andar detrás de ellos.Tendría alrededor de 35 años, aunque su aspecto era casi juvenil. Llevaba el pelo rubio recogido y oculto bajo un gorrito de lana zain. A pesar de no parecer familiarizada con el lugar donde estaba, caminaba con decisión. En su mano izquierda portaba una cartera gruesa de piel. Giró a la derecha y continuó por un pasillo interminable mientras ellos se sentaban en sus mesas.

que cjnes importa como llevara el pelo para esta parte de la trama? que mono el gorrito de lana zain verdad ? llenas todo de una manola sin venir a cuento.. por cierto tienes que ser muyer por esto...


y el tema tampoco ha sido nunca visto ...plagio de plagio de requeteplagio...
 
Última edición:
el estilo esta lleno de Una manola irrelevante...



que cjnes importa como llevara el pelo para esta parte de la trama? que mono el gorrito de lana zain verdad ? llenas todo de una manola sin venir a cuento.. por cierto tienes que ser muyer por esto...


y el tema tampoco ha sido nunca visto ...plagio de plagio de requeteplagio...
Mira que lo pensé, gorrito, gorrito, y tenía mis dudas, jajajaja, de todas formas, puede que haya una manola, pero vamos, tú para crítico mejor no. Sabusté?
 
Creo que está bien escrito. Un poco recargado y con algún que otro fallito gramatical pero en general bien. Pero me sucede lo mismo que con el texto anterior, me da la sensación de estar leyendo una redacción y no un relato o una novela. Si se trata de un relato hay que ser más concreto y quitar todo el relleno, ir al grano. Si se trata de una novela puedes recrearte todo lo que quieras, pero tiene que haber algo que enganche al lector, tienen que pasar cosas. No ir solo describiendo personajes y situaciones uno detrás de otro. Si estás haciendo una novela futurista no hace falta que cuentes al principio como es ese mundo con todo detalle, lo puedes ir contando poco a poco al mismo tiempo que desarrollas la historia.

El lector necesita algo que le enganche, algo que le intrigue, sino se aburre. Una conversación en el restaurante que haga pensar que los personajes están planeando algo y que intrigue al lector. Cualquier cosa. Explicar una sucesión de situaciones y hechos en las que no pasa nada y que no son relevantes para la historia aburre. Mucho.

Como detalle me cuesta imaginar un futuro, por muy distópico que sea y por muy controlada que esté la gente, en el que se coma carne cruda con total naturalidad. Y encima carne de calidad como gorrino y ternera. Supongo que alguna explicación tendrá dentro de tu relato, pero así de pronto chirría bastante. Uno se imagina un futuro con comida sintética, con comida industrial que simula ser natural, vegetarianismo, pastillas, etc... pero carne cruda con especias de frutas... jajaja que raro todo. Hay que intentar que la historia tenga cierta coherencia. Aunque bueno, si todo tiene una explicación racional me callo.

En definitiva, bastante pulcro y bien escrito pero aburrido.
Bastante explotador. En algunos sitios me resulta un poco denso por la cantidad de adjetivos, pero es una característica estilística bastante común en la ciencia ficción.
Gracias, tendré en cuenta los consejos. Saludos.
Además tiene una cosa particularmente buena y es que no cae en la sobreexplicación de las cosas. No hace falta explicar qué malos es la Trotina, sólo saber que existe para darte la sensación adecuada de world building.

Gracias.
 
parece que te pagaran por palabra , aparte hay cierto intento de pedanteria en tanta una manola.. y como ha dicho el forero aburre a las ovejas...
 
Créeme... no dice nada bueno de tú texto. Si fuera bueno, captaría mi atención aunque fuera un mal lector o tuviera problemas de atención. Lamentablemente, no soy ninguna de las dos cosas. Has perpetrado un bodriete previsible, gris y sin esperanza. La enésima distopia burbujoide de ingeniería social. Me sorprenderé mucho cuando introduzcas el feminista radical, la destrucción de las identidades "nacionales" o a Soros?

Conseguir que quiera concentrarme en una sola cosa es tu trabajo, recuerda.
Lo estás juzgando como un relato completo y no lo es. No tiene mucho sentido juzgarlo para empezar porque sería como observar un fragmento de una canción de un cuadro, de un edificio y extrapolar partes que no puedes ver, y no tengo problemas con las críticas, pero algunas las encuentro más acertadas que otras, no porque sean positivas o negativas, sino porque se centran en lo importante o en lo que rodea lo realmente importante, y tirar de esos clichés es fantasear de lo lindo. Si algún día te fijas en una película, las que tienen un buen guión suelen tener un primer giro en torno al minuto 10, casi es milimétrico, cosas de las matemáticas aplicadas al arte. Buscar en este extracto ese interés de la obra completa va un poco desencaminado, en cualquier caso, gracias.

Y no, no es una distopia gris y sin esperanza, tampoco una ucronía,
 
Jajajajajajajajjaaj menudo zascandil el Sortak autista.

Hacerme rico escribiendo y no va y saca una guano de texto infantil totalmente ridículo, sin chicha, estilo . Eso no es escribir, eso es juntar palabras amparado en la ridícula pretensión de fingir ser algo que no se es. Tienes demasiado ego para lo inútil que te muestras escribiendo, con lo cual no eres un escritor siquiera en potencia sino un gilipilas pedante que alimenta su ego produciendo esta cochambre.

La diferencia entre un escritor y un matao como el OP residen en que un escritor no escribe: se expresa literariamente, esto es, la creación precede al lenguaje. El ingenuo este lo que hace es juntar palabras intentado que tengan un sentido que no tienen. Por eso sus tonterias no transmiten nada. Pero para terminar de hundirle es que ni siquiera sabe juntar letras: la redacción es muy deficiente, no sabes expresarte, no impresionas al lector, no dominas las palabras con las que trabajas.


Toma nota y espabila papafrita que MIS AGALLAS MANDAN en esta materia.
 
Jajajajajajajajjaaj menudo zascandil el Sortak autista.

Hacerme rico escribiendo y no va y saca una guano de texto infantil totalmente ridículo, sin chicha, estilo . Eso no es escribir, eso es juntar palabras amparado en la ridícula pretensión de fingir ser algo que no se es. Tienes demasiado ego para lo inútil que te muestras escribiendo, con lo cual no eres un escritor siquiera en potencia sino un gilipilas pedante que alimenta su ego produciendo esta cochambre.

La diferencia entre un escritor y un matao como el OP residen en que un escritor no escribe: se expresa literariamente, esto es, la creación precede al lenguaje. El ingenuo este lo que hace es juntar palabras intentado que tengan un sentido que no tienen. Por eso sus tonterias no transmiten nada. Pero para terminar de hundirle es que ni siquiera sabe juntar letras: la redacción es muy deficiente, no sabes expresarte, no impresionas al lector, no dominas las palabras con las que trabajas.


Toma nota y espabila papafrita que MIS AGALLAS MANDAN en esta materia.
Tercio Viejo nunca defrauda!
 
Hola creador del hilo, me habías pedido que volviera a copiar el fragmento que subí durante los días de oscuridad en el foro Burbuja Pitch Black, del jueves 7 fatídico en que todos fuimos forasteros. En su lugar voy a copiar otro, de distinto estilo y contenido, tened en cuenta que no es un relato completo ni tiene esa intención, es solo un "trozo", despellejarme, por favor.

El bullicio inundaba toda la sala. Rob, Dav y Mar entraron en tromba por la puerta. Sentados alrededor de numerosas mesas, trabajadores de los edificios cercanos despachaban con avidez la comida que los camareros acercaban en bandejas metálicas. El movimiento de personas era constante.
La recepcionista acercó la pistola a sus muñecas y validó su acceso.
-¡Allí, cerca de la ventana!. - anunció Mar con un pequeño grito.
Un anodino hilo musical envolvía las conversaciones con sus repetitivos sonidos.
Se sentaron e inmediatamente llegó su comida. No había ni menú, ni carta, ni opciones. Todos los días cambiaba, todos los días era una y solo una para todos. Hoy: gorrino y ternera. Todo crudo, medio triturado y mezclado, aún sanguinolento. Antes de servirse un cocinero esparcía sobre la comida un pole obtenido de una mezcla deshidratada de verduras y frutas, lo que proporcionaba a la comida los nutrientes necesarios para cumplir los roles ciudadanos. Una dieta equilibrada y nada apetecible que cumplía los requisitos del Ministerio de Alimentación, que con su lema: “Salud, Fuerza. Vida”, inundaba periódicamente con carteles las paredes desabrigadas de los restaurantes.
Un chico vestido con un delantal zain apareció con una jarra gigantesca y llenó con un líquido pastoso verde sus vasos de cristal. Tenía el semblante serio y los ojos vacíos.
Comenzaron a comer como salvajes, con las manos, masticando sin piedad la carne, hundiendo sus caras en los platos.
Llovía con fuerza en la calle, las gotas ensuciaban los enormes cristales del comedor deformando la imagen exterior. Alguien abrió la puerta del local e intentó acceder. “Error en la validación”, acceso prohibido. Su cara se torció, quiso amagar una explicación pero entendió que no iba a servir de nada. Se dió la vuelta y se alejó calle arriba cubriéndose la cabeza con un cartón.
Retorciendo huesos y tendones, salpicando jugos y sangre en platos, escupiendo piel y cartílagos, pronto acabaron con todo lo que había en los platos.
Rob observó como una pequeña cuqui roja zigzagueaba entre las patas de la mesa. Levantó el pie esperando a que pasara justo por debajo. Gloria por aplastamiento pronosticó.
-¿Puedes traernos el postre?- Le lanzó a una camarera que regresaba a la cocina con platos y bandejas vacías.
-Sí, por favor, yo quiero Trotina, una dosis- añadió Dav.
-Lo mismo-, dijeron Rob y Mar.
A su lado una pareja apuró sus dosis y se levantó rápidamente.
El mismo camarero que les trajo la comida, apareció con una bandeja con tres frascos diminutos y la misma mirada alucinada.. R, D y M los cogieron, abrieron una tapita e inhalaron con fuerza el contenido.
-Vengaaaaaa- soltaron las servilletas manchadas de sangre y restos de comida y salieron del local.

El cielo seguía plomizo, sin nubes aparentes; una bóveda grisácea, monótona y monstruosa hecha de pinceladas invisibles flotaba sobre sus cabezas. La calle brillaba pero ni rastro de la tormenta. Todos los días caía agua con fuerza durante unos minutos y paraba de repente. Las nubes se disolvían casi al instante, como un terrón de azúcar en un vaso de agua hirviendo. Así ocurría desde que recordaban; parecía que la lluvia siguiera una programación exacta. Llovía profusamente todas las noches entre las dos y las cuatro de la madrugada, y durante el día a lo sumo tres o cuatro minutos de aguaceros intermitentes.. Era un patrón extrañamente regular para un fenómeno atmosférico al que se le presuponía cierta impredecibilidad, pero por insólito que pudiera parecer, nadie se preguntaba este tipo de cosas.

Comenzaron a andar. La gente se movía de manera uniforme y lenta, como una masa compacta de gusanos. Un murmullo continuo de voces apagadas, un siseo ininteligible discurría calle arriba y abajo hasta apagarse entre hileras de edificios idénticos. La acera disponía de carriles en ambos sentidos.Cada varios centenares de metros había arcos de seguridad que comprobaban automáticamente la identidad de los viandantes. Si la persona no tenía autorización en ese tramo, una discreto laser le marcaba en la frente y la policía le separaba e interrogaba. En la práctica totalidad de los casos se trataba de pequeños despistes en el rumbo o de fallos de identificación que se resolvían en apenas unos segundos; tan solo dos veces pudieron presenciar una de esas escenas que su memoria se empeñaba en rescatar del olvido, compuesta básicamente de gritos, frases inconexas, agentes de seguridad persiguiendo al infractor, un disparo paralizante y nula información después de que le metieran a la fuerza en un furgón gris. Nunca se conocía la historia completa y menos el desenlace, ni siquiera a través de tímidos rumores. Todos los que entraban en el vehículo no volvían a aparecer. Nadie se cuestionaría el destino de estas personas, nadie las echaría de menos. En esas ocasiones, la gente reaccionaba con indiferencia, bien continuaban andando o esperaban con la mirada bovina a que el infractor fuera sometido y encerrado. Una vez la imagen desaparecía de su vista así lo hacía de su interés. Proseguían su camino de manera hipnótica. Nunca había sucedido nada.

La gente apenas entablaba relaciones personales y de hacerlo eran superficiales y prudentes, no se preguntaba demasiado ni se expresaban opiniones y pensamientos a la ligera. La gente era correcta, generalmente educada, pero no podías esperar llegar a conocer a la otra persona, o tener conversaciones de tú a tú, charlas íntimas que dejaran traslucir un mínimo de humanidad, de espontaneidad. Todo aparentemente dirigido por un guión mental establecido. Ningún diálogo quería esquivar los lugares comunes y las charlas de ascensor. La autocensura era automática, en ningún caso forzada por el miedo a las consecuencias. El pensamiento crítico, el desafío a la autoridad y a las verdades oficiales no tenían cabida en las mentes de los ciudadanos del Sistema Habían hecho falta varias generaciones aplicando adoctrinamiento diurno y nocturno (a través de la hipnosis durante el sueño) para suprimir estos impulsos de manera tranquila y silenciosa.

ROB27 y DAV27 entraron en un edificio gris oscuro. En un letrero gigantesco en la reaccionarioda se podía leer: Ministerio de Alimentación y Vivienda. Después del rutinario y exhaustivo control a la entrada accedieron a uno de los numerosos ascensores y subieron lentamente hasta la planta vigésimo séptima. Una variación del hilo musical del restaurante se escurría en sus oídos. El edificio contaba con cerca de cien plantas, al menos en ese primer tramo de ascensores. Su perfil destacaba en el horizonte de la ciudad de manera espectral, tan solo superado por el Ministerio de Guerra, que con su forma de X gigante y su tonalidad zain pizarra dominaba el paisaje urbano como dos espadas clavadas en la tierra por antiguos gigantes. Este tenía forma de U mayúscula invertida, aunque algunos decían que se trataba más de un “n” minúscula ya que de una de las dos “patas” crecía una torre, al modo de una chimenea apagada, que se elevaba diez plantas más.

Alrededor de veinte cabezas fueron desalojando pogre y ocupando sus mesas de trabajo ordenada y mansamente. Al llegar a la planta vigésimo séptima tan solo quedaban Rob, Dav y una chica a la que no conocían. Se miraron extrañados y avanzaron hacia sus puestos.La chica salió la última y comenzó a andar detrás de ellos.Tendría alrededor de 35 años, aunque su aspecto era casi juvenil. Llevaba el pelo rubio recogido y oculto bajo un gorrito de lana zain. A pesar de no parecer familiarizada con el lugar donde estaba, caminaba con decisión. En su mano izquierda portaba una cartera gruesa de piel. Giró a la derecha y continuó por un pasillo interminable mientras ellos se sentaban en sus mesas.

Rob27 inició sesión acercando los ojos a un visor y una pantalla apareció frente a él. Revisó su bandeja de entrada: varias decenas de solicitudes seguían pendientes de gestión. Comenzó a teclear de manera rutinaria. A su lado DAV27 repasaba los informes del día anterior.

La apariencia era uno de los pilares del sistema. Bañaba todos los aspectos de la sociedad, todos los ámbitos. ¿Existía variedad? No, pero si apariencia de variedad. Siempre dentro de un orden, era eficaz para mantener una estructura con rasgos caóticos que diera una sensación de pluralidad, diversidad y libertad pero que conservara internamente un orden preciso y necesario para el control de la población; el antiquísimo aforismo Ord ab chao, seguía vigente aunque invisible pues el verdadero conocimiento, considerado peligroso, fue definitivamente escondido a los ojos de la gente al firmarse la paz tras la 2º Guerra Global. En la mayoría de las sociedades anteriores primaba la libertad individual de elección. Pero nos engañemos, todo individuo era libre y condicionado, y por tanto afectado por comprensibles sugestiones externas producidas por factores sociales y publicitarios pero finalmente se apostaba por legitimar un elección desde el interior de cada individuo. Debido a los continuos fracasos en equilibrar los millones de libertades individuales en perpetuo juego y competición esta opción había sido desechada, Mientras que en épocas pretéritas los ciudadanos cobraban un salario y disponían de él para tomar las elecciones vitales que les definían, eso ya no existía. No había salarios, no había dinero y nada se podía comprar o vender. De hecho estas palabras hacía tiempo que ya no aparecían en el diccionario oficial, ni siquiera como un atavismo.

Rob y Dav eran doblemente vecinos, en el trabajo y al volver a sus casas. Nacidos en el mismo lote, y esto quiere decir, misma fecha, mismo recipiente y mismos condicionantes genéticos, compartían desde hacía unos meses lugar de trabajo, transporte y vivienda. Algo temporal e inusual. Generalmente había un rotación periódica de vivienda y trabajo para garantizar el mantra sistémico: Igualdad, Sacrificio, Entrega.
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¡Me ha encantado! Has sabido mostrar en pocas pinceladas de narración atisbos de una sociedad distópica futura. Habría que corregir pequeños fallos (creo que no es correcto que cuando le llevan el postre los llames solo por las iniciales, cuando en el resto del fragmento usas sus nombres completos) y pulir algunas cosas más, pero está bien.

Tienes potencial. Creo que deberías escribir la novela entera y luego intentar autopublicarte. Mi consejo es que cuando acabes y después de hacer tú una primera revisión, se la pases a varios lectores beta de confianza y obligatorio: alguien que te la corrija. Si es un amigo o amiga que entienda de literatura, mejor.

Después, cuida las redes sociales. Promociónala por todos los canales que puedas y haz algo de marketing para que destaque.

Por último, no hagas caso de los críticos impotentes a los que solo se le pone morcillona cuando despellejan autores nóveles. Los sabrás reconocer enseguida, aquí, en este foro, hay varios.

Aunque ya conté todo lo que tenía que contar sobre mi método y ya no contesto a los críticos fatuos (me despedí de ellos), siempre haré aportaciones en temas literarios, ya sea en este hilo o en otros.
 
pues nada compraros mutuamente vuestras guano los 2 grandes autores.... ajaja...vaya tela...
 
el problema es que no es un autor "mercenario" , es un inutil que cree ser escritor de ciencia ficcion(aunque de ese tema no ha puesto nada) y de "fantasia fantastica" (en este genero ya hemos visto de lo que es capaz,,,)...

si no sabe ni escribir de los temas que le gustan es improbable que supiera amoldarse a otros temas y edades...
 
Creo que otra cosa que pasa usted por alto es el público objetivo al que dirigirse, máxime si se trata de literatura comercial. ¿Se ve usted a un cuarentón disfrutando de sus escritos? Los que les comentan en este hilo si no son de esa edad, están cerca. ¿A un adolescente, quizás? La literatura ya digo puede ser malísima que si está dirigida al segmento de edad adecuado puede resultar un verdadero éxito en ventas.

Antes de escribir, piense en su público.

Muy buen consejo. Gracias.

No hay que confundir buena literatura con éxito literario.

Como ya he dicho, me conformo con unos buenos bestseller, su correspondiente adaptación a cine y/o televisión y ganar unos cuantos millones.
 
Como ya he dicho, me conformo con unos buenos bestseller, su correspondiente adaptación a cine y/o televisión y ganar unos cuantos millones.

Enhorabuena por la modestia, humildad y falta de soberbia. Me siento muy identificado. Yo también me conformo con unos buenos descubrimientos científicos, su correspondiente adaptación bibliógrafica por un escritor del nivel excelso del señor Rearden y ganar unos cuantos premios Nobel.
 
Enhorabuena por la modestia, humildad y falta de soberbia. Me siento muy identificado. Yo también me conformo con unos buenos descubrimientos científicos, su correspondiente adaptación bibliógrafica por un escritor del nivel excelso del señor Rearden y ganar unos cuantos premios Nobel.

O César o nada.
 

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