Plan para hacerme rico como escritor

Creo que hoy en día ningún escritor se va a hacer rico como antes.

¿Malvivir de ello? Tal vez, haciendo un montón de cosas
"extra", además de escribir libros (ferias, presentaciones,
concursos, escribir como "zain" para otros...

Y lo de enviar originales a editoriales,
no te lo recomiendo para nada. ¿Por qué?
Porque las editoriales copiarán tu idea
(si es buena y tiene alguna posibilidad)
y se la darán a un filólogo en plantilla,
que cambiará lo mínimo para no tener
que darte ni un céntimo por derechos de autor.

Así funciona, amigo.

Yo te recomiendo que sigas escribiendo
por placer, y publicando porque te gusta,
pero sin tener esa idea de "hacerte rico".

Si tu trabajo vale la pena, llegarás lejos.
Pero sinceramente, he leído lo que has posteado
aquí, y me parece bastante normalito, tirando a amateur.
Por favor, espero que no te lo tomes a mal.
A mí me encanta leer, y creo que algo de criterio tengo.

En fín, te deseo mucha suerte igualmente!!!


Saludos!!!


es tipico de los mediocres e inutiles querer alcanzar la fama y riqueza.... es algo que no entienden que el arte es una llamada a expresar el talento sin esperar mas a cambio,,
 
Un buen escritor debe aceptar las críticas y forjar el caracter para luego no emborracharse de exito.

Hay críticas y críticas. Hay gente que da su humilde opinión de lo que no le gusta y con cuyos comentarios puedes aprender y luego hay otros que son personas tóxicas, que critican por puro afán de humillar al objeto de sus burlas. Son acosadores de manual y no se les debe dar tregua. Muchos críticos profesionales disfrutan con sus críticas destructivas por puro placer sádico.
 
Lo prometido es deuda. Me ha llevado un rato hacerlo, pero ya está: Un relato en exclusiva para burbuja:



El bautismo

La oscura y mal iluminada iglesia del pequeño pueblo, casi aldea, de Zaramilla de la Jara estaba de fiesta ese domingo. Casi todos los parroquianos se habían reunido para un acontecimiento especial: el primer bautismo de ese año. La Venancia, una muyer alta y morena de muslos como columnas y pechos como panes de hogaza, traía a su primer retoño a bautizar. A su lado estaba el Cipri, su mar1, todo ufano y contento llevando en brazos al que creía su primer descendiente.

Sin embargo, todos los vecinos del pueblo sabían que la Venancia era una muyer disoluta, amiga de llenar de sangre las vergas de todos los nacidos hombre ya fueran zagales a los que les estaba cambiando la voz, como viejos achacosos y cuasi impotentes. Solo el alicuecan esposo y algún despistado que vivía en la montaña pastoreando las ovejas no se habían enterado de que clase de meretriz bíblica era esa muyer de armas tomar. Todos estaban en la iglesia por lo especial del acontecimiento y porque iban haciendo apuestas de quién de entre los asistentes sería el verdadero padre.

El párroco, que había estado preparando el lugar de culto para celebrar la incorporación de un nuevo miembro a la Iglesia, se había tenido que aliviar un rato antes con la única monaguilla con la que contaba el pueblo. La Jacinta era una joven pazguata, bajita, con el pecho plano y pelo corto, que con sus 18 años recién cumplidos la única ocupación que podía desempeñar con su escasa sesera era ayudar al cura del pueblo. También decían las malas lenguas que era de visitar la isla de Lesbos, pero eso al clérigo le daba igual. Dándole mil pesetas se dejaba hacer una irrumatio, pecado al que había tenido que recurrir para eliminar la rigidez que no le bajaba y que despuntaba en su sotana esa mañana. Saber que la Venancia se iba a acercar a la pila bautismal con ese par de ubres que ocupaban su pecho, asomándose de manera pecaminosa por el impúdico balcón le había puesto malo, ya que cada vez que dicha feligresa acudía a confesión, el cura se tenía que aliviar con el vicio de Onán.

La Jacinta era sencilla, pero dispuesta. El cura, después de depositar su semilla en su boca, le indicó que debía tragárselo todo, porque si no el pecado sería mayor: el de derramar la simiente en la tierra, por el cual fue castigado Onán por Dios. La monaguilla, obediente, le limpió el glande con un corporal viejo, ya desacralizado, y cuya suavidad tras limpiar innumerables veces el cáliz, servía ahora para dar brillo a un objeto igual de sagrado. Tras envainarse el miembro, ya flácido, y atusarse la sotana, salieron ambos de la sacristía para oficiar la misa y el bautismo del pequeño infante.

Ahí estaba la Venancia, con un vestido zain ligero y una peineta que sujetaba su velo, zain también. Acababa de dar de hacer cositas al niño y el cura pudo atisbar por un segundo, cuando la progenitora se guardó el seno, grande, blanco y lleno de venas, un pezón oscuro, rellenito como un dedal, y goteante de leche. El falo se le revolvió semierecto en su entrepierna. Por suerte, gracias a la disoluta Jacinta, su miembro estaba exhausto, sin fuerzas y pudo ponerse delante de los asistentes sin que se notara su turbación.

La ceremonia se fue desarrollando con parsimonia y los cuchicheos acerca de la paternidad del niño eran un leve ruido de fondo que apenas se sentía. Se leyeron salmos, el padrino se acercó al atril, la Venancia se limpió una lágrima y el supuesto padre del niño lo acunaba para que no llorase. Todo parecía ir sobre la seda, pero la Brígida, una vieja bruja experta en pociones abortivas, quitar el mal de ojo y hacer filtros de amor, no estaba feliz con la ceremonia. Su descendiente, el Toribio, un hombre decidido, fuerte y guapo, se había ido a hacer la mili a Jovenlandia después de que la Venancia lo rechazase, aunque cohabitase un tiempo con ella. Allí, haciendo la instrucción, pisó una mina que se lo llevó por delante y la dejó a ella sola en este mundo. Pero eso el párroco no lo sabía y ese fue el mayor error que se cometió ese día.

Brígida tenía como misión ese día rellenar el incensario, cosa que hizo en esa última parte de la ceremonia. Pero no usó incienso, sino una mezcla de hierbas muy especial y peligrosa, proveniente de un conjuro de magia zain que ella nunca había usado hasta ahora. También marcó, mucho antes de que empezara la ceremonia, con la iglesia vacía, un pentagrama que incluía la pila bautismal en su centro. Tras volver a su asiento, sintió el aroma especial que empezaba a surgir del incensario y que hacía que todos los asistentes se sintiesen un poco más ligeros, como si flotasen.

El cura indicó a los padres y al padrino que se acercaran a la pila bautismal, pero lo hizo sin mucha convicción. El olor a hierbas le había embriagado y no se sentía igual. La Venancia sujetaba a su niño, pe
Brígida tenía como misión ese día rellenar el incensario, cosa que hizo en esa última parte de la ceremonia. Pero no usó incienso, sino una mezcla de hierbas muy especial y peligrosa, proveniente de un conjuro de magia zain que ella nunca había usado hasta ahora. También marcó, mucho antes de que empezara la ceremonia, con la iglesia vacía, un pentáculo que incluía la pila bautismal en su centro. Tras volver a su asiento, sintió el aroma especial que empezaba a surgir del incensario y que hacía que todos los asistentes se sintiesen un poco más ligeros, como si flotasen.

El cura indicó a los padres y al padrino que se acercaran a la pila bautismal, pero lo hizo sin mucha convicción. El olor a hierbas le había embriagado y no se sentía igual. La Venancia sujetaba a su niño, pero parecía que requería mucha fuerza hacerlo y empezaba a jadear apresuradamente. El padre y el padrino también se sentían raros, con una extraña sonrisa en la boca. El parróco miró hacía abajo y su rigidez era dolorosa y prominente, pero, extrañamente, no le importaba que le viesen así. La progenitora tuvo que pedir al padre que sujetase al bebé, y tuvo que apoyar las manos en la pila bautismal. Los sobacos goteaban sudor por el vestido de la Venancia, los galleta manchaban la parte delantera con su leche y las ubres oscilaban delante del cura con movimiento rítmico e hipnótico.

La Jacinta sabía que el párroco lo estaba pasando mal y sabía como aliviarlo. Además, el contemplar los pechos ondulantes de la Venancia la había excitado y sentía un calor intenso en su interior. Se metió dentro de la sotana y se colocó el turgente y duro miembro en la boca. El párroco agradeció el alivio y su mirada se dirigió por un momento hacia el crucero de la nave antes de bajar de nuevo y darse cuenta, como si estuviera viendo una imagen muy lejana, como el resto de asistentes se habían desabrigadado y estaban fornicando unos con otros.

La Venancia se quitó la parte superior del vestido y con los dos senos al aire volvió a dar de hacer cositas con el izquierdo al infante. El derecho estaba siendo succionado por el mar1, al mismo tiempo que se toca. El padrino, por su lado, le había levantado el vestido y le estaba sacando brillo el pandero a la progenitora, mientras manipulaba también su miembro viril.

Los tres llegaron simultáneamente al clímax dentro de la estrella pentagonal; el cura, el padre y el padrino. Pero, mientras el clérigo había tenido la precaución de culminar dentro de la boca de Jacinta, los otros dos lo hicieron sobre la tierra y eso fue su perdición. El párroco y la monaguilla fueron lanzados hacia fuera del pentáculo por una fuerza invisible, mientras que el padre y el padrino fueron absorbidos por dos agujeros en el suelo del que salían llamas. En ese momento se materializó un ser monstruoso, con cabeza de carnero, testículos como bolas de petanca y una verga larga, gruesa y rugosa como rama de árbol.
ro parecía que requería mucha fuerza hacerlo y empezaba a jadear apresuradamente. El padre y el padrino también se sentían raros, con una extraña sonrisa en la boca. El parróco miró hacía abajo y su rigidez era dolorosa y prominente, pero, extrañamente, no le importaba que le viesen así. La progenitora tuvo que pedir al padre que sujetase al bebé, y tuvo que apoyar las manos en la pila bautismal. Los sobacos goteaban sudor por el vestido de la Venancia, los galleta manchaban la parte delantera con su leche y las ubres oscilaban delante del cura con movimiento rítmico e hipnótico.

La Jacinta sabía que el párroco lo estaba pasando mal y sabía como aliviarlo. Además, el contemplar los pechos ondulantes de la Venancia la había excitado y sentía un calor intenso en su interior. Se metió dentro de la sotana y se colocó el turgente y duro miembro en la boca. El párroco agradeció el alivio y su mirada se dirigió por un momento hacia el crucero de la nave antes de bajar de nuevo y darse cuenta, como si estuviera viendo una imagen muy lejana, como el resto de asistentes se habían desabrigadado y estaban fornicando unos con otros.

La Venancia se quitó la parte superior del vestido y con los dos senos al aire volvió a dar de hacer cositas con el izquierdo al infante. El derecho estaba siendo succionado por el mar1, al mismo tiempo que se toca. El padrino, por su lado, le había levantado el vestido y le estaba sacando brillo el pandero a la progenitora, mientras manipulaba también su miembro viril.

Los tres llegaron simultáneamente al clímax dentro del pentagrama, el cura, el padre y el padrino. Pero, mientras el clérigo había tenido la precaución de culminar dentro de la boca de Jacinta, los otros dos lo hicieron sobre la tierra y eso fue su perdición. El párroco y la monaguilla fueron lanzados hacia fuera del pentagrama por una fuerza invisible, mientras que el padre y el padrino fueron absorbidos por dos agujeros en el suelo del que salían llamas. En ese momento se materializó un ser monstruoso, con cabeza de carnero, testículos como bolas de petanca y una verga larga, gruesa y rugosa como rama de árbol.

De su garganta demoníaca salió un estentóreo rugido:

-Reclamo a esta impúdica pecadora como mi concubina y a su fruto como mi representante en la Tierra. Disfrutad hoy de los placeres de la carne, porque mañana será el lloro y el crujir de dientes. Me la llevaré a ella al infierno y al niño lo dejaré aquí para que os sojuzgue en el futuro.
-No puede hacer eso -exclamó la Jacinta con voz ida y cara de alucinada.
-¿Por qué no?
-Porque todavía no se ha bautizado a la criatura con su nombre.
-Se hará, pero no así.

El diablo ladeó la pila, tirando el agua consagrada. Después, con la pila ya en su posición y vacía, apretó los pechos de la Venancia con fuerza, saliendo sendos chorros de leche que llenaron la pila con un dedo de profundidad de líquido materno. Materializó un pequeño matraz con el que vertió un líquido oscuro dentro del sagrado recipiente y, por último, removió con un dedo. Cogió al niño y declamó:

-Yo te bautizo, con el nombre de
ponga aquí el lector el nombre de su peor enemigo
para que los gobiernes a todos.
-¡Amen! -Replicaron todos los embrujados participantes de la diabólica misa.
 
Última edición:
Lo prometido es deuda. Me ha llevado un rato hacerlo, pero ya está: Un relato en exclusiva para burbuja:



El bautismo

La oscura y mal iluminada iglesia del pequeño pueblo, casi aldea, de Zaramilla de la Jara estaba de fiesta ese domingo. Casi todos los parroquianos se habían reunido para un acontecimiento especial: el primer bautismo de ese año. La Venancia, una muyer alta y morena de muslos como columnas y pechos como panes de hogaza, traía a su primer retoño a bautizar. A su lado estaba el Cipri, su mar1, todo ufano y contento llevando en brazos al que creía su primer descendiente.

Sin embargo, todos los vecinos del pueblo sabían que la Venancia era una muyer disoluta, amiga de llenar de sangre las vergas de todos los nacidos hombre ya fueran zagales a los que les estaba cambiando la voz, como viejos achacosos y cuasi impotentes. Solo el alicuecan esposo y algún despistado que vivía en la montaña pastoreando las ovejas no se habían enterado de que clase de meretriz bíblica era esa muyer de armas tomar. Todos estaban en la iglesia por lo especial del acontecimiento y porque iban haciendo apuestas de quién de entre los asistentes sería el verdadero padre.

El párroco, que había estado preparando el lugar de culto para celebrar la incorporación de un nuevo miembro a la Iglesia, se había tenido que aliviar un rato antes con la única monaguilla con la que contaba el pueblo. La Jacinta era una joven pazguata, bajita, con el pecho plano y pelo corto, que con sus 18 años recién cumplidos la única ocupación que podía desempeñar con su escasa sesera era ayudar al cura del pueblo. También decían las malas lenguas que era de visitar la isla de Lesbos, pero eso al clérigo le daba igual. Dándole mil pesetas se dejaba hacer una irrumatio, pecado al que había tenido que recurrir para eliminar la rigidez que no le bajaba y que despuntaba en su sotana esa mañana. Saber que la Venancia se iba a acercar a la pila bautismal con ese par de ubres que ocupaban su pecho, asomándose de manera pecaminosa por el impúdico balcón le había puesto malo, ya que cada vez que dicha feligresa acudía a confesión, el cura se tenía que aliviar con el vicio de Onán.

La Jacinta era sencilla, pero dispuesta. El cura, después de depositar su semilla en su boca, le indicó que debía tragárselo todo, porque si no el pecado sería mayor: el de derramar la simiente en la tierra, por el cual fue castigado Onán por Dios. La monaguilla, obediente, le limpió el glande con un corporal viejo, ya desacralizado, y cuya suavidad tras limpiar innumerables veces el cáliz, servía ahora para dar brillo a un objeto igual de sagrado. Tras envainarse el miembro, ya flácido, y atusarse la sotana, salieron ambos de la sacristía para oficiar la misa y el bautismo del pequeño infante.

Ahí estaba la Venancia, con un vestido zain ligero y una peineta que sujetaba su velo, zain también. Acababa de dar de hacer cositas al niño y el cura pudo atisbar por un segundo, cuando la progenitora se guardó el seno, grande, blanco y lleno de venas, un pezón oscuro, rellenito como un dedal, y goteante de leche. El falo se le revolvió semierecto en su entrepierna. Por suerte, gracias a la disoluta Jacinta, su miembro estaba exhausto, sin fuerzas y pudo ponerse delante de los asistentes sin que se notara su turbación.

La ceremonia se fue desarrollando con parsimonia y los cuchicheos acerca de la paternidad del niño eran un leve ruido de fondo que apenas se sentía. Se leyeron salmos, el padrino se acercó al atril, la Venancia se limpió una lágrima y el supuesto padre del niño lo acunaba para que no llorase. Todo parecía ir sobre la seda, pero la Brígida, una vieja bruja experta en pociones abortivas, quitar el mal de ojo y hacer filtros de amor, no estaba feliz con la ceremonia. Su descendiente, el Toribio, un hombre decidido, fuerte y guapo, se había ido a hacer la mili a Jovenlandia después de que la Venancia lo rechazase, aunque cohabitase un tiempo con ella. Allí, haciendo la instrucción, pisó una mina que se lo llevó por delante y la dejó a ella sola en este mundo. Pero eso el párroco no lo sabía y ese fue el mayor error que se cometió ese día.

Brígida tenía como misión ese día rellenar el incensario, cosa que hizo en esa última parte de la ceremonia. Pero no usó incienso, sino una mezcla de hierbas muy especial y peligrosa, proveniente de un conjuro de magia zain que ella nunca había usado hasta ahora. También marcó, mucho antes de que empezara la ceremonia, con la iglesia vacía, un pentagrama que incluía la pila bautismal en su centro. Tras volver a su asiento, sintió el aroma especial que empezaba a surgir del incensario y que hacía que todos los asistentes se sintiesen un poco más ligeros, como si flotasen.

El cura indicó a los padres y al padrino que se acercaran a la pila bautismal, pero lo hizo sin mucha convicción. El olor a hierbas le había embriagado y no se sentía igual. La Venancia sujetaba a su niño, pero parecía que requería mucha fuerza hacerlo y empezaba a jadear apresuradamente. El padre y el padrino también se sentían raros, con una extraña sonrisa en la boca. El parróco miró hacía abajo y su rigidez era dolorosa y prominente, pero, extrañamente, no le importaba que le viesen así. La progenitora tuvo que pedir al padre que sujetase al bebé, y tuvo que apoyar las manos en la pila bautismal. Los sobacos goteaban sudor por el vestido de la Venancia, los galleta manchaban la parte delantera con su leche y las ubres oscilaban delante del cura con movimiento rítmico e hipnótico.

La Jacinta sabía que el párroco lo estaba pasando mal y sabía como aliviarlo. Además, el contemplar los pechos ondulantes de la Venancia la había excitado y sentía un calor intenso en su interior. Se metió dentro de la sotana y se colocó el turgente y duro miembro en la boca. El párroco agradeció el alivio y su mirada se dirigió por un momento hacia el crucero de la nave antes de bajar de nuevo y darse cuenta, como si estuviera viendo una imagen muy lejana, como el resto de asistentes se habían desabrigadado y estaban fornicando unos con otros.

La Venancia se quitó la parte superior del vestido y con los dos senos al aire volvió a dar de hacer cositas con el izquierdo al infante. El derecho estaba siendo succionado por el mar1, al mismo tiempo que se toca. El padrino, por su lado, le había levantado el vestido y le estaba sacando brillo el pandero a la progenitora, mientras manipulaba también su miembro viril.

Los tres llegaron simultáneamente al clímax dentro del pentagrama, el cura, el padre y el padrino. Pero, mientras el clérigo había tenido la precaución de culminar dentro de la boca de Jacinta, los otros dos lo hicieron sobre la tierra y eso fue su perdición. El párroco y la monaguilla fueron lanzados hacia fuera del pentagrama por una fuerza invisible, mientras que el padre y el padrino fueron absorbidos por dos agujeros en el suelo del que salían llamas. En ese momento se materializó un ser monstruoso, con cabeza de carnero, testículos como bolas de petanca y una verga larga, gruesa y rugosa como rama de árbol.

De su garganta demoníaca salió un estentóreo rugido:

-Reclamo a esta impúdica pecadora como mi concubina y a su fruto como mi representante en la Tierra. Disfrutad hoy de los placeres de la carne, porque mañana será el lloro y el crujir de dientes. Me la llevaré a ella al infierno y al niño lo dejaré aquí para que os sojuzgue en el futuro.
-No puede hacer eso -exclamó la Jacinta con voz ida y cara de alucinada.
-¿Por qué no?
-Porque todavía no se ha bautizado a la criatura con su nombre.
-Se hará, pero no así.

El diablo ladeó la pila, tirando el agua consagrada. Después, con la pila ya en su posición y vacía, apretó los pechos de la Venancia con fuerza, saliendo sendos chorros de leche que llenaron la pila con un dedo de profundidad de líquido materno. Materializó un pequeño matraz con el que vertió un líquido oscuro dentro del sagrado recipiente y, por último, removió con un dedo. Cogió al niño y declamó:

-Yo te bautizo, con el nombre de
ponga aquí el lector el nombre de su peor enemigo
para que los gobiernes a todos.
-¡Amen! -Replicaron todos los embrujados participantes de la diabólica misa.
Esto está bastante mejor que el de Sortak y de hecho cuesta creer que haya podido nacer de un borrador como aquel.

El único pero que le pondría es que no me gusta que el narrador utilice vulgarismos para hablar de la gente del pueblo cuando se utiliza un lenguaje adornado para el resto del texto. Supongo que es una cuestión de gustos, pero a mí me saca un poco de lugar leer "la Venancia era un poco disoluta"... O la Venancia es fruta, o Venancia es disoluta, pero las dos cosas a la vez me suena raro.
 
Esto está bastante mejor que el de Sortak y de hecho cuesta creer que haya podido nacer de un borrador como aquel.

El único pero que le pondría es que no me gusta que el narrador utilice vulgarismos para hablar de la gente del pueblo cuando se utiliza un lenguaje adornado para el resto del texto. Supongo que es una cuestión de gustos, pero a mí me saca un poco de lugar leer "la Venancia era un poco disoluta"... O la Venancia es fruta, o Venancia es disoluta, pero las dos cosas a la vez me suena raro.

Quería usar adjetivos que no sonaran como palabrotas modernas. Es más rebuscado, pero también más laborioso. Lo fácil es tirar de fruta, agallas, etc. Pero decir cosas eróticas sin usar palabras malsonantes es complicado.

En todo caso, entiendo que no te guste. Fue una elección estilística mía.
 
Quería usar adjetivos que no sonaran como palabrotas modernas. Es más rebuscado, pero también más laborioso. Lo fácil es tirar de fruta, agallas, etc. Pero decir cosas eróticas sin usar palabras malsonantes es complicado.

En todo caso, entiendo que no te guste. Fue una elección estilística mía.
No me molesta el lenguaje florido, me resulta raro el vulgarismo de ponerle artículo al nombre. Pero bueno, hay que tener en cuenta que yo soy de Asturias y aquí eso no lo dice ni dios y nos suena ultra-pueblerino (para un catalán sin embargo podría sonarle casi neutro porque es la forma correcta de decirlo en catalán). Es como nuestro abuso de pretérito imperfecto o el laísmo que gastan los madrileños... cosas de los modismos regionales.
 
No me molesta el lenguaje florido, me resulta raro el vulgarismo de ponerle artículo al nombre. Pero bueno, hay que tener en cuenta que yo soy de Asturias y aquí eso no lo dice ni dios y nos suena ultra-pueblerino (para un catalán sin embargo podría sonarle casi neutro porque es la forma correcta de decirlo en catalán). Es como nuestro abuso de pretérito imperfecto o el laísmo que gastan los madrileños... cosas de los modismos regionales.

Sí, en mi región es frecuente usarlo en los pueblos.
 
la literatura es un género totalmente acabado, solo leen las muyer, cosas de muyer, de amor o algo así.
Yo no compraría un libro de literatura actual, me iría antes a un libro de un escritor antiguo y reconocido.
Si tienes talento métete en el mundo de la televisión, guionista o algo así.
 
jorobar pero que nueva GUANO has puesto . he leido acompañamientos eroticos a revistas prono mejor escritos y mas eroticos que esta guano... esto es peor que las simplezas del de batallitas... es da repelús incluso..
 
la literatura es un género totalmente acabado, solo leen las muyer, cosas de muyer, de amor o algo así.
Yo no compraría un libro de literatura actual, me iría antes a un libro de un escritor antiguo y reconocido.
Si tienes talento métete en el mundo de la televisión, guionista o algo así.

Por eso quiero triunfar con mis novelas y que las adapten al cine y/o televisión. Ahí es donde está el cash.
 
jorobar pero que nueva GUANO has puesto . he leido acompañamientos eroticos a revistas prono mejor escritos y mas eroticos que esta guano... esto es peor que las simplezas del de batallitas... es da repelús incluso..

Da repelús es que un tío tan limitado creativamente como tú, que postea textos de pintores haciéndoselos pasar por suyos, tenga el valor de criticar a nadie cuando está claro que no sabes juntar bien dos palabras seguidas.
 
Enhorabuena, has inventado un nuevo género, la prono-fantasía.

Me parece un bodrio igual que el de Sortak. Está mejor escrito, lo cuál no es difícil porque el otro parecía escrito por un niño de ocho años, pero sigue teniendo errores, y hace abuso de expresiones rebuscadas y artificiosas para intentar aparentar un nivel cultural y una soltura que no se tiene. Eso le hace quedar pretencioso y poco natural.

La historia es ridícula. Intenta captar el interés del lector con un erotismo de brocha fuerte, que no es más que prono barata sin la más mínima calidad ni sutileza, como un elefante en una cacharrería. La parte del monstruo es ridícula e infantil. Parece que tuvieras miedo de que si no metes enseguida una batalla épica o un monstruo se te fuesen a marchar los lectores. Un buen escritor sabe hipnotizar a un lector incluso explicándote una receta de cocina, no le hace falta caer en el efectismo barato. De hecho, la primera parte del relato, más pausada y trabajada, a pesar del prono chabacano, se viene abajo con la aparición del monstruito.

Otra cosa que no tiene mucho sentido es que si el hechizo de la bruja convierte a todos en depravados sensual, hubiese tenido más lógica que antes del hechizo no se comportaran ya así ¿no? Para que hubiese un poco de contraste.

En definitiva una historia ridícula y absurda que no merece el tiempo dedicado en escribirla ni en criticarla. Para alguien que presume de tener tanta imaginación esperaba algo con más chicha, y no esta... en fin... cosa.

Es un relato corto para poner aquí en burbuja. No tengo que poner una novela entera para que me des tu aprobación, que ni busco ni necesito. Es un relato corto autoconclusivo y si tú eres capaz de hacerlo mejor, hazlo (sin plagiar, como hizo el enterao). Si no, eres un mediocre más que vienes aquí a intentar ponerme verde para poner algo de emoción en su insulsa y aburrida vida de perdedor.
 
vida de perdedor dice... ajajaa que mas vida de perdedor que pretender ser lo que no se es.... un consejo te doy sinceramente , deja esto porque no es lo tuyo ... que nosotros no pongamos mamamrrachadas es porque tenemos sentido de autocritica al compararnos con escritores buenos no como tu que crees que todo lo que haces ya esta bien y que nadie sabe escribir esos bodrios... que encima pretendas querer vivir de esto es ya de psicopatologia... aqui han escrito otros mas sensatos que tu y conscientes de sus limitaciones , como debe ser ,,,no creyendose lo que no se es porque haces el RIDICULO...
 
Última edición:
yo sin duda creo que este "chaval" no esta bien ...ya ha debido buscar ayuda psicologica o algo y le han inculcado que tiene que tener autoestima y todos esos rollos de forma brutal...pero no es eso lo que le aqueja...
 
yo sin duda creo que este "chaval" no esta bien ...ya ha debido buscar ayuda psicologica o algo y le han inculcado que tiene que tener autoestima y todos esos rollos de forma brutal...pero no es eso lo que le aqueja...

Lo que tienes es envidia de que van a adaptar sus obras al cine. Y tendrá una casita a primera línea del mar en Mallorca. Se va a hartar de coyundar con grouppies ...¡y tu no!

Jaque mate.
 
jaja no seas cruel...

como mucho se trinc a la Venancia..
 
si es asi deberias saber que los que trinc a destajo son actores famosos y musicos ..los escritores trinc mas bien poco asi que envidia por eso cero...
 
Pues no tengo duda de que soy capaz de hacerlo bastante mejor, lo que pasa es que no siento la necesidad de demostrarle nada a nadie, algo que parece que tú si. El problema es que cada vez que intentas lucirte dejas más claro tu escaso talento y tu infantilismo, esto último ya no solo evidente por el contenido de tus relatos, sino por tus pataletas cada vez que alguien te hace una crítica realista.

No hace falta que me enseñes nada. Te he calado desde el minuto 1. Eres de los que han empezado a escribir porque les gustaba leer y con mucho esfuerzo conseguían hacer algo medio decente. Pero, como tu mismo te has dado cuenta, te falta talento innato y lo has tenido que dejar. Por eso, por envidia, criticas a los que aspiran conseguir lo que tú no pudiste alcanzar.

Sé que tengo que pulir mucho mi técnica, aunque te empeñes en intentar demostrar lo contrario, soy realista. Pero también soy consciente de mis puntos fuertes y uno de ellos es mi capacidad para escribir y mi enorme talento creativo. Tú lo percibes, por eso has adoptado el papel de crítico impotente y envidioso, porque quieres destruir aquello que no puedes poseer.

yo sin duda creo que este "chaval" no esta bien ...ya ha debido buscar ayuda psicologica o algo y le han inculcado que tiene que tener autoestima y todos esos rollos de forma brutal...pero no es eso lo que le aqueja...

¿Por qué no voy a tener autoestima? ¿Para dejarme mangonear por gente tóxica y manipuladora como tú? Un crítico envidioso que solo sabe juntar tres palabras seguidas creyéndose un gafapasta y demostrando que es un triste alfeñique sin argumentos y que solo sabe repetir como un trisómico, "Ja, ja, efecto Dunning-Kruger. Ja, ja, eres penoso. Ja, ja, no sabes..." A mi sí que me daría pena participar en un debate sin mostrar mejores argumentos. Pero, bueno, donde no hay no roban y donde no hay mata no hay patata. No se le puede pedir peras al olmo ni inteligencia a @Enterao.

jaja no seas cruel...

como mucho se trinc a la Venancia..

La verdad es que creé el personaje de Venancia inspirándome en la progenitora de alguno de los foreros que vienen aquí a fastidiar sin dar argumentos ni aportar opiniones constructivas...
 
si es asi deberias saber que los que trinc a destajo son actores famosos y musicos ..los escritores trinc mas bien poco asi que envidia por eso cero...

Sí, sobre todo los "escritores" como Francis Picabia. ¿A esos te refieres?

Tengo unos vídeos en VHS de Barrio Sésamo. Son sobre la diferencia entre pintar y escribir. Los ripeo y te paso el enlace, te van a ser muy útiles.
 

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