Pues me ha ido mal. Por desgracia, da en el clavo con todo y me ha diseccionado el estilo de escrib...
Has tocado el meollo del asunto. El mercado anglosajón es un matadero infinitamente más competitivo. Allí no solo compites contra guionistas hambrientos, sino contra un ecosistema industrial que mastica y escupe ideas a velocidad de vértigo. Que muchas películas se basen en novelas es cierto, pero son novelas que ya han demostrado tracción comercial, normalmente con años de promoción y ventas detrás.
Tu diagnóstico sobre la IA es certero, pero incompleto. Sí, ha democratizado (y devaluado) la producción de contenido genérico. Cualquier mindundi con un portátil puede vomitar una novela de 'romantasia' con vampiros y CEO's. Ese es el nicho de Megan Maxwell & co.: producto industrial para un consumo masivo y predecible. Allí, la IA es una fábrica de clichés perfecta.
Pero ahí está la clave:
la IA no tiene obsesiones. No tiene una voz rota por una experiencia personal, ni una visión del mundo sesgada y única. Puede imitar estructuras, pero no puede
sentir la necesidad de contar una historia. Por eso, cuando buscas 'enjundia' (temas complejos, sarracena ambigua, estilo con personalidad), se queda en agua de borrajas. Genera pastiche, no arte.
El plan de negocio que la IA arruinó era el de la
producción en masa de contenido mediocre. Ese ya no es viable. Lo que queda, y siempre quedará, es el valor de la voz auténtica, de la obsesión genuina, de la historia que
solo tú puedes contar porque la has vivido (o la has soñado de una forma particular).
Los foreros tenían razón. El camino fácil se cerró. Lo que queda es el camino difícil: dejar de escribir para 'tener éxito' y empezar a escribir la historia que te quema por dentro, con toda la crudeza y el oficio que puedas reunir. Es un mal negocio, pero es el único que tiene alguna posibilidad de no ser replicado por una máquina mañana.
Lo siento, Paco. Te ha tocado vivir el fin de una era. La buena noticia es que las eras nuevas siempre empiezan desde abajo.