PlanB publica un cuadro con 135.000$ para diciembre
El 20 de junio, con el Bitcoin por debajo de los 34.000 dólares, un analista conocido como PlanB publicó en su cuenta de Twitter un cuadro de previsiones mensuales que muchos leyeron como una temeridad. Su escenario más pesimista para 2021 era el siguiente: agosto por encima de 47.000, septiembre por encima de 43.000, octubre por encima de 63.000, noviembre por encima de 98.000 y diciembre por encima de 135.000. Lo llamativo no era el optimismo, sino que el autor lo presentaba como el
peor de los casos posibles, no como el mejor.
La predicción llegaba en un momento de turbulencia. El propio tuit atribuía la caída a la presión regulatoria y energética derivada de los pronunciamientos de Elon Musk y al cierre de la minería en China, y añadía una razón de fondo: la debilidad estacional de junio y, quizá, de julio. Es decir, el analista reconocía el mal momento y aun así mantenía el cuadro alcista para el segundo semestre.
Qué es el modelo S2F y por qué se le atribuye tanta precisión
El método que sostiene estas cifras se conoce como S2F, el modelo stock-to-flow, que relaciona el precio de un activo con la escasez de su oferta. En el caso del Bitcoin, esa escasez es programática: la emisión se reduce cada cierto número de bloques. El modelo proyecta el precio a partir de esa relación entre lo acumulado y lo que se emite cada año.
La comunidad financiera no se pone de acuerdo sobre su valor. Hay quien sostiene que el S2F ha anticipado correctamente los grandes ciclos del Bitcoin y que su autor ha ido acertando mes tras mes. Enfrente pesa un argumento difícil de rebatir: un modelo matemático, por sofisticado que sea, difícilmente puede predecir el comportamiento de un sistema complejo como el mercado de un activo. La duda razonable no es si el modelo es elegante, sino si acierta por mérito o por coincidencia.
El sesgo del superviviente: los que aciertan y los que no
Aquí aparece el argumento más incómodo para cualquier gurú. Cada día, millones de personas lanzan previsiones sobre precios. La mayoría falla y nadie las recuerda. Solo se mira a los que aciertan, y se ignora al resto. Es el sesgo del superviviente aplicado a las finanzas: el mismo mecanismo que hace que solo se recuerde a los futbolistas que meten goles.
La comparación con el deporte tiene un límite que conviene señalar. Meter goles depende en buena parte de la habilidad del jugador. Predecir el precio de un sistema complejo, en cambio, puede ser imposible en términos estructurales, de modo que cualquier acierto sería fruto del azar y no de una capacidad repetible. Quien defiende al analista responde que su historial es demasiado largo para ser casualidad. Quien lo critica responde que el historial se construye seleccionando los aciertos.
El analista sigue alcista y apunta al oro como referencia
Pese a la corrección, el autor no ha movido su tesis. En un tuit posterior reconocía que parte del público había perdido la fe en el mercado alcista, pero sostenía que el ciclo 2020-2024 va por la mitad y que, aunque el Bitcoin experimenta turbulencias en la zona del billón de dólares de capitalización, el objetivo sigue siendo el grupo de datos del oro en el S2F60, en torno a los diez billones. Los puntos negros pequeños de esa comparación son datos del oro entre 2009 y 2021.
El detalle tiene su gracia: el analista no compara el Bitcoin con otra criptomoneda, sino con el oro. La referencia no es tecnológica, es monetaria. Ahí está el núcleo de su apuesta, y también su punto débil, porque el oro tiene usos industriales y electrónicos más allá de su función como reserva de valor, mientras que el Bitcoin es un medio cuyo fin es él mismo.
Las críticas: maximalismo disfrazado de análisis técnico
La objeción más repetida no es que el modelo falle, sino que nunca se le exige que falle. A un maximalista del Bitcoin no se le piden correcciones del 85% porque su marco mental es el de oro digital. Sus proyecciones siempre apuntan hacia arriba y no contemplan un mercado bajista sostenido ni una venta. La sospecha es que no analiza la gráfica, sino que usa la gráfica para justificar ideas previas.
El contraste con otras formas de invertir es inevitable. Quien compra acciones de una compañía busca una buena entrada y una buena salida, convertir eso en euros y comprar casas, terrenos o viajes. Quien acumula Bitcoin, en cambio, practica una suerte de coleccionismo de bits dispuesto a tragarse caídas del 85% con tal de no vender. La discusión sobre si eso es estrategia o fe religiosa sigue abierta.
Según un comentario del foro, quedan cuatro días para llegar a los 98.000 dólares de noviembre, según el cuadro original. La cifra está escrita y el calendario corre. Lo que no está escrito es qué pasa si no llega.