Sánchez, entre el pucherazo y la damnatio memoriae
Se abre el cóctel de reproches: pacos con independentistas, primarias amañadas, un estado mafioso para salir impune y ocho años sin Presupuestos. Para muchos, la lista de cargos contra Pedro Sánchez ya no admite discusión: es el peor presidente de España. Pero la contabilidad histórica tiene sus matices.
La acusación: corrupción sistémica y mentiras de Estado
El relato más duro subraya que Sánchez entró por la puerta de atrás con pucherazos en las primarias y que su gobierno se sostiene sobre pactos con los independentistas. Se le imputa comprar votos y amañar elecciones, una deriva autoritaria que incluye el uso de las cloacas del Estado para neutralizar a sus adversarios. La gestión del COVID, con medidas más duras que otros países, se califica de ilegal y desproporcionada. Y la inflación, los récords de inmigración y la subida de impuestos completan el cuadro.
La réplica: Zapatero y Rajoy, rivales en el podio de la decadencia
No falta quien defiende que Zapatero fue peor: negó la crisis inmobiliaria hasta el último minuto, mintió con los datos sabiendo que el país se hundía y huyó seis meses antes de que la UE interviniera. Rajoy, por su parte, habría traicionado las expectativas de su mayoría absoluta convirtiendo al PP en el PSOE azul, abriendo la puerta a Vox. Sánchez, en cambio, solo cumple con las expectativas de sus votantes, aunque con un coste enorme.
Un veredicto abierto
La discusión deja una paradoja: quienes sitúan a Sánchez como el peor lo hacen desde parámetros de legitimidad democrática y corrupción; quienes señalan a Zapatero o Rajoy priorizan los daños estructurales. El consenso es que el récord de desastre tiene varios candidatos. Pero un dato descoloca: pese a todo, Sánchez sigue gobernando. Y su marca negativa no se traduce en un relevo inmediato.
Debates relacionados en el foro