Podemos no destruyó a la izquierda española: la quemó y dejó las cenizas al PSOE
Afirmación tajante: Podemos no destruyó a la izquierda. La transformó en una maquinaria electoral que, tras quemar su capital político, dejó el espacio a la izquierda del PSOE en manos de nadie. El partido fundado por Pablo Iglesias canalizó el malestar del 15-M, rompió el bipartidismo y forzó al PSOE a recuperar temas abandonados. Pero después reprodujo los vicios que decía combatir: hiperliderazgo, purgas internas, guerras de familias y una conversión en aparato institucional que devoró la expectativa de cambio.
El esquema de la esperanza fabricada
Circula desde hace años un esquema de cuatro pasos que describe el ciclo de Podemos: crear esperanza movilizando a las fuerzas discrepantes, erigir un líder mediático, controlar la resistencia interna y, finalmente, destruir la esperanza creada. La teoría, que algunos atribuyen a un manual de operaciones políticas, encuentra eco en los hechos: el 15-M fue el caldo de cultivo, Pablo Iglesias el rostro televisivo, y las purgas posteriores –como el despido de diez trabajadoras en Podemos Euskadi– confirmaron el tercer paso. Lo que queda es una organización que ha perdido fuelle electoral y ha visto cómo sus votantes se dispersan entre el PSOE y la abstención.
Datos contra el relato: desahucios y dedazos
Mientras el gobierno «progresista» de coalición acumula más de 8.000 desahucios en lo que va de legislatura, Podemos ha preferido centrarse en sus guerras internas. El partido ha nombrado a dedo más de la mitad de sus direcciones regionales, según las informaciones que circulan. Y su líder, Pablo Iglesias, se ha tragado diez sapos que van desde la amistad comprometedora de una fiscal con Villarejo hasta el giro en la valla de Ceuta. La coherencia prometida se ha diluido en cesiones al socio mayoritario.
El legado: una izquierda más fragmentada pero no muerta
Quienes sostienen que Podemos ha destruido la izquierda pasan por alto un hecho incómodo: la izquierda sigue gobernando y su base electoral es enorme. Lo que Podemos ha conseguido es quemar la expectativa de una alternativa real al PSOE. Ha demostrado que la estructura de partido puede fagocitar cualquier impulso transformador. La fragmentación no es nueva –la izquierda siempre ha estado dividida–, pero ahora la desilusión es más profunda porque las promesas fueron mayores.
Predicción con reservas
A medio plazo, la izquierda española no desaparecerá. Mientras haya desigualdad y una clase trabajadora numerosa, el voto a la izquierda se mantendrá. Pero la confianza en proyectos rupturistas como Podemos ha quedado tan dañada que difícilmente volverá a generarse una ola similar. El espacio a la izquierda del PSOE seguirá existiendo, pero será un erial político durante años. Quienes esperaban un cambio real tendrán que conformarse con lo que hay: un PSOE que ha recuperado el discurso social sin cambiar sus prácticas. Eso, o renunciar a la política.