El fin del petróleo no llega: los catastrofistas se quedan sin gas
¿Qué pasa cuando las profecías del colapso energético no se cumplen? Mientras el precio de la gasolina vuelve a bajar y la inteligencia artificial acelera la transición tecnológica, la corriente que lleva décadas anunciando el agotamiento del crudo se enfrenta a un problema: sus pronósticos se quedaron en el camino. Autores como Antonio Turiel y Santiago Niño Becerra, clásicos del catastrofismo energético, ven cómo sus libros no resisten la realidad.
El relato del colapso pierde fuelle
La invasión de Ucrania y las tensiones en el estrecho de Ormuz deberían haber sido el escenario perfecto para el fin del petróleo. Pasaron los sustos, el barril subió y luego bajó. Quienes compraron la tesis del último coletazo del imperio ruso se encuentran con que la Unión Europea acelera en autosuficiencia energética y el coche eléctrico sigue dando guerra. Hasta el dato de a pie: con 100 euros apenas se llena el depósito, pero se llena. Y cada vez duele menos.
La geopolítica sigue jugando
No todo son malas noticias para los agoreros. La dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo estructural, y los libros de Turiel y Niño Becerra contienen advertencias que, aunque exageradas, sirven de vacuna contra la complacencia. La diferencia es que ahora el argumentario optimista tiene un aliado nuevo: la inteligencia artificial, capaz de optimizar desde las redes eléctricas hasta el descubrimiento de nuevos materiales para el almacenamiento.
Mientras tanto, los catastrofistas repiten el mantra de la juventud perdida. El problema es que el depósito se llena, la gasolina baja y el mundo sigue girando. Ironías del colapso.