El plan Kalergi: la conspiración demográfica llega a la economía
La imagen de un dirigente político supuestamente cruzando el Estrecho a nado con gafas de buceo se ha convertido en broma de moda en los entornos de análisis económico. El chiste esconde un trasfondo menos inocente: el plan Kalergi, la teoría que atribuye a las élites globalistas la intención de disolver las identidades nacionales mediante la inmigración masiva y la mezcla racial. Como supuesta prueba, se repite el estereotipo de la inferioridad cognitiva de ciertos colectivos, una afirmación que jamás viene acompañada de una estadística.
La tesis, desmontada por historiadores y economistas, no aparece en ningún documento oficial ni en ninguna agenda política real. Sin embargo, ofrece una explicación simple a problemas complejos: la precariedad laboral, la presión fiscal o el encarecimiento de la vivienda. Si todo forma parte de un plan deliberado, no hace falta analizar los flujos migratorios, ni los datos de productividad ni la fiscalidad comparada.
Lo paradójico de la discusión es que el propio plan Kalergi se menciona a menudo precisamente para desacreditar a los inmigrantes, cuando la evidencia empírica muestra que los salarios no caen por la presión migratoria, sino por la precarización de las condiciones de trabajo. El debate, mientras tanto, deriva hacia el insulto y la caricatura. Y con esos mimbres, cualquier análisis económico serio se difumina.
Esa es la consecuencia más cara de este episodio: cuando la conspiración sustituye al dato, la economía real pierde la batalla de la conversación pública. Nadie ha visto nunca el famoso plan, pero su coste de oportunidad se mide cada vez que un debate sobre pensiones acaba en un tuit de desprecio.