Los documentos que reabren el origen del COVID: ¿arma biológica o laboratorio?
¿Fue el SARS-CoV-2 un arma biológica liberada deliberadamente por EE.UU. en los Juegos Militares de Wuhan? Seis años después, la desclasificación de documentos por parte de la exdirectora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard reaviva la polémica con datos que apuntan a la financiación de experimentos de riesgo por parte de Anthony Fauci.
La tesis del ataque biológico y la triple operación
La teoría más comentada sostiene que el virus fue soltado por el equipo estadounidense durante los Juegos Militares Mundiales de octubre de 2019 en Wuhan, con el objetivo de paralizar a China. Según esta corriente, Pekín respondió con cuarentenas férreas y erradicó la infección en poco más de 50 días, lo que hizo que el plan se volviera contra sus autores. Al fracasar el bloqueo a China, se habría desviado el objetivo hacia una «hecatombe de jubilados», generando ahorros millonarios en pensiones y beneficios para la industria farmacéutica. Algunos van más allá y apuntan a un triple ataque contra China, EE.UU. y Europa, con la hipótesis de que los atletas infectados regresaron a sus ciudades expandiendo el virus sin que ocurriera nada durante meses.
Fauci, financiación y el vídeo de Gabbard
El detonante del debate es un vídeo publicado por Tulsi Gabbard en su último día como Directora de Inteligencia Nacional, bajo el mandato de Donald Trump. En él, Gabbard anuncia la liberación de documentos y comunicaciones inéditas que, según afirma, demuestran que Anthony Fauci financió proyectos de gain-of-function en Wuhan antes de la pandemia. También se menciona que el descubridor del VIH, Luc Montagnier, detectó trazas del virus del sida adheridas al coronavirus, lo que apunta a un origen artificial. La corriente que apoya esta versión considera que la narrativa del «murciélago y la sopa» fue una cortina de humo para ocultar la investigación financiada por el propio Fauci.
Escepticismo y agnotología: el ruido como estrategia
Frente a las teorías conspirativas, otra corriente subraya la falta de pruebas documentales verificables. Se señala que el vídeo no proporciona referencias concretas (organismo emisor, fecha, páginas), y que se mezclan hipótesis distintas: accidente de laboratorio, arma biológica y liberación deliberada. El informe desclasificado de la inteligencia estadounidense de 2023 concluyó que no hay evidencias de un programa de armas biológicas, pero dejó abierta la posibilidad de un escape accidental. Algunos participantes comparan la situación con la «agnotología»: no hace falta ocultar la verdad, basta con sepultarla bajo ruido informativo. Se citan ejemplos de países que no aplicaron medidas duras (Suecia, Bielorrusia) sin que se derrumbara su sistema sanitario, y se argumenta que los confinamientos causaron más muertes que el propio virus, con una media de edad de fallecidos con COVID de 86 años frente a una esperanza de vida de 84.
La diputada dimitió hace tres semanas y el material sigue disponible. Pero, como en la cebolla de capas de desinformación, cada nueva revelación genera más preguntas que respuestas. Mientras tanto, la factura económica de la pandemia —millones de pensiones no pagadas, deudas públicas disparadas— ya está cobrada. El resto, como siempre, es ruido.