Demografía contra retórica: la prioridad nacional no frena la caída de natalidad
¿De qué sirve proclamar la "prioridad nacional" si cada año nacen menos españoles? La política puede repetir un eslogan, pero la demografía no se doblega con discursos. Los datos son tozudos: España lleva años por debajo del nivel de reemplazo generacional, y la aritmética laboral y de pensiones no entiende de deseos.
La necesidad estructural de inmigración
El primer dato, que nadie discute, es la caída de la natalidad. El segundo, más incómodo, es la necesidad de importar población para sostener el mercado laboral y el sistema de pensiones. Sin inmigración, la población activa se desploma. Sin embargo, hay quien ve en ello un plan deliberado de reemplazo, no una necesidad. Los defensores de esta tesis carecen de datos contrastables, pero su influencia no es menor.
Vivienda y rupturas familiares: el otro frente
Pero el problema no es solo cuantitativo. La vivienda, las rupturas familiares y la precariedad se alían para desincentivar la maternidad. En un país donde los divorcios disminuyen no por amor, sino porque separarse es inasumible económicamente, la "prioridad nacional" suena a brindis al sol. El mercado ya se adapta: aparecen viviendas pensadas para hogares unipersonales, mientras las familias numerosas se vuelven una rareza.
Al final, la prioridad nacional se topa con dos realidades: la cuna vacía y la hipoteca llena. Mientras tanto, el mercado ya se adapta. Que cada cual saque sus conclusiones.