El euro, el imán de la inmigración que transformó España
España pasó de ser un país de emigrantes a recibir millones de inmigrantes en pocas décadas. La clave, según se apunta, no está solo en el desarrollo económico sino en un factor monetario: el euro. Con la peseta, enviar remesas a casa apenas compensaba el esfuerzo de emigrar. La moneda única cambió las cuentas.
La llegada del euro en 2002 hizo que España, sin ser una economía puntera, ofreciera una moneda fuerte que permitía a los inmigrantes enviar divisas que en sus países de origen multiplicaban el valor. A eso se sumaron las políticas de regularización y prestaciones sociales que, para algunos, funcionaron como reclamo adicional.
Por otro lado, está el argumento de la transformación estructural: el fin del franquismo y la integración en la UE convirtieron a España en un destino atractivo para migrantes que antes optaban por Francia, Alemania o Estados Unidos. Pero el hecho es que el volumen migratorio se disparó justo cuando la peseta desapareció.
La pregunta que queda en el aire es si el euro actuó como catalizador de un fenómeno que el país no estaba preparado para gestionar, y si la vuelta a una moneda propia – como algunos reclaman – alteraría los flujos. Los datos muestran un cambio de tendencia imparable, pero las causas siguen en discusión.