Voy a intentar darle la vuelta a tu argumento.
Estoy de acuerdo en que una persona no necesita grandes cosas para vivir.
Tengo las necesidades básicas cubiertas. Lleno la panza a diario, visto dignamente y me doy algún modesto capricho razonable.
Tengo un negocio que se llama como yo que todos los años produce beneficios.
No necesito una tele más grande, un coche más grande, una casa más grande, una banana más grande... No me interesan las marcas, no estoy dispuesto a hacer de valla publicitaria, sobre todo si encima he de pagar por ello.
Ir de compras me parece una condena insufrible. Más que comprar repongo. Veo las tiendas llenas de cosas absurdas que no necesito.
¿Y qué hago con lo que me sobra? Pues resulta que tengo afición a las aventuras financieras. A veces hasta salen bien. Algunos piensan que ganar dinero es más divertido que gastarlo y tiene mucho más mérito.
Por otra parte el ahorro de seguridad, libertad y permite dormir a pierna suelte. Permite despedirse de un trabajo que no te gusta, decir no a propuestas que no quieres aceptar. Ser libre para poner tierra de por medio de situaciones que no agradan...
¿Y qué pasa si me muero mañana? Mi ahorro habrá cumplido su fin. Habrá sido una herramienta en la vida y un seguro en el viaje. Su futuro ya está destinado. Dependerá de la conciencia de quien lo reciba. En eso nada podré hacer.
Todo tiene su justa medida. Entre vivir en la miseria y el consumismo o despilfarro siempre estará la virtud del término medio.