Carlos III repobló Sierra Morena con alemanes por falta de españoles
¿Por qué Carlos III trajo colonos alemanes a Sierra Morena en lugar de españoles? La respuesta que da el análisis histórico es incómoda: no había españoles dispuestos a ir. El sur peninsular era, a mediados del siglo XVIII, un territorio despoblado, con bandolerismo endémico, comunicaciones penosas y un clima que desanimaba a cualquiera. La Corona necesitaba poblar el corredor entre Andalucía y Castilla para asegurar el camino real y frenar el contrabando. Y los españoles, apegados a su aldea, su huerto y sus redes de clientela, no veían futuro en aquel quinto pino.
El excedente demográfico que España no tenía
Centroeuropa sí tenía gente de sobra. Territorios densamente poblados, con siglos de emigración hacia el este, donde las autoridades locales veían con buenos ojos quitarse de encima a jornaleros sin tierra y artesanos sin taller. El perfil del colono que llegó a Sierra Morena no era el de un labrador modélico de Sajonia, sino el de un desesperado que se apuntó a un sorteo. La propaganda oficial vendió el mito del alemán con arado mágico, capaz de convertir un erial en vergel. La realidad fue bastante más prosaica.
El fracaso demográfico de las Nuevas Poblaciones
La primera tanda llegó en 1767-68. Les dieron un terruño, una casa prefabricada y herramientas. Al año siguiente ya habían muerto unos cuantos por fiebres, paludismo y el calor de agosto en La Carolina. Los que sobrevivieron vieron que aquello no era la tierra prometida y muchos se fugaron a Madrid o a los puertos. La Corona reaccionó trayendo españoles de otras regiones y asentando a los pocos alemanes que quedaban con incentivos que tampoco funcionaron. El resultado final fue un fracaso demográfico del que apenas quedan apellidos castellanizados.
¿Queda algún apellido alemán en Sierra Morena?
Apenas. El mito de la repoblación alemana lo han inflado los folletos turísticos y los ayuntamientos para vender chorizos con nombre germánico. Los que vinieron o palmaban al año siguiente o se largaban a la primera oportunidad. Al final, la repoblación efectiva se hizo con valencianos y catalanes, según los cálculos más críticos, y con españoles de otras regiones. La herencia genética norafricana en la zona, por cierto, es de las más bajas de España, lo que desmonta otra leyenda paralela.
El coste de oportunidad de la España vaciada
La pregunta tiene miga contemporánea. ¿Por qué no se repuebla hoy la España vaciada con alemanes o noruegos? Porque un alemán con titulación cobra 3.000 euros netos al mes en Múnich con 30 días de vacaciones, y aquí se encontraría con sueldos de 1.200 euros, una sanidad en horas bajas y una administración que pela vivo. Nadie cambia eso por limpiar aceitunas en Cuenca. La lección de Sierra Morena no es que los alemanes fueran mejores colonos, sino que la geografía y la economía mandan más que cualquier romanticismo imperial.
Al final, Carlos III hizo lo que pudo con lo que tenía. Y lo que tenía no era un excedente de españoles dispuestos a jugarse la vida en un secarral. Ironía seca: tres siglos después, seguimos preguntándonos por qué no vienen los alemanes, cuando el problema siempre fue el mismo.