Los números no engañan: España vale 1.300 millones, pero juega como un equipo de medio pelo
La selección española acumula un valor de plantilla superior a los 1.300 millones de euros, según datos que circulan en círculos futbolísticos. Cabo Verde, rival de la fase de grupos, apenas alcanza los 54 millones. Sin embargo, sobre el césped, la diferencia no se traduce en juego. La crítica recurrente al seleccionador Luis de la Fuente es la misma desde hace meses: una obsesión por progresar por el centro que convierte cada partido en un calco del fatídico encuentro contra Rusia en 2018. Mucha posesión, cero profundidad.
La rigidez táctica que desespera
El libreto es inamovible. Independientemente del rival, España intenta penetrar por el medio, ignorando sistemáticamente las bandas. Frustración que no solo comparten los aficionados, sino incluso quienes no tienen colores. La sensación es la de ver un equipo que no aprende: misma película, mismo final anunciado. La comparación con el partido contra Rusia se ha vuelto un tópico, pero no por ello menos cierto. En dieciseisavos de final, cualquier equipo mínimamente serio puede dejar a España fuera de la pelea.
El pasado que pesa: Rubiales y el chaqueteo
Más allá de lo deportivo, la figura de De la Fuente arrastra dudas sobre su integridad. Antes del escándalo del beso, era un firme aliado de Luis Rubiales, al que aplaudía públicamente. Tras la tormenta, se desmarcó discretamente. Una maniobra que sus críticos califican de trepa de manual: chaquetero, que dirían en el argot. La confianza en el banquillo se resquebraja por ambos frentes.
Tiempo de cambio o de caída
Mientras tanto, otros países no dudan. Túnez despidió a su seleccionador Sabri Lamouchi tras caer 5-1 ante Suecia, pese a llevar solo cinco partidos. Una decisión que contrasta con la paciencia que la Federación Española dispensa a De la Fuente. La afición no ve reacción, ni táctica ni de gestión. El reloj corre: o se adapta o el adiós, como el de tantos otros, llegará antes de lo previsto.