¿Qué queda del nacionalismo en el Sinn Féin?
El partido que lideró la resistencia armada en Irlanda del Norte parece haber trocado el fusil por la agenda globalista. Un análisis reciente firmado por Keith Woods señala que el Sinn Féin ha abandonado el nacionalismo de base para convertirse en un chiringuito de ONG y votantes de clase media que viven de espaldas a la calle. La castración del republicanismo, según este diagnóstico, no es nueva: es el precio pagado por sentarse en el Dáil y cobrar el sueldo.
El símbolo Kneecap: subvención y postureo
El grupo de rap en irlandés Kneecap encarna esa mutación. Gerry Adams, exlíder del IRA, hizo un cameo en su película apareciendo como alucinación en una escena de consumo de ketamina. El grupo, financiado con subvenciones culturales, rapea sobre quemar coches mientras muestra el culo con «Brits out» escrito. Un profesor de irlandés despedido por ese mooning se ha convertido en héroe para la progresía. No es rebelión: es republicanismo de salón, un producto para niños bien de Dublín y Londres.
Paralelismos con Bildu: ¿marxismo instrumental?
La deriva del Sinn Féin recuerda a la de Bildu en España: ambos partidos habrían dejado el nacionalismo como herramienta táctica para priorizar una agenda globalista. La gestión de las paguitas a inmigrantes y los derechos de identidad de género ocupan ahora el centro, mientras el núcleo original se diluye. Los dirigentes son coherentes con su marxismo instrumental; las bases no lo entienden.
Con estos mimbres, el viejo republicanismo es ahora un producto cultural más, listo para ser consumido en festivales de izquierdas.