Juan Carlos Girauta critica la persistencia de actitudes infantiles en la política, comparando a Pedro Sánchez con Largo Caballero y tildando de "gañán" su gestión.
El juego político de la izquierda
El analista Juan Carlos Girauta describe una supuesta tendencia en la izquierda a prolongar actitudes infantiles hasta la madurez, que se manifiesta en actividades como la confección de murales, el sentimentalismo y la organización de protestas. Esta actitud, según su análisis, se agrava en Cataluña, donde la considera una manifestación de separatismo. Girauta compara a los "monitores voluntarios" de estos "centros de tiempo libre" con políticos que, a su juicio, se resisten a abandonar una etapa juvenil, dificultando su desarrollo profesional y su capacidad para abordar problemas serios. Describe cómo disfraces, murales y excursiones se transforman en pancartas y apoyo a movimientos radicales, ejemplificando esta transición con la evolución de Ada Colau.
El "gañán" y la renta congelada
Girauta señala que esta mentalidad se traduce en una exigencia constante y una emotividad desbordada, pero una falta de conocimiento práctico. Pone como ejemplo el movimiento 15-M y sus sucesores, a quienes describe como personas de distintas edades movilizadas hacia protestas con demandas como la prohibición de desahucios. Critica la imposición de la renta congelada para la vivienda durante el franquismo, medida que, según Girauta, fue eliminada por el PSOE, y lamenta que sus propios padres sufrieran sus consecuencias. La figura de Pedro Sánchez es comparada explícitamente con la de Largo Caballero, calificando su comportamiento como el de un "Corto Gañán".
Los fines de la estrategia política
El autor sugiere que la estrategia de Pedro Sánchez busca desviar la atención de asuntos como la situación en Ceuta y la supuesta alianza del PSOE con redes de narcotráfico para amenazar a jueces. Además, interpreta que el objetivo es fomentar la violencia callejera como un medio para crear un clima de alarma o excepción que impida la convocatoria de elecciones, o incluso para manipular los resultados. Girauta ve en esta táctica un reflejo de la política de los años treinta, donde la polarización y la movilización social se utilizaban como herramientas de poder.