La calvicie española: ¿genética, dieta o simple orgullo?
¿De dónde sale tanto calvo en España si el español de a pie presume de pelo fuerte? La pregunta, que surge al comparar las cabezas bálticas con las nacionales, admite varias respuestas. La primera es genética: la alopecia androgenética viaja en los haplogrupos europeos y los españoles no son ajenos a esa carga. La segunda es dietética: la sustitución de grasas animales por aceites vegetales a lo largo del siglo XX pudo agravar lo que ya venía de serie.
Quienes sostienen la tesis dietética recuerdan que a principios del siglo pasado unos experimentos con ratas ya mostraban caída del pelo con aceites vegetales. Las fotos de playas y piscinas españolas de los años 60 muestran poca calvicie y tardía; la diferencia con las imágenes actuales invita a pensar que la dieta y los hábitos aceleraron lo que la genética había sembrado.
Frente a eso, hay quien subraya el componente social: hace 40 años las entradas se llevaban con orgullo; hoy se disimulan con peinados hacia delante. La impresión de que hay más calvos puede ser, en parte, óptica.
Las teorías más exóticas existen —embutidos, sufrimiento, vacunas— pero ninguna resiste un análisis serio. Con la genética y la dieta en contra, al español solo le queda el consuelo de que la calvicie ya no se esconde: se tapa con flequillo, que viene a ser lo mismo.