La generación Z pasa del independentismo: del 53% al 30% en una década
En 2015, el 53,2% de los catalanes de 18 a 24 años apoyaba la independencia. Hoy esa cifra ronda el 30%, según el Centre d'Estudis d'Opinió. El desplome no es fruto del azar ni de un lavado de cerebro inverso. Es una combinación de realidades económicas, cambios demográficos y, por qué no decirlo, el tirón de una selección de fútbol que ilusiona más que una república imaginaria.
La economía manda: alquiler, trabajo y futuro
Los jóvenes de la generación Z se enfrentan a problemas muy concretos: salarios de 1.500 euros netos, imposibilidad de alquilar o comprar vivienda, y una precariedad que no da tregua. Frente a eso, prometer helados gratis en una Cataluña independiente suena a broma de mal gusto. “Apoyar ideologías que no traen beneficios directos e inmediatos es agotador”, resume una corriente de análisis. La prioridad no es la bandera, sino sobrevivir el mes.
Internet rompió el relato único
La televisión y la escuela fueron durante décadas los altavoces del discurso independentista. Internet lo dinamitó. Los jóvenes consumen contenido global, viajan, comparan y ven que fuera de su entorno se vive igual o mejor. Las lenguas minoritarias pierden atractivo cuando el mundo habla inglés y español. “Sin lavado de cerebro no hay independentismo”, apunta un sector del análisis. Las redes sociales, lejos de ser una cámara de eco, exponen a realidades diversas que desactivan los mitos de la opresión.
El efecto Mundial: la Roja une donde la política divide
Un dato lo pinta todo: la final del Mundial de fútbol alcanzó un 83,6% de cuota de pantalla en Euskadi. Ocho de cada diez vascos vieron a la selección española ganar su segunda estrella. La imagen de jugadores jóvenes, sanos y triunfadores proyecta una España moderna que conecta con la generación Z mucho más que los discursos de agravios del pasado. “Los chavales se identifican con los campeones del mundo, no con viejos amargados”, se escucha en los análisis.
El factor demográfico: nuevos vecinos, nuevas prioridades
En barrios de Cataluña y el País Vasco, la inmigración ha cambiado el paisaje. Muchos jóvenes de origen extranjero no tienen vínculo emocional con el independentismo histórico. ¿Qué le importa Sabino Arana a un joven marroquí o dominicano? La diversidad diluye el viejo conflicto entre “españoles” y “catalanes” y lo reemplaza por tensiones más urbanas: convivencia, seguridad, vivienda. La “bomba demográfica” –como la llaman algunos– está redefiniendo la agenda política.
¿Y el País Vasco? Matices que no desmienten la tendencia
Aunque Bildu mantiene apoyo juvenil, los datos de audiencia del Mundial y la percepción general indican que también allí el discurso separatista pierde fuelle. No hay encuestas recientes por edad, pero las impresiones apuntan a que la generación Z vasca está más preocupada por el empleo y la vivienda que por la independencia. La foto de Bilbao con jóvenes que “pasan de la mierda etarra” se ha vuelto viral.
La pregunta que queda en el aire: si el independentismo se quedó sin herederos, ¿qué pasará cuando los boomers que lo sostienen desaparezcan de la escena política?