Repetir matrícula en la universidad multiplica el coste por cuatro
Un mismo crédito, cuatro facturas distintas. La primera vez, X. La segunda, 2X. La tercera, 3X. La cuarta, 4X. Misma asignatura, mismo profesor, mismo examen. Lo único que cambia es que el alumno ha vuelto a intentarlo. Eso es la escalera del castigo universitario: un mecanismo que convierte la repetición en una multa que crece con cada intento y que lleva años sin que nadie lo toque de verdad.
La escalera de precios: 1ª matrícula X, 2ª 2X, 3ª 3X, 4ª 4X
Cada carrera y cada territorio fijan sus tarifas, pero el patrón se repite en toda España. Repetir no sale al mismo precio: sale al doble, al triple o al cuádruple. No hay coste añadido que lo justifique —el temario es el mismo, el aula la misma, el tribunal el mismo—, así que el sobrecoste funciona como una penalización pura. Quien se descuelga en primero arrastra una factura que se dispara. Y la paga, en la mayoría de los casos, la familia.
El tasazo de 2012 que nadie revirtió
El salto de escala en el coste de las tasas universitarias tiene fecha: 2012, la subida aplicada durante el mandato de Mariano Rajoy y la reforma del ministro José Ignacio Wert. Aquel movimiento encareció el crédito y disparó las segundas, terceras y cuartas matrículas. Los que terminaron ese año con los planes antiguos de licenciatura y diplomatura se libraron por los pelos. A partir de ahí, el precio del crédito ha ido subiendo año a año, y los gobiernos posteriores, según este análisis, no han desactivado la estructura. La escalera sigue en pie.
Por qué se acepta sin una protesta masiva
Aquí aparece el meollo del asunto, la tesis de que el español lleva un esclavo dentro. Hay quien sostiene que el contribuyente ha interiorizado que la tarifa, el impuesto y la tasa no se discuten: se pagan. Otros apuntan a un problema de incentivos, porque la queja individual no mueve nada y el castigo recae sobre quien no puede permitirse repetir. Sobre el terreno político, el diagnóstico más repetido es la alternancia sin alternativa: los dos grandes partidos, con mayoría suficiente para actuar, no tocan el modelo, y la prometida poda de duplicidades —televisiones autonómicas, diputaciones, entes superfluos— se queda en anuncio. La motosierra prometida acabaría siendo apisonadora, sostiene esa lectura.
La sospecha que nadie audita
Y debajo del coste, otra queja menos cuantificada: la de asignaturas con tasas de suspensos altísimas concentradas siempre en los mismos docentes —con medias que, según el relato del caso, llegan al 80%—, mientras ese mismo profesor aprueba a todo el mundo en otras materias. No hay auditoría. Nadie pregunta. Ese es, quizá, el último eslabón: no solo se paga el doble por repetir, sino que se paga por repetir sin preguntar por qué.