Por qué los periódicos de derecha cojean hacia la izquierda en cultura e internacional
Javier Bardem y Pedro Almodóvar son carne de portada en las secciones de cultura de los diarios conservadores españoles. No por sus películas —que también—, sino por sus declaraciones políticas, abiertamente contrarias a la línea editorial del periódico. Lo mismo ocurre en internacional: cuando se informó de las elecciones en Perú y Colombia, los mismos rotativos que en editoriales defienden recortes de impuestos y unidad nacional etiquetaban a los candidatos de derecha como "ultraderechistas", sin el menor matiz. Un lenguaje que clona el de la prensa progresista.
La pregunta es recurrente entre lectores atentos: ¿cómo es posible que un periódico que en portada y economía defiende postulados conservadores publique en cultura artículos sobre machismo, género y "lo más woke", y en internacional use el mismo marco que El País? La respuesta, como tantas veces, es más estructural que conspirativa.
El ecosistema profesional de las secciones "blandas"
Un diario no es un bloque ideológico homogéneo. La sección de cultura se nutre de un ecosistema profesional —críticos, corresponsales, agencias, festivales, universidades, ONG— donde el código dominante es marcadamente progresista. Quien escribe sobre cine, arte o literatura suele compartir el canon de prestigio de la izquierda: qué causas son respetables, qué artistas merecen atención, qué etiquetas usar (y cuáles evitar).
En internacional ocurre algo parecido. Las agencias de noticias, que suministran la mayoría de las informaciones, emplean un lenguaje estándar que tiende a simplificar conflictos en términos de "ultraderecha" frente a "progresistas", etiquetando sin pudor a formaciones que en sus países son consideradas de centro-derecha. El periódico, en su edición nacional, no reescribe ni matiza porque la sección carece de dirección ideológica propia; basta con que no contradiga la línea general.
Derecha anti-PSOE, no conservadora cultural
La derecha mediática española, en realidad, es mucho más anti-PSOE que culturalmente conservadora. Defiende empresa, propiedad privada, impuestos bajos y unidad nacional. Pero en el ámbito cultural compra casi todo el relato progresista: quién es un artista serio, qué causas son respetables, qué opiniones otorgan estatus. No hay una batalla cultural real; hay una renuncia a librarla. El resultado es que el lector de un diario conservador recibe en la sección de cultura un mensaje que la dirección del periódico probablemente rechazaría en un editorial. Y se queda con la paradoja.
¿Qué opiniones dominan?
El análisis dominante —expresado en círculos periodísticos y en los pocos estudios académicos sobre sesgo en medios— sostiene que el desfase es producto de la autonomía profesional de las secciones cultural e internacional, capturadas de facto por una red de productores culturales de izquierda. Una corriente más escéptica defiende que, en realidad, esos periódicos no son de derechas ni culturalmente ni en ningún otro ámbito: son grados de izquierda que se distinguen solo en lo económico y en la intensidad del antisanchismo. Pero el dato que descoloca al lector es que, pese a la línea editorial en portada, las secciones de cultura e internacional operan como si pertenecieran a otro medio. Y nadie en la redacción parece dispuesto a cambiarlo.