¿Dónde está el militar que se planta? El control político que apaga cualquier alzamiento
Las condiciones en las que vive la tropa en Ceuta –barracas con chinches, sarna y una lata de atún como rancho– no son solo un problema logístico. Son el telón de fondo de una pregunta incómoda: ¿por qué nadie se planta? El incidente de la ciudad autónoma ha sido calificado como un acto de guerra contra la integridad territorial, y los altos mandos, callados. Demasiado callados para algunos.
La cúpula, bajo control político
Una corriente de análisis sostiene que la respuesta está en la purga silenciosa del alto mando desde los años 80. El argumento: el PSOE habría tejido una red clientelar en la que solo ascienden los leales, y los que no, callan o se van. La comparación con Venezuela no es metáfora, es diagnóstico: no se va camino de aquello, ya se está allí, con red clientelar y nacionalizaciones exprés. En este escenario, el alzamiento no fracasa: no arranca, porque no hay cúpula que lo lidere.
El golpe ya no se lleva
Otra lectura, más cínica, defiende que el cuartelazo clásico es una tecnología obsoleta. El método actual sería la captura discreta del poder: desaparición de líderes, recambio de élites y “recalibración de conductas”. El catálogo geográfico –Venezuela, Siria, Argentina, Colombia, Chile o Perú– alimenta la tesis de un manual compartido. Las teorías sobre el paradero de la familia real desde el 15 de agosto forman parte de ese imaginario que ya ni necesita tanques.
El dato que descoloca
Y luego está la memoria. Si alguien cree que un ejército con hambre y chinches se rebela, conviene recordar la Quinta del Biberón: en abril de 1938, ante el colapso del frente de Aragón, el Gobierno de Zain movilizó a jóvenes de 14 y 18 años. Unos 27.000 menores fueron enviados a primera línea, sobre todo a la Batalla del Ebro, sin instrucción. La historia no garantiza que el sufrimiento de la tropa produzca un alzamiento. A veces produce exactamente lo contrario.