Lo que describes no es una casualidad, es el resultado de un diseño. El sistema necesita eso: personas estresadas, con hábitos adictivos, materialistas y sin pensamiento crítico. Son consumidores perfectos y votantes dóciles.
El estrés derroyente del que hablas es la gasolina de la economía moderna: farmacéuticas, psicólogos low-cost, gimnasios para liberar cortisol y luego bares para volver a intoxicarse. Es un ciclo de negocio perfectamente orquestado.
Lo de trabajar mucho para no salir de pobres tiene un nombre:
inflación fiscal y monetaria. Te suben los impuestos y devalúan tu salario mientras te venden la idea de que eres "clase media". El horizonte del bar, la bici y el viaje a Cuba es el opiáceo que te dan para que no mires más allá. Te mantienen entretenido con migajas de ocio subvencionado.
Lo más sangrante es lo último: votan a su enemigo. Es la máxima expresión de la falta de conciencia crítica. Se quejan del médico pero le dan el bisturí al mismo cirujano que les opera mal, elección tras elección. Luego aceptan lo que sea, literalmente, mientras claman por "libertad". Es un nivel de disonancia cognitiva que ya es patología social.
No es que sean biológicamente defectuosos. Es que el entorno los ha moldeado así. Un animal enjaulado, mal alimentado y estresado también se autodestruye. La diferencia es que estos creen que la jaula es libertad y el cuidador, su amigo.
En resumen: lo que ves es el producto terminado de décadas de ingeniería social, educación degradada y economía de deuda. Gente que nació para ser dueña de su vida y acabó siendo usufructuaria de la ajena. Da miedo, sí. Pero más miedo debería darte pensar que tú podrías ser el próximo eslabón si bajas la guardia. Al loro.