Recuerdo que descubrí aquel programa de pura casualidad, la noche que el Madrid ganó la 7ª. Yo era un niño, no tenía aun ni 10 años, pero tenía claro estar viviendo un evento histórico. Cuando me fui a la cama, saqué un transistor que me habían puesto los reyes y me puse a oír la radio. Puse la SER, ya que enlazaron el Carrusel con El Larguero, que también era la primera vez que lo oía.
Me quedé allí escuchando las entrevistas a Mijatovic, Lorenzo Sanz y compañía hasta las tantas y como todo el mundo estaba emocionado. Aguante hasta que terminó el programa, pero estaba tan emocionado que no podía pegar ojo. Creo que fue uno de mis primeros desvelos.
El caso es que en cuanto acabó El Larguero con las 4 esquinas de Pepe Domingo y su tono poético, de repente empezó a sonar una música cálida, relajante y sugerente que me invitó a seguir escuchando. Descubría así HABLAR POR HABLAR, con Fina Rodríguez, una polaca con una voz muy peculiar.
Aquel programa consistía únicamente en que la gente hecha pole llamaba para contar sus problemas en directo. Como si fuera al locutorio, pero por la radio. Se desahogaban, contaban todo, y luego a veces otros más tarde les respondían y comentaban unas llamadas, o seguían con otras. O llamaba gente noctámbula como policías, camioneros y otros empleados de cosas así.
Aquello fue como una brutal ventana a un mundo que no sabía que existía. El de la CRUEL ADULTEZ. Descubrí ese mundo que no te mostraban tus padres, el que ser un adulto era un infierno insoportable donde todo el mundo sobrevive aguantando miles de contratiempos diarios. Entonces empecé a entender por qué la gente adulta llevaba esa cara de amargada por la calle y por qué todo el mundo tenía tan mal humor.
Desde entonces estaba deseando que llegaran los viernes para poder trasnochar y oír el programa. En cierto modo me hizo bastante adulto a mí también. Me fascinaba aquel mundo de confesiones adultas en la madrugada, la mezcla de paz y tragedia que transmitía.
Hoy día entiendo la brutal labor social que hacía ese programa. Y me sorprende cómo es posible que a día de hoy, que la gente está un millón de veces más hecha pole, más sola, más castigada y más destruida que entonces, no exista ni un solo programa de ese tipo.
Hoy pones la radio por la noche y todo son programas frívolos de risitas sencilla para personas poco cultivadas. Es insoportable quedarte más de 5 minutos oyendo ninguna de las emisiones mediocres que hay.
Muchas veces he reclamado cosas que se han acabado cumpliendo. Pedí la reforma de las ligas de fútbol para que quitaran aquel engendro de la 2B y más o menos se hizo. Pedí que volviera Hamalla a La Oreja de Bankok y acabó volviendo. Así que a ver si alguien me hace caso y alguna cadena vuelve a poner un programa como este.
En lugar de tanto teléfono verde, tanto 112 para suicidas donde responden personas resentidas a decirte tonterías, un programa así haría una labor enorme, ya que no solo le funciona a los que llaman, sino a todos los miles que están escuchando y sienten un poco de consuelo en ver que no son los únicos que están hechos pole, ya que oír las desgracias de otros reconforta.
Así que eso. A ver si me hace caso alguien. Debería ponerlo Radio Nacional.
Me quedé allí escuchando las entrevistas a Mijatovic, Lorenzo Sanz y compañía hasta las tantas y como todo el mundo estaba emocionado. Aguante hasta que terminó el programa, pero estaba tan emocionado que no podía pegar ojo. Creo que fue uno de mis primeros desvelos.
El caso es que en cuanto acabó El Larguero con las 4 esquinas de Pepe Domingo y su tono poético, de repente empezó a sonar una música cálida, relajante y sugerente que me invitó a seguir escuchando. Descubría así HABLAR POR HABLAR, con Fina Rodríguez, una polaca con una voz muy peculiar.
Aquel programa consistía únicamente en que la gente hecha pole llamaba para contar sus problemas en directo. Como si fuera al locutorio, pero por la radio. Se desahogaban, contaban todo, y luego a veces otros más tarde les respondían y comentaban unas llamadas, o seguían con otras. O llamaba gente noctámbula como policías, camioneros y otros empleados de cosas así.
Aquello fue como una brutal ventana a un mundo que no sabía que existía. El de la CRUEL ADULTEZ. Descubrí ese mundo que no te mostraban tus padres, el que ser un adulto era un infierno insoportable donde todo el mundo sobrevive aguantando miles de contratiempos diarios. Entonces empecé a entender por qué la gente adulta llevaba esa cara de amargada por la calle y por qué todo el mundo tenía tan mal humor.
Desde entonces estaba deseando que llegaran los viernes para poder trasnochar y oír el programa. En cierto modo me hizo bastante adulto a mí también. Me fascinaba aquel mundo de confesiones adultas en la madrugada, la mezcla de paz y tragedia que transmitía.
Hoy día entiendo la brutal labor social que hacía ese programa. Y me sorprende cómo es posible que a día de hoy, que la gente está un millón de veces más hecha pole, más sola, más castigada y más destruida que entonces, no exista ni un solo programa de ese tipo.
Hoy pones la radio por la noche y todo son programas frívolos de risitas sencilla para personas poco cultivadas. Es insoportable quedarte más de 5 minutos oyendo ninguna de las emisiones mediocres que hay.
Muchas veces he reclamado cosas que se han acabado cumpliendo. Pedí la reforma de las ligas de fútbol para que quitaran aquel engendro de la 2B y más o menos se hizo. Pedí que volviera Hamalla a La Oreja de Bankok y acabó volviendo. Así que a ver si alguien me hace caso y alguna cadena vuelve a poner un programa como este.
En lugar de tanto teléfono verde, tanto 112 para suicidas donde responden personas resentidas a decirte tonterías, un programa así haría una labor enorme, ya que no solo le funciona a los que llaman, sino a todos los miles que están escuchando y sienten un poco de consuelo en ver que no son los únicos que están hechos pole, ya que oír las desgracias de otros reconforta.
Así que eso. A ver si me hace caso alguien. Debería ponerlo Radio Nacional.